Por Juan Blanco

El concepto de cine de Juan José Campanella cambió desde aquella singular El mismo amor, la misma lluvia (1999) a El hijo de la novia (2001), y se convirtió en otra cosa más utilitaria y menos comprometida desde el punto de vista cinematográfico. El resultado fue algo menos brillante pero no menos personal. Este utilitarismo, sin ser a priori –o siempre- un defecto, había reducido en cierta forma la espontaneidad y la riqueza emocional de su temprano cine a recursos menos sorpresivos pero eficaces, como ser los infalibles golpes de efecto para hacer reír, llorar, etc. Tanto fue así que El hijo de la novia logró generar tales reacciones en el espectador a niveles estratosféricos, pero desafortunadamente no llegó mucho más lejos, al menos no desde un punto de vista artístico. Como comedia resultó tener buen timing y ser inobjetablemente compradora, pero como (melo)drama la película, tras predicar la manipulación como recurso supremo y a pesar de haber logrado así derramar millones de lágrimas, demostró no poder ofrecer más que la artesanía de un producto televisivo modelo con aires de trascendencia (estaríamos hablando de los mejores –o más efectivos- exponentes Pol-ka).

Sea como sea, un poco más o menos cinematográfica que El mismo amor…, El hijo de la novia funcionó sin herir a nadie y creó esa magnífica adhesión del público porque detrás del dinero de Adrián Suar hubo un director con suficiente capacidad persuasiva como para convencer del llanto y de la risa. Juan José Campanella probó tener buena mano para narrar, para dirigir a sus actores y, ocasionalmente, para coreografiar escenas de alto impacto visual. Todo esto, sumado a más experiencia, vuelve a ponerse de manifiesto en Luna de Avellaneda (2004).


El realizador se sirvió una vez más de la compañía de Ricardo Darín y de Eduardo Blanco para liderar a un elenco de primera (están también Mercedes Morán, Silvia Kutika, Valeria Bertuccelli, Daniel Fanego y José Luis López Vázquez), capaz de sostener casi sin esfuerzo a esta tragicomedia gris y argentina hasta las pelotas! (sepan disculpar el porteñazo, pero es cierto). Luna de Avellaneda es una película que intenta recuperar con mucho sentimiento el espíritu barrial, sus valores, y que tiene como disparador esas segundas oportunidades que Luna de Avellaneda: Una segunda oportunidad 5todos buscan en la vida; por ejemplo, esa para un padre y esposo de recuperar a su familia (Darín); para una esposa confundida de volver a encontrar el camino hacia su marido (Kutika); para un alcohólico de hallar a la musa que lo incite a escapar del abandono (Blanco); para una chica traicionada de descubrir un amor imperfecto pero verdadero (Bertuccelli); para un hombre mayor de recobrar los recuerdos de una luna de Avellaneda llena de vida (López Vázquez); para una mujer resignada a una rutina triste de crearse nuevas perspectivas de vida (Morán); para un grupo de gente emprendedora de salvar del olvido a un club de amigos antológico (el del título).

Campanella bucea en los deseos de esta gente común empeñada en no abandonarse a las circunstancias de vida que les toca sufrir. Entre los personajes se descubre que no hay amores eternos, pero también que cada uno siempre puede hacer un poco más por mantenerlos en pie. También se reflexiona sobre la realidad de un país que se derrumba, en el que las buenas intenciones no alcanzan y donde pareciera que no vale la pena luchar. Pero este grupo de personas especiales que se aman al tiempo que se odian, que se regañan al tiempo que se buscan, están dispuestos a dar batalla a sus emociones desencontradas y a una realidad socioeconómica asesina de sueños. Y las armas de combate para éstos las proporciona, con la misma solvencia de antes, Juan José Campanella.

Luna de Avellaneda es un indiscutible e inofensivo producto Pol-ka diseñado a un milímetro por vez para una sola cosa: emocionar al espectador. En este sentido el director optó nuevamente por la seguridad del “éxito de taquilla” acercándose más al registro de El hijo de la novia que de El mismo amor, la misma lluvia. Los trucos para lograr tal cometido vuelven a ser muchos, pero el más infalible, que es el de la identificación, predomina para que nadie, absolutamente nadie, logre salir indiferente de la alegría o la tristeza propuestas. Es cierto, los recursos suenan prefabricados, pero jamás dejan de satisfacer –para bien- esa necesidad que la película convierte con sutileza en patrimonio del público. Si bien todo esto habla de Adrián Suar como un mal karma televisivo trasladado al cine (argumento discutible pero no menos real), no quita el hecho de que Campanella sepa hacer vivir buenos momentos en las salas; esas que por momentos llegan a parecerse mucho a casa.

Luna de Avellaneda: Una segunda oportunidad 3Título: Luna de Avellaneda.
Título Original: Idem.
Dirección: Juan José Campanella.
Intérpretes: Ricardo Darín, Eduardo Blanco, Mercedes Morán, Silvia Kutika, Valeria Bertuccelli, Daniel Fanego y José Luis López Vázquez.
Género: Comedia dramática.
Clasificación: Apta mayores de 13 años con reservas.
Duración: 143 minutos.
Origen: Argentina / España.
Año de realización: 2004.
Distribuidora: Distribution Company.
Fecha de Estreno: 20/05/2004.

Puntaje: 7 (siete)

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