Por Pablo E. Arahuete

Muchas veces se dice que el lenguaje es una prisión. Los relatos se construyen a partir de las palabras, y de la interpretación de esas palabras se nutre la memoria. Para la directora Lissete Orozco la tía Chany era esa persona que en la construcción de las palabras, de los recuerdos y de las propias historias que ella le narraba, ocupaba un lugar de privilegio en los afectos. Para su entorno algo parecido ocurría pero tal vez con una mirada complaciente al empezar a enterarse los vínculos de la tía Chany con la aborrecible DINA. Este documental bucea desde la ética las formas de manipular la historia y la memoria con lo que hoy conocemos como “relato” y deja plasmadas las heridas que esos relatos terminan por ocasionar cuando la negación de la verdad no es más que una estrategia de la perversión humana para justificar una ideología. Memoria no es sinónimo de  verdad, aunque desconfiar de la memoria y de los relatos, salir a buscar otras versiones de un mismo hecho nos aproxima algo más a la verdad. La ética también en el cine se conecta con la estética y en ese sentido este film valioso, honesto y contundente nos entrega una arista inconclusa y necesaria para revisar nuestra propia historia. Ojalá aparezcan películas como esta en el cine argentino.

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