Por Pablo Arahuete

Park Chan-Wook concibe una pieza única de relojería, donde la mezcla de géneros (habitual en el cine coreano) va desde el melodrama al thriller psicológico acompañado de altas dosis de violencia y sadismo, como así también de un humor negro cáustico sin perder de vista las posibilidades narrativas de un cine ágil, hipnótico, deslumbrante y poco convencional.

El cine coreano es quizás -hoy por hoy- el rival más temido por Hollywood dentro del panorama cinematográfico mundial. No sólo arrasa en el circuito festivalero, ganando cada vez mayores elogios de la crítica, sino que dentro de la prolífica oferta de la cinematografía asiática se posiciona como una propuesta renovada, diversa, audaz y capaz de amalgamar elementos del cine de género con fuerte presencia del cine de autor. A eso se le debe sumar una insoslayable capacidad de manejo de los recursos narrativos y cinematográficos como así también un minucioso trabajo de la imagen y de sus posibilidades artísticas.


Arte y entretenimiento al servicio del cine pueden conjugarse sin fisuras en cualquier film coreano reciente y tal vez quien mejor exprese esta difícil sociedad -que a simple vista resultaría compleja de concebir- sea el realizador Park Chan-Wook, de quien se estrena comercialmente su opus número cinco, Oldboy. Cinéfilo empedernido a partir de Vértigo del maestro del suspense Alfred Hitchcock, las primeras incursiones de este realizador nacido en Seúl fueron un fracaso.

El traspié lo alejó de su rol de director pero siguió vinculado al cine como crítico. Luego de haber sorprendido en Berlín con un thriller político sobre el conflicto entre Corea del Norte y Corea del Sur, Joint Security Area, volvió a levantar polvareda con la primera parte de una trilogía que exploraría en el terreno de la venganza con sus aristas existenciales, filosóficas y humanas: Sympathy for Mr Vengeance (2002). En esta primera entrega el talentoso Chan-Wook organiza la historia en torno a el secuestro de una niña para pagar con su rescate una operación de trasplante del secuestrador. El motor vengativo aparece multiplicado en un entrecruzamiento de historias, donde la venganza se ve atravesada por un planteo de carácter moral.

Si bien en Oldboy, segunda parte de la trilogía, este aspecto queda desplazado a un nivel inferior existe una suerte de anverso y reverso sobre la venganza como parte de la naturaleza humana que consigue equiparar tanto a la víctima como al victimario. Más allá de un virtuoso y meticuloso guión del que conviene no adelantar muchos datos, el film requiere del espectador un vínculo no pasivo con la historia y los personajes.

Dicen que el estilo vengativo de los musulmanes consiste en dar tres golpes a la víctima para llegar a su corazón. Cada golpe se aproxima más al círculo íntimo de la víctima hasta destrozarlo. Precisamente, ése es el plan maestro orquestado contra Oh Dae-Soo, el protagonista, quien se nos presenta encerrado en una habitación sin ningún contacto con el mundo exterior más que el de un televisor. Así pasa quince años en esta suerte de celda donde periódicamente lo intoxican con gas hasta desvanecerlo. La televisión opera como un reloj, un calendario, una escuela y el único interlocutor que le informa sobre el asesinato de su esposa, que lo involucra directamente al haberse encontrado restos de su sangre en la escena del crimen.

Hasta aquí el desconcierto del protagonista se traslada al espectador y los interrogantes aumentan la tensión. El encierro y la alienación conducen al protagonista a un estado de locura que logra atenuarse un poco cuando azarosamente un día es liberado en su condición de prófugo. Sin embargo, el exterior se transforma en una cárcel de mayores dimensiones que la anterior y el deseo de conocer al siniestro captor que ahora se comunica por celular se vuelve una obsesión. Esa obsesión se cristaliza en dos preguntas que alimentan el deseo de la venganza: ¿Por qué? y ¿Quién? La incertidumbre desborda y del mismo modo que en Sympathy… el camino del protagonista y su antagonista se entroncan en un espiral de violencia y degradación sin límites. Para hacerlo aún más perturbador, el punto de vista del protagonista queda eclipsado por el del antagonista como si se tratara de un perverso juego de espejos deformantes.

Park Chan-Wook concibe una pieza única de relojería, donde la mezcla de géneros (habitual en el cine coreano) va desde el melodrama al thriller psicológico acompañado de altas dosis de violencia y sadismo, como así también de un humor negro cáustico sin perder de vista las posibilidades narrativas de un cine ágil, hipnótico, deslumbrante y poco convencional.

Oldboy - Cinco días para vengarse: La estrategia del caracol 2Título: Oldboy – Cinco días para vengarse
Título original: Oldboy
Dirección: Park Chan-Wook
Intérpretes: Byoung-Ok Kim, Dae-Han Chi, Dal-Su Oh, Hye-Jung Gang, Ji-Tae Woo, Min-Sik Choi
Calificación: No disponible
Género: Acción, Thriller
Duración: 120 minutos
Origen: Corea del Sur
Año de realización: 2003
Fecha de estreno: 10/11/2005

Puntaje 10 (diez)

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