Por Pablo E. Arahuete

La adolescencia es una zona que por lo general el cine o la televisión desde sus discursos atraviesan desde costados demasiado idealizados, o estereotipados con la mirada que apunta a otras formas y realidades de representación. Pero en El Corral, último opus del director Sebastián Caulier, la adolescencia exhibe su faz más cruel y desde la problemática del bullying o de la necesidad de pertenecer a un grupo autoexcluyente. En esta entrevista con el director de La inocencia de la araña profundizamos sobre las temáticas recurrentes de su cine y las formas que elige para contar sus historias.

Pablo E. Arahuete: – Desde los 90s hasta nuestros días el acoso en los colegios ha sido siempre muy parecido, pero ¿a vos te parece que desde esa época que se remonta a tu adolescencia a la de estos días, cambió en algo el bullying?


Sebastián Caulier: – Creo que lo que cambió principalmente es que ahora se lo localizó, se lo aisló como problemática y se lo nombró, lo que le da una entidad, lo hace existir. Entonces ahora es una problemática que se puede rastrear, localizar y combatir a nivel institucional. Por supuesto creo que sigue ocurriendo, según el contexto en algunas escuelas más que en otras. Yo actualmente soy docente en un secundario privado en Capital y no veo que ocurran casos de bullying como los que sí ví en mi adolescencia. Aclaro que son contextos muy distintos, pero creo que hayan pasado 20 años también tiene que ver conque sigue ocurriendo, aunque no tanto y está muchísimo más en la mira institucionalmente que en aquella época. En ese entonces creo que realmente era parte del paisaje, algo que se daba como normal y que nadie hacía nada al respecto porque no era algo así como una problemática, era como… no sé casi como si hiciese calor o si hubiera humedad, bueno alguna gente era maltratada en el colegio, inclusive con complicidad de los profesores y nadie problematizaba eso. Creo que ese es el principal cambio, es algo de lo que hoy se habla porque ahora tiene entidad.

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Sebastián Caulier, director de El Corral

P. E. A.: – ¿Cómo te manejás con el cine de género, te resulta una estructura narrativa más acorde para contar tus historias o en este caso utilizaste esa vertiente por algo en particular? 

Sebastián Caulier: – Creo que por el tipo de tonos que me interesan -el tipo de historias también que me interesan- pero principalmente por el tipo de tono que me interesa generar, la gente tiende a relacionar esos tonos de emociones fuertes como el suspenso o la tensión con el cine de género. Por eso, sí creo que en el dispositivo género encuentro una manera más transparente de comunicarme y por eso acudo al dispositivo, aunque en el momento de escribir el guión o de dirigir no estoy pensando en un thriller sino que me dejo llevar por el tono que busco lograr, pero sabiendo que estoy en el camino del género más que de un cine que no se emparente o clasifique dentro de algún género. Aún así, repito que no es algo que me proponga, me sale naturalmente y es el mejor dispositivo donde encuentro la comunión entre los tonos y mis historias.

P. E. A.: – Tengo entendido que El Corral forma parte de una trilogía ¿Cuál es la temática recurrente de esa trilogía si bien en tu película La inocencia de la araña también había adolescentes y violencia?

Sebastián Caulier: -En efecto tengo pensada la historia para la tercera película, que cerraría esta trilogía, eh… un poco las tres historias estaban circulando en mi cabeza, de manera desordenada y fueron adquiriendo forma, primero salió La inocencia de la araña y luego El corral. No sé si la próxima que vaya a filmar sea la que cierre porque me quiero tomar unas vacaciones de la temática, de filmar en un colegio y todo eso. Tengo listo un guión que es bastante distinto y es posible que lo filme antes. Pero la tercera película va a ocurrir tarde o temprano. Respecto a la temática recurrente creo que tiene que ver con lo que se me ocurre llamar ahora el lado B de la adolescencia, es el lado más oscuro, el menos publicitado, menos marketinero y tiene que ver con contar esa edad desde de un punto de vista desmitificado, despojado de toda idealización o poetización que creo que tanto el cine como la televisión tienden a representar a esa edad. Esa es la temática recurrente de las tres películas y la violencia está presente en las tres como consecuencia en esa edad turbulenta, incierta y problemática.   

P. E. A.: – ¿Cuáles serían tus referentes cinematográficos tanto de Argentina como el resto del mundo?

Sebastián Caulier: – Uff, son muchísimos. No siempre cineastas, también hay películas puntuales, no necesariamente la filmografía de un solo director. De los cineastas, mi primer referente en la vida fue Alfred Hitchcock porque es el primer director que conocí cuando era muy chico. Yo vivía a la vuelta de un video club y tenía muchos VHS con sus películas. Fue mi primer acercamiento con el cine y creo que quedó en mi ADN cinematográfico, cuando escribo por más que quiera o no siempre pienso las películas que hago con una mirada de suspenso. También Brian Di Palma, me parece más Hitchcoquiano que el propio Hitchcock, sobre todo en su etapa 70s, 80s y por extensión me gusta mucho el género de terror, no el gore sino el terror psicológico como el de la trilogía de los departamentos de Roman Polanski, ese tipo de terror. De Argentina soy admirador de Leopoldo Torres Nilson, principalmente de su trilogía gótica La mano en la trampa, La caída y La casa del ángel. También tiene películas impresionantes como por ejemplo El secuestrador, con Leonardo Favio. Lo tengo como un gran referente y representante del terror tonal. Leonardo Favio también, me gusta mucho el viejo cine argentino, el cine clásico. Del cine argentino contemporáneo trato de ver de todo, no tengo muy claro referentes pero me gusta mucho Anahí Berneri, es una directora que sigo, ella sabe contar sus textos de manera impecable, Lucrecia Martel, también. Y como espectador trato de apoyar ahora toda la movida del cine de género nacional porque me interesa que se desarrolle acá en el país.

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P. E. A.: – Respecto a El corral, ¿alguna vez pasó por tu cabeza cambiar el registro de esta historia, jugar un poco más con el género tal vez hacia el humor o la parodia?

Sebastián Caulier: -Originalmente las primeras versiones del guión tenían más cosas de comedia. Progresivamente se fue oscureciendo, no por una decisión muy consciente sino que se fue depurando de esa manera a través de las sucesivas re escrituras y se fue volviendo cada vez más oscuro. Aún así, quise mantener ciertos momentos de distensión y de humor, en estas situaciones que tienen tintes paródicos como las de la familia o en la clase de gimnasia con ese profesor, que también tiene como una pizca de estereotipo. Decidí dejarlas para que no se volvieran tan solemnes. Igual no soy un fanático del género comedia en particular pero me atrae el humor como tono, una escena con cierta comicidad me causa gracia. La comicidad es algo que me sale naturalmente cuando escribo, intento por eso aplacarlo porque si quiero lograr una película que mantenga un tono oscuro, el humor me puede jugar en contra.

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