Por Pablo E. Arahuete

Martín Benchimol y Pablo Aparo partieron de la idea del despojo de todo preconcepto para lograr la distancia justa e ingresar a un mundo completamente extraño y misterioso. Ellos también para los lugareños eran extraños y con intenciones misteriosas. La amalgama de esas dos ideas se consolida en El Espanto.En esta entrevista con los realizadores escarbamos un poco más sobre este pueblo de la provincia de Buenos Aires y las historias alrededor de cada uno de sus habitantes.

Pablo E. Arahuete:-Me llamó la atención un pueblo donde la mayoría se atribuye alguna habilidad para curar. ¿Cómo les llegó la historia de El Dorado?


Martín Benchimol y Pablo Aparo: -Estábamos terminando el rodaje de nuestra primera película, que también transcurre en un pueblo del interior de la provincia de Buenos Aires, y nos encontramos con la situación que nos dejó impactados. Había una señora que se había enfermado, preguntamos cómo hacer para llevarla al médico porque estaba lloviendo y los caminos estaban embarrados. Nos respondieron que no hacía falta. Al rato, la visitó un vecino del pueblo y le realizó una cura a palabra. Empezamos a indagar el asunto, y nos encontramos con que muchísimas personas que habíamos conocido durante el proyecto eran conocidas por algún poder curativo. Fuimos descubriendo que en estos pueblos existe una especie de red colaborativa, donde cada vecino ofrece curar alguna dolencia específica, y todos saben quién es el mejor exponente en la zona para palear cada enfermedad. Pero esto está tan arraigado que ya forma parte del cotidiano y el hecho de pedir una cura a palabra o con un sapo, puede suceder mientras se compra el pan o se juega a la canasta. Porque el carnicero puede ser el mejor para curar ojeados, una ama de casa puede ser excelente curando los tendones y la peluquera curando la culebrilla.

P. E. A.: -¿Cuánto tiempo llevó el rodaje y cómo encararon el vínculo con cada uno de los entrevistados?

Martín Benchimol y Pablo Aparo: -El rodaje se realizó en varias etapas durante tres años. Es decir, que íbamos a filmar, volvíamos, mirábamos material y ahí planeábamos la próxima visita al pueblo.
El vínculo con cada entrevistado fue particular. Algunos estaban ansiosos por filmar en el primer encuentro, y lo hicimos. Y con otros tuvimos varios encuentros, antes de sacar la cámara.
También en la dinámica de ir y volver al pueblo, hay algo del tiempo que pasa entre cada grabación que nos servía para encontrarnos con nuevas situaciones y volver a entrevistar a los vecinos desde la situación presente del pueblo.
Por ejemplo, en la carnicería grabamos muchas veces, porque es un lugar de encuentro. Y también porque Daniel vende unas empanadas fritas soberbias.

Entrevista 1
Martín Benchimol & Pablo Aparo, en el rodaje de El Espanto.

P. E. A.: -La figura del chivo expiatorio es típica en los pueblos ¿consideran a Jorge un exponente de esta etiqueta?

Martín Benchimol y Pablo Aparo: -La idea de chivo expiatorio puede ser un aspecto de la función de Jorge en el pueblo. Pero es mucho más complejo. En la superficie sí, es lo que parece. Pero existe una admiración silenciosa por lo que él hace, y su postura frente a las miradas externas es de una tranquilidad que es difícil de comparar con lo que representa la figura del chivo expiatorio.

P. E. A.: -¿Cuáles eran sus creencias sobre los poderes curativos de las medicinas no tradicionales antes de encarar el proyecto, alguno tuvo una experiencia al respecto?

Martín Benchimol: Yo no había tenido ninguna experiencia de curas no tradicionales y la verdad es que no creía. Durante el rodaje nos encontramos con varios animales que los curaron del gusano, y una vecina, Olga, me curó del ojeado. Yo sufro muchos dolores de cabeza y ella es especialista en eso.

Pablo Aparo: Estábamos viviendo en una casona con muchos perros y, nunca supimos por qué, pero yo era el único que era atacado constantemente por pulgas voraces. Y también Olga, que tiene una gran devoción por los sapos, me curó las picaduras pasándome un sapito por la panza y la espalda. ¡Ayudó bastante! Además, Peirano, otro gran curandero, con su cinta, nos hizo un diagnóstico general de cada parte del cuerpo, órganos, articulaciones, huesos. Por suerte salió bien. Es como una resonancia magnética junto con una tomografía computada y rayos. Pero al instante y muy certera.

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