Finalmente DC Comics ha logrado lo que venía buscando desde hace largo tiempo: reunir en pantalla a sus principales superhéroes, tarea que iniciara no sin pocas turbulencias con Man of Steel y la más reprobable Batman vs Superman. Sin  embargo, el repunte experimentado con todo lo bueno que vimos en Wonder Woman era el camino a seguir para los realizadores de esta producción que estaba llamada a ser la última oportunidad para la convivencia en el mismo universo cinematográfico como ya nos fue presentado de Batman, Superman, la Mujer Maravilla y los que acá se suman: Aquaman, Cyborg y Flash. ¿Oportunidad aprovechada o nueva decepción? Pasen y vean.

Para hacer un análisis de esta Liga de la Justicia, podríamos empezar por tocar esos puntos claves que de antemano sabíamos que la película debía resolver: la presentación en sociedad de los tres nuevos integrantes del grupo justiciero, su armónico (o no) acuerdo para unirse contra un enemigo común, la elección de ese enemigo y su peso narrativo propio y, claro está, el tema Superman. El primer acierto de la película consiste en empezar por el antagonista. Con bastante sencillez en el relato y la grandilocuencia necesaria desde lo visual, rápidamente nos enteramos de la presencia en la Tierra de Stepenwolf, otrora conquistador de mundos, implacable, que encontró su fin en nuestro planeta gracias a la unión de sus distintas civilizaciones como las amazonas, los hombres y los habitantes de la Atlántida. Su poder, dividido tras su caída, ahora amenaza con reunificarse con el objetivo de completar la tarea que alguna vez inició. Listo. Villano, secuaces, plan maligno y medios para lograrlo, adentro. Y esto, apoyado en la relación que ya se empezó a construir en las películas anteriores entre Batman y la Mujer Maravilla (sumado a los atisbos de introducción que también habían hecho con Aquaman, Cyborg y Flash) allana el camino para que lo natural sea seguir por la conformación de la tan ansiada Liga.

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Y todo esto que parece obvio y lógico no siempre lo es, prueba de ello fue la gran desorganización narrativa vista en Batman vs Superman y sus inconexas líneas argumentales. Acá se rigen por el libro y eso está muy bien, aporta orden. Después, también de forma simple y sin complicarse innecesariamente, empezamos a conocer a los nuevos. Flash, que combina el desparpajo y ese humor naif pero efectivo con una infancia y una situación familiar conflictivas; Aquaman, con su actitud rebelde y humor cool -también necesario- pero con su carga de responsabilidad en la situación que se les presenta a todos; y Cyborg, tal vez el más conflictivo de todos a causa de un origen que lo lleva a renegar de sus habilidades, es el que aporta seriedad y racionalidad a la cuestión, características que, además, lo convierten en el perfecto catalizador para romper los climas angustiantes y de tensión con una broma de los otros que lo involucre. Desde los hechos, todos son presentados en su punto justo y, desde las formas, si bien queda muy claro el espíritu de cada uno, se nota un pequeño desbalance con Aquaman y una escena musical algo discordante respecto del resto. Pero apenas.

