Por Pablo E. Arahuete

El lema de Romanos, pensada para serie web por Pablo Cedrón y que busca a través de Ideame financiarse para continuar en una segunda temporada, es lo suficientemente atractivo para saber por dónde arrancar, pero básicamente hacía dónde dirigir la mirada: otro callejón sin salida disfrazado de paraíso.

La falta de referencia desde el punto de vista más acabado del término nos sumerge en un futuro signado por prohibiciones de todo tipo, con un inconsciente colectivo anestesiado no necesariamente por pertenecer a una sociedad de consumo. La anestesia se suministra casi de forma invisible al no existir resistencia alguna por parte de ningún miembro de esta extraña sociedad, que recurre a los servicios de una empresa para satisfacer sus fantasías sexuales.


El deseo Imagen relacionadaes algo que tampoco motoriza cien por cien la acción atravesada siempre por una lógica absurda en la que los distintos personajes secundarios interactúan casi de manera autómata, no así nuestro protagonista Lionel (Pablo Cedrón) y su compañero de aventuras Garda (Pablo Plandolit), nuevos integrantes de esta extraña empresa donde el disfraz de Romanos parece el más cotizado dentro de la variopinta cartera de clientes.

La idea de trazar el paralelismo entre aquel imperio, donde parte del entretenimiento en el Circo Romano formaba parte de la relación entre el poder y sus súbditos, que enmascaraba el sacrificio de unos en pos del placer de otros, encierra una reflexión en la dinámica de la serie y su focalización en el servicio primario de satisfacer las fantasías ajenas, sin importar la humillación de los actores, desde la resignación y la necesidad de conservar el empleo.

También hay catacumbas y una latente idea de fuga en el protagonista, una vaga chispa de rebeldía que puede conectarlo de manera intermitente con una faceta aún dormida en su complaciente rol servil. Mientras tanto las divagaciones, las charlas banales y una recurrente incursión del pasado para ir cerrando la historia de cada personaje, sus tragedias personales, representan uno de los puntos claves en la trama.

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De izquierda a derecha: Pablo Cedrón, Gonzalo Urtizberea y Pablo Plandolit.

Como el delirio da paso a lo absurdo, parece que la utopía en Romanos se encuentra ligada a la normalidad. Pero ese delirio también conecta subrepticiamente con el mundo interior de Lionel y en el apartado externo con una representación de esa ciudad distópica, construida desde la puesta en escena con cajas de remedios que hacen las veces de edificaciones y de la homogeneidad, rasgo característico de la avanzada invisible sobre la individualidad.

Sin adelantar demasiado sobre esta audaz y original serie que se podrá visualizar primero en la plataforma cine.ar a partir del 25 de abril y luego será emitida por I-sat, se puede decir que como propuesta integral el valor agregado de Romanos es la creatividad de su autor, y su confianza en un equipo integrado por actores de la talla de Gabriel Goity, Rafael Ferro, Gonzalo Urtizberea o Alejandro Awada -por citar sólo algunos- y la dirección de Andrés Cedrón.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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