Por Pablo Arahuete

doca 2015Pibe Chorro es uno de los estrenos de la 9na Muestra DOCA, en esta entrevista exclusiva su directora Andrea Testa nos amplía los criterios que la llevaron a realizar una película que procura desestabilizar las concepciones arraigadas a la delincuencia juvenil, y a la palabra de moda “pibe chorro”.

P.E.A.: ¿Cuáles fueron los criterios de abordaje para llevar a cabo Pibe Chorro?

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Andrea Testa, Directora Pibe chorro

Andrea Testa: La película nació a partir de una necesidad de poner en cuestión y en discusión dichos del sentido común sobre los niños, niñas y adolescentes que cometen delitos, dichos que son reproducidos una y otra vez sin ser pensados en profundidad, o interpelados. Me generaba –y sigue generando- mucha violencia escuchar a gente aceptando muertes de jóvenes en enfrentamientos policiales, o por gatillo fácil, aceptando la baja de edad de imputabilidad como opción de tutelar a los chicos a través del Estado, entre muchos otros temas desprendidos de esta problemática. Por eso, uno de los primeros criterios que abordamos como equipo interdisciplinario fue profundizar sobre el marco de leyes y políticas públicas destinadas a estos chicos, que son captados por el sistema penal además de acercarnos al territorio y comenzar un trabajo con un grupo de jóvenes para problematizar esta realidad junto a ellos. Pasaron muchos años de trabajo, de búsqueda, de encuentros y desencuentros, por lo que la película fue encontrando su forma en todo ese proceso. Hablar de criterios me cuesta porque fueron muchos y fueron cambiando a medida que atravesábamos el tiempo y la experiencia. Podría decir que otro de los criterios fuertes que aparecieron en el proceso fue trabajar a partir del estigma, de la imagen construida y cargada de un sentido totalizador, hablar de ese identikit que carece de historia, que se universaliza y que termina encerrando a los pibes en una forma de ser vistos y por ello, pareciera, que en una forma de ser. Por eso, decidimos centrarnos en la construcción social de esta criminalización, desde una postura que intenta generar otros discursos que la desestabilicen, que la pongan en cuestión. Pibe Chorro habla de toda la sociedad, de esa construcción social que tiene sus consecuencias concretas y violentas también. La película comienza diciendo que la intención es desintegrar su propio título y con esa acción intentar desintegrar, romper, violentar todo lo que ese título construye en nuestras mentes.

 

P.E.A.: ¿Cómo se manejó desde el punto de vista de la puesta en escena la distancia de la cámara en relación a las personas que aparecen en pantalla?

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Pleno roda de ‘Pibe Chorro’

Andrea Testa: La idea de identikit nos acompañó en todo el proceso, por eso la elección del punto de vista no fue tanto física sino conceptual. Es decir, buscamos que lo único que apareciera en la película fueran rostros, con sus características, sus discursos, sus gestos. Por eso, no pienso que sea un punto de vista distanciado, sino todo lo contrario. El recorte que se genera en ese primer plano constante y asfixiante es, justamente, adentrarnos lo más posible a nuestros personajes, superar la contextualización del aquí y ahora, para generar junto a ellos un discurso coral, fragmentado, que busque la pregunta, los huecos, la complejidad del tema. Estos rostros que hablan dicen cosas que no se escuchan tanto y que vienen a desestabilizar discursos ya armados, fijados en nuestro sentido común, adormeciéndonos. Hay un recorrido en la película que es ese ir adentrándose en lo más profundo de la realidad, haciendo carne esa imagen dibujada del principio, encontrando su cuerpo, su historia. Hay un planteo desde la línea narrativa o discursiva del montaje en donde cada vez nos acercamos más a la cruda realidad, a la par que la voz de Vicente Zito Lema y su poesía, nos lleva sensorialmente a espacios más densos, más oscuros… como diría él: “donde la muerte puede más que la propia vida”. No hay una distancia de observación sino que generamos una distancia de recorte, de discurso, de selección y armado de un gran poema que es la película completa. Un poema violento para tocar fondo, para correr el eje de la discusión o de las posibles discusiones sobre si hay que bajar la edad de imputabilidad, o cómo se aplica la ley de protección integral, o cómo profundizar las políticas públicas en detrimento de las penales, etc., cambiar la discusión en el sentido de que hay una realidad, una cruda realidad, que se interpone y que no podemos negar, ni correr la vista. Quiero decir, que el punto de vista de la película busca interponer esa cruda realidad, desde lo más profundo y carnal, para que no haya más titubeos o parches o construcciones simbólicas que lo único que generan es perpetuar la marginalidad, la discriminación y la criminalización de los pibes.