Ahora sí, ya resuelto el tema organizativo (que, repito, no es algo menor porque sienta las bases de todo lo que sigue en una película de dos horas y porque, además, estamos tratando con personajes clásicos y que ya conocemos en múltiples formatos; su tratamiento no es cualquier cosa) podemos pasar a las cuestiones de fondo. Y, como no podía ser de otra manera, esto depende de Batman. Creo que el principal acierto de la película es que nos ofrece a un Caballero Oscuro, multifacético como ya sabemos que puede ser, en su versión colaborativa. Esto es: desde la logística, la toma de decisiones y asegurarse de que cada uno cumpla su función. Me encargo yo, aun cuando esto implique que los flashes y las tapas de los diarios sean para los otros. De esta forma, Aquaman y Flash rodean muy bien al grupo principal y encuentran los momentos justos para incluir sus humoradas; Cyborg juega un rol crucial en la solución del problema central de la historia y puede desarrollarse como personaje a partir de esos muy interesantes conflictos que lo acompañan; la Mujer Maravilla, dada la ausencia de Superman, ocupa el rol principal cuando hay que ir al frente (me permito un pequeño paréntesis para celebrar la enorme presencia en pantalla que este personaje supo construir, transmitiendo siempre la sensación de que ella sola puede con todos) y ese rol se construye a partir de su relación con Batman, que sabe dónde pincharla para sacarla de sus propios temas personales para que asuma su rol de líder y sabe que debe correrse para que esto ocurra; y finalmente tenemos el factor Superman (de su regreso sólo diré que está muy bien resuelto dada la sensibilidad que este tema presuponía), punto en el que Bruce Wayne vuelve a mostrar su grandeza, una grandeza amenazada permanentemente por su orgullo siempre latente pero que logra prevalecer a partir de los valores fundacionales que hacen de Batman la leyenda que es. En términos de guion, solo faltaría señalar el tono más bien frío de la resolución final, justificado esto en parte por un antagonista no demasiado potente y la puesta del foco, cosa inevitable, en el grupo protagónico y el bache narrativo, tal vez el más grande de la película, que se presenta a la hora de sumar a Superman al grupo, no fácticamente porque ya dijimos que eso está bien, sino sentimentalmente y desde los valores que lo impulsan a sumarse a la causa de la Liga.

A lo dicho, hay que agregar que actoralmente los protagonistas están a la altura ya que responden perfectamente a los roles descriptos que sus personajes plantean y que sí logran sostener en pantalla. El Batman de Ben Affleck tiene esa sutileza del trabajo en las sombras, Henry Cavill le suma a toda la presencia de Superman esa sensibilidad que logra complejizar a un personaje muchas veces presentado como plano y unidimensional, Ezra Miller la rompe con su despreocupado e hilarante Flash, Jason Momoa por ser el menos conocido del grupo es el que más sorprende con su Aquaman arrogante y cínico, afortunadamente muy alejado del rubio insulso de la serie animada, Ray Fisher ofrece un Cyborg correcto y que sabe su función en el grupo a la perfección y finalmente Gal Gadot una vez más vuelve a brillar con luz propia con su Mujer Maravilla que realmente es el alma de esta Liga de la Justicia.

Un agregado no menor a este elenco principal lo componen los nombres de quienes secundan a los personajes principales, entre quienes se cuentan a Amy Adams (Lois Lane), J. K. Simmons (James Gordon), Robin Wright (Antiope), Diane Lane (Martha Kent), Billy Crudup (Henry Allen, padre de Flash), Jesse Eisenberg (Lex Luthor) y Jeremy Irons (Alfred). Y ojo, hay que quedarse hasta el final de todo porque esta Liga de la Justicia incluye dos escenas post créditos.

Casi un siglo de series, películas y comics nos ha presentado un sinnúmero de superhéroes, tantos que hay para todos los gustos. Pero esa mística que tienen Batman, Superman y la Mujer Maravilla no la tiene nadie. Y eso se ve en esta película.

Liga de la Justicia, ahora sí estamos todos 1

Título: Liga de la Justicia.
Título Original: Justice League.
Dirección: Zack Snyder.
Intérpretes: Ben Affleck, Gal Gadot, Henry Cavill, Ezra Miller, Jason Momoa, Ray Fisher, Amy Adams, J. K. Simmons, Robin Wright, Diane Lane, Billy Crudup, Jesse Eisenberg y Jeremy Irons.
Género: Aventuras, Acción.
Clasificación: apta para mayores de 13 años.
Año de Realización: 2017.
País de Origen: Estados Unidos.
Distribuidora: Warner Bros.
Fecha de Estreno: 16/11/2017.

Puntaje: 8.

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