Sinopsis: Frida, una niña de seis años, afronta el primer verano con su familia adoptiva tras la muerte de su madre. Un coming of age sobre la infancia y cómo aprender a encajar en un nuevo mundo.

Por Pablo E. Arahuete

Reseña: Un rápido recuerdo de aquella película francesa Ponette, (1996) conecta emocionalmente con esta ópera prima poderosa y para nada solemne. Tanto en la película de Jacques Dollion como en ésta de la debutante Carla Simón, el punto de vista es el de una niña de seis años, atravesada por la repentina muerte de su madre y que de un parpadeo debe adaptarse a la vida con una familia sustituta. La muerte es algo que no puede explicarse ni siquiera un adulto, pero en el mundo gigante de un niño va ocupando espacio cada vez que capta las señales de la ausencia en esos apresurados relatos que carecen de lógica o buscan el escape de la fantasía con el instinto de preservación del eslabón más débil. Ese punto de vista de Frida hace de su mundo y entorno un espacio en el que hay que ganarse un lugar a riesgo de desaparecer de la mirada de los otros; a riesgo de quedar en el umbral de la pérdida de identidad al no reconocerse en aquellos que la rodean y en definitiva en armar los petates en su valija de niña para salir al mundo y reencontrarse con aquello que hace un segundo parecía eterno. Nada es eterno, tampoco la niñez.


Dirección: Carla Simón – Origen: España– Año: 2017 – Duración: 98 minutos – Intérpretes

 

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