Por Emiliano Fernández

Scoop (2006) es el nuevo trabajo de Woody Allen, maestro de maestros, y es otro ejemplo de su talento inconmensurable para la narración cinematográfica, la focalización temática de cada secuencia, la construcción de diálogos filosos, la dirección de actores y la selección musical.

Gracias al Señor Woody Allen todos los años tenemos asegurado un film magistral y encantador que hace recordar y resulta comparable a los mejores momentos cómicos (o trágicos, si lo que consideramos es un drama) de la historia del cine. No sólo nunca desciende la calidad y la cantidad de su trabajo, sus obras también poseen el plus de dejar muy mal parada a la comedia hollywoodense contemporánea, la cual generalmente pasa sin pena ni gloria por la cartelera mundial, obviada de manera constante por el público.


De hecho, sólo en Estados Unidos funcionan en términos comerciales esos bodrios anodinos e infantiles con los que nos bombardea el país del norte. Scoop(2006) es el nuevo trabajo de este maestro de maestros, es otro ejemplo de su talento inconmensurable para la narración cinematográfica, la focalización temática de cada secuencia, la construcción de diálogos filosos, la dirección de actores y la selección musical.

El experimentado periodista Joe Strombel (Ian McShane) muere de repente y vemos como su alma es conducida por la Parca hacia quien sabe donde en una pequeña barcaza. En este peculiar viaje se encuentra con una secretaria que sospecha haber sido envenenada por su jefe, el aristócrata Peter Lyman (Hugh Jackman), como consecuencia de un hallazgo que conectaría a Lyman con los notorios crímenes del “asesino del tarot” que acecha a Londres. Desesperado por investigar, y al ya no encontrarse en el mundo de los vivos, decide pasarle la primicia (“scoop”, en inglés) a una joven e inexperta estudiante de periodismo, Sondra Pransky (Scarlett Johansson), estadounidense de visita en Gran Bretaña.

El contacto entre Sondra y Joe se da en el transcurso de un truco de desmaterialización llevado a cabo por el hiperquinético mago Sid Waterman (Allen), alias “Splendini”. A pesar de la incredulidad del principio, tanto Sondra como Waterman terminan reconociendo la necesidad de seguir la pista recibida, por lo que emprenden en conjunto una pesquisa en pos de descubrir las actividades secretas de Lyman. El problema surge cuando ella se enamora del objeto de su investigación.

Woody vuelve a utilizar el clásico recurso narrativo de condimentar la comedia con elementos fantásticos y/ o mágicos. Como en La maldición del Escorpión de Jade (The Curse of the Jade Scorpion, 2001), Alice (1990), Oedipus Wrecks (de Historias de Nueva York, New York Stories, 1989), La Rosa Púrpura del Cairo (The Purple Rose of Cairo, 1985), Comedia sexual de una noche de verano (A Midsummer Night’s Sex Comedy, 1982), y El Dormilón (Sleeper, 1973), la vuelta de tuerca sobrenatural funciona como un disparador de una serie de situaciones hilarantes en las que el personaje central se mueve en un contexto que no le es propio, debiendo sobrellevar los embates e imprevistos que se le presentan de forma continua.

Como pasaba en su anterior opus, la excelente Match Point (2005), aquí los dardos están dirigidos a la acartonada y ampulosa clase alta londinense, suerte de espejo distorsionado de su par neoyorquina. Nuevamente tenemos presente el contraste entre una clase media pseudo intelectual y los estratos sociales más altos que gozan de lujos e impunidad, a los que la primera pretende incorporarse con envidia y recelos, fallando en el intento una y otra vez.

Todos los elogios que se le pueden regalar a Allen son siempre insuficientes y no cubren el volumen completo de sus capacidades creativas. A esta altura, con más de 70 años, que siga no solo dirigiendo sino actuando es algo tan maravilloso como sus películas en sí. Muy pocos directores han mantenido y/ o mantienen semejante ritmo de trabajo, redondeando una obra tan coherente y punzante como exquisita y cuidada.

Con ecos de Hitchcock que retumban desde Crímenes y pecados (Crimes and Misdemeanors, 1989) y fundamentalmente desde Misterioso Asesinato en Manhattan (Manhattan Murder Mystery, 1993), Woody continua burlándose del sistema de clases imperante, de la recurrente estupidez humana, del sin sentido de las religiones, de las conflictivas relaciones de pareja y de todos los trastornos psicosomáticos existentes.

Pero por sobre todas las cosas Woody sigue siendo Woody, ese tipo que, como él mismo afirma en Scoop, no hace ejercicios porque su ansiedad los sustituye. Si por un lado esa ansiedad es equiparable a los aeróbics, por el otro es el elemento fundamental que lo mantiene en este frenético ímpetu creativo, este no claudicar ni en sus convicciones ni en sus necesidades artísticas.

Durante estos últimos años la suma de todos estos ingredientes viene garantizando películas geniales de bajo presupuesto con jóvenes estrellas de primera línea que buscan consolidar sus carreras (el caso de la Johansson, muy buena actriz por cierto, es ejemplar). Scoop es otro espléndido eslabón de una saga que ya lleva cinco décadas y que es un modelo de perseverancia, independencia, sensatez… y sí, también de neurosis.

Scoop: La ansiedad de Woody 1Título: Scoop
Dirección: Woody Allen
Intérpretes: Woody Allen, Scarlett Johanson, Hugh Jackman, Ian McShane, Charles Dance
Calificación: No disponible
Género: Comedia, Drama, Misterio
Duración: 99 minutos
Origen: Estados Unidos, Reino Unido
Año de realización: 2006
Distribuidora: Distribution Company
Fecha de estreno: 26/05/2005

Puntaje 8 (ocho)

No hay comentarios

Dejar una respuesta