 

P.E.A.: ¿Partieron de la base de deconstrucción del estigma del pibe chorro o buscaron definirlo y conceptualizarlo desde las entrevistas a especialistas elegidos?

Andrea Testa: Uno de los criterios que también abordamos en el proceso fue corrernos de los documentales clásicos que construyen discurso a través de entrevistas. Si bien hay voces de especialistas, intentamos registrar, rescatar sus momentos, sus preguntas, sus contradicciones, en puestas en escena de sus propias realidades y espacios de intervención. Son personajes que en su misma práctica se replantean y reflexionan sobre lo que hacen y el sentido de eso. Por eso, buscamos personajes que se animen a dejar ver esos momentos de debilidad, de desconcierto, de pregunta. ¿Es posible dentro de este sistema cambiar algo? ¿Cómo es ese camino? ¿Cómo construir una salida, una transformación? ¿Cómo liberar esos rostros, esa imagen clavada en el destino de estos pibes? Creo que la película intenta no deconstruir el estigma sino que intenta romperlo directamente. Un dibujo, un identikit, que se vuelve imagen real, imagen en pibe chorro 2movimiento y que a la vez es una imagen perdida que no se puede volver a registrar. Con este movimiento, o este recorrido de construcción/reconstrucción/deconstrucción de la imagen, del estigma, queríamos, como se plantea al inicio de la película, desintegrar por completo su título, que “pibe chorro” deje de existir porque no nos importa si es chorro o no es chorro, acá se juegan otras cosas, se juega la vida, se juega la muerte. Por eso, la voz de Vicente, su poesía, su Ángel del Espanto, nos lleva a salirnos de lo racional pero no para abstraernos a los conceptos, sino abstraernos hacia lo sensorial, hacia la materia más oscura, hacia imágenes que existen pero que no vemos, o que sólo ven aquellos que lo viven día a día. No existe la posibilidad de conceptualizar esa imagen, por eso el dibujo se rompe, por eso la pantalla en negro escucha a los pibes, por eso no vemos nunca a ningún pibe chorro, por eso nos corremos de ver la pobreza, de seguir creando imágenes que estigmaticen, que encierren a esos cuerpos y a esos rostros en formas de representación ya digeridas.

 

P.E.A.: ¿Cuáles fueron las trabas u obstáculos que se presentaron durante el rodaje? ¿Cuánto tiempo demandó Pibe Chorro desde la pre producción hasta la post producción?

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Vicente Zito Lema

Andrea Testa: Los obstáculos fueron muchos, distintos, necesarios y fueron constitutivos de la película. Desde que planteamos la idea y empezamos a juntarnos hasta ahora que vamos a ver por primera vez la película en pantalla grande, pasaron cinco años y en ese tiempo atravesamos diversos momentos que pueden contarse desde una perspectiva de producción, por falta de recursos y de rebuscarnos para seguir filmando hasta que conseguimos el subsidio de 5ta vía del INCAA, o también pueden ser contados desde la necesidad argumental, de guión, de encontrar la película que tenemos ahora frente a nosotros. Porque en ese tiempo fuimos replanteándonos el qué, el cómo, el por qué… y crecimos como equipo, como así también, creemos que creció la película ya que vemos en ella ese tiempo transcurrido. El material que aparece fragmentado en miniDV son las primeras imágenes que registramos en el 2010, que en su momento iban a ser el material de la película en su totalidad: esa era nuestra primera película. Y ahora son momentos, flashes, de eso que quedó en el recuerdo como puntapié inicial, pero también, de ese material capturamos la imagen de Gaby que se convirtió en el para qué de la película. Ese fue nuestro mayor obstáculo y el vuelco de la línea narrativa del documental, que ese grupo de jóvenes con los que habíamos comenzado se haya desintegrado al mismo tiempo que nosotros nos fuimos condensando junto con la película y sus medios de producción, y creo que de eso nos hicimos cargo, de responder y estar atentos a lo que la experiencia nos fue poniendo en el camino. Creo que eso es lo rico del documental, ese diálogo que se tiene en el proceso creativo, en donde nuestras primeras ideas, deseos, convencimientos, cambian inevitablemente y amoldarnos a eso, replantearnos, ir montando nuevamente el discurso, las imágenes, hacen que las películas sean sustancias vivas, de reflexión y de intervención.

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