Por Diego Martínez Pisacco

La secuela más esperada del año cumple con creces su propósito de divertir con gran despliegue de acción, efectos y escenografía. Johnny Depp aporta su gran sentido del humor y se inmortaliza como el Capitán Sparrow…


Hace más de diez años un artesano apto para dirigir cualquier proyecto de aventuras y acción, como es el finlandés Renny Harlin (Duro de matar 2, Riesgo total, El largo beso del adiós, Alta velocidad, etc.), fracasó en la taquilla con La pirata, una de las escasas aproximaciones que se han realizado en tiempos recientes a un subgénero que conoció el esplendor en la época de oro de Hollywood, pero que ahora descansa en el arcón de los recuerdos vencido por otras tendencias y costumbres de consumo.

Dentro de este alicaído panorama la saga de Piratas del Caribe, creada por los guionistas de Shrek y La máscara del zorro con muchos detalles iconoclastas impropios de esta clase de cine, trae nuevos aires al vetusto producto clásico conjugando fantasía, delirio y un humor zumbón permanente que, generalmente, abreva más en la construcción de los personajes lograda por los actores antes que en situaciones divertidas per se.

La maldición del Perla Negra (2003) presentó con acierto al afectado capitán Jack Sparrow y a sus compañeros de tribulaciones Will Turner (Orlando Bloom) y Elizabeth Swann (la grácil Keira Knightley). Superado ese trámite El cofre de la muerte, segunda parte de una trilogía que se va a completar el año próximo, no necesita mayores preámbulos para meterse de lleno en una acción vertiginosa y tan cargada de sorpresas como de excesos (más atribuibles, sospecho, al productor Jerry Bruckheimer que al realizador Gore Verbinski).

En esta secuela producida a puro lujo -u$s 200 millones de presupuesto bien invertidos dado que batió todos los récords existentes hasta el momento en los Estados Unidos- vuelven, además de los protagonistas (de los cuales el único realmente indispensable ya sabemos quién es), varios filibusteros del Perla Negra entre ellos Pintel y Ragetti, esos émulos de C-3PO y R2-D2 que aquí funcionan incluso mejor que en la anterior película robando el interés de unas cuantas escenas como cualquier relevo cómico que se precie de tal-, el cobarde gobernador Weatherby Swann (Jonathan Pryce) y el degradado Norrington (Jack Davenport).

Entre las novedades podemos mencionar a dos antagonistas de peso: por un lado Lord Cutler Beckett (Tom Hollander, visto en Orgullo y prejuicio y recientemente en El libertino) quien obliga a Will a buscar a Sparrow y a su misteriosa brújula so pena de ejecutar a su amada Elizabeth por ayudar a escapar al pirata y por otro, el torturado y aterrador Davy Jones (el impagable Bill Nighy sepultado por una impresionