Por Pablo Arahuete

Un producto muy desparejo, adornado con una mega producción y al que le sobran por lo menos 40 minutos. El crudo retrato de la masacre de Carandiru entrega lo mejor del film no sólo a nivel dramático, sino como despliegue técnico.

Cuando en cine se apela al hecho verídico como garantía de seriedad por lo general el resultado es adverso, debido a que no se condensa la historia en el centro dramático, sino por el contrario el relato termina siendo un inventario de anécdotas. Esa falta de criterio se acentúa si se agrega un trabajo de adaptación de un libro sin una mínima dosis de creatividad. Carandiru, noveno largometraje del realizador Héctor Babenco, es un ambicioso proyecto que goza de este triste honor. Basado en la novela Carandiru station del doctor Drauzio Varella, quien prestó sus servicios en la prisión de Carandiru por más de doce años, el film retrata con absoluta fidelidad sus experiencias junto a los reos.


Ubicada en Sao Paulo, la casa de detención más grande de Latinoamérica alojó hasta el 2002, fecha en que fue demolida, a unos 8000 delincuentes aún sin sentencia. Una capacidad operativa para 3000 hombres, condiciones de hacinamiento, un principio de epidemia de SIDA y los enfrentamientos entre los grupos por un espacio configuraron el panorama desolador con el que tuvo que enfrentarse el Doctor.

Consulta a consulta, el médico entabló un contacto fluido con los detenidos y se ganó su confianza y respeto. Así con el correr del tiempo se fue empapando de historias de vida, confesiones y angustias. Un abanico de personajes y relatos dispares se cruzan con el presente de la trama en un registro casi documental, que por momentos intenta imprimir un tono de grotesco mixado con drama. Resulta excesivo y hasta torpe el uso del flashback como soporte narrativo.

Babenco busca un dinamismo en el desarrollo de los hechos, agrega ridículos tiempos muertos y ninguna de las historias es atractiva, entre las que se destacan la del narco que se disputa entre dos mujeres; dos amigos inseparables asalta bancos que se enamoran de una misma mujer; un golpeador que se vuelve pastor luego de una crisis existencial; una melosa historia de amor entre un travesti y un reflexivo convicto que por supuesto terminan casándose. Anécdotas que asombran al Doctor y que avanzan hacia un clímax donde el film cambia el tono edulcorado de culebrón en la cárcel por el de testimonial con denuncia social.

Ese fragmento reconstruye el sangriento motín de 1992 donde fueron masacrados 111 reclusos luego de haberse entregado a las fuerzas policiales. El crudo retrato de la masacre de Carandiruentrega lo mejor del film no sólo a nivel dramático, sino como despliegue técnico. Sobre este punto, Babenco parece haberse acordado de su magistral Pixote o de la sencillez poética de Corazón iluminado.

Sin embargo, es justo separar el inobjetable trabajo de producción cinematográfica, tratándose de un producto carioca y no Hollywoodense, del tratamiento y transposición fallidas del libro al cine. El guión definitivo surgió luego de 9 versiones y aquí se nota el mayor déficit de un producto muy desparejo, adornado con una mega producción y al que le sobran por lo menos 40 minutos.

Carandiru: Culebrón tumbero 2Título: Carandiru
Dirección: Héctor Babenco
Intérpretes: Luiz Carlos Vasconcelos, Milhem Cortez, Ivan de Almeida, Gero Camilo
Duración: 148 minutos
Género: Drama
Origen: Argentina, Brasil
Distribuidora: Independiente
Año de realización: 2003
Fecha de estreno: 18/03/2004

Puntaje 5 (cinco)

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