Por Silvina Palmiero

Como en los más célebres –y por qué no decirlo, crueles y macabros- cuentos de nuestra infancia, en La Aldea existe un bosque habitado por criaturas sobrenaturales que encierra un horror indescriptible. Como en la férrea educación que siglos atrás dio vida a esos mismos cuentos, también existe un mandato paterno que prohibe pisar ese territorio oscuro y lleno de peligros, so pena de sufrir el más terrible castigo. Como en todo Shyamalan auténtico, hay en La Aldea un ser con un don, que es a la vez una carga y una misión, y que por lo tanto debe asumir con amor y sacrificio.

La nueva película del creador de Sexto Sentido retrata una comunidad que vive en medio de un valle de ensueño, separada del resto del mundo civilizado por un bosque tupido que se dice habitado por seres tan monstruosos, que los aldeanos prefieren referirse a ellos como “aquéllos de los que no hablamos”. Ambos grupos mantienen una suerte de pacto tácito de convivencia y de no agresión, que consiste en no invadir los territorios ajenos. Todo parece funcionar a la perfección, hasta el día en que a alguien se le ocurre poner en cuestionamientoLa Aldea: No cruces el bosque 3 este pacto, y con ello hace peligrar el delicado equilibrio que mantiene en pie a la mismísima aldea.


Shyamalan saltó al estrellato hablando de la soledad, la incomunicación y la falta de tolerancia hacia el diferente tras la fachada de una película de fantasmas en Sexto Sentido. En El protegido, eligió una historia de superhéroes y villanos para hablar en realidad del don y la misión. Después llegó el tema de la fe -tal vez por ser el más complicado y el más inaprensible, Señales es por lejos su película menos sutil y más redundante en explicaciones- que maquilló tras una invasión extraterrestre. Esta vez, citó deliberadamente los cuentos de hadas, y aprovechó sus oscuridades y moralejas subyacentes para hablar de algunos otros claroscuros. Los verdaderos monstruos de La Aldea no son los del bosque, son otros de los que tampoco se habla; los que los habitantes mantienen prolija y férreamente encerrados en sus cajas negras: las penas, la muerte, el dolor, el amor prohibido. No por casualidad el “mal color”, el que atrae a las bestias, es el rojo: el de la sangre, el de la pasión, el del deseo. La fábula de Shyamalan sobre una comunidad que intenta preservar la inocencia, dice cosas como que la pureza y la corrupción conviven en todo ambiente humano, que los miedos son constructivos siempre que se tenga valor para enfrentarlos, que el liderazgo es genuino sólo si se fundamenta con obras, que la libertad viene dada por la verdad, que los medios dejan de ser justos cuando se pierden de vista los fines que le dieron sustento. Todo está ahí, en gestos y palabras de los habitantes de La Aldea y en la cámara hábil del director, que vuelve a depositar confianza en sus imágenes para hablar menos con palabras y más con colores, puestas de cámara, música y sonidos.

Además de todo esto, La Aldea proporciona una gratísima experiencia visual y el excelente manejo del suspenso que ya es una marca registrada de su realizador. Eso es lo bueno de Shyamalan: hace películas que impactan en los sentidos, y que quedan en la memoria para volverse mejores en cada nuevo recuerdo.

La Aldea: No cruces el bosque 2Título: La Aldea.
Título Original: The Village.
Dirección: M. Night Shyamalan.
Intérpretes: Joaquin Phoenix, Bryce Dallas Howard, William Hurt, Sigourney Weaver, Adrien Brody, Judy Greer, Brendan Gleeson, Michael Pitt.
Género: Thriller, Intriga.
Clasificación: Apta mayores de 13 años.
Duración: 108 minutos.
Origen: EE.UU.
Año de realización: 2004.
Distribuidora: Buena Vista.
Fecha de Estreno: 02/09/2004.

Puntaje: 7 (siete)

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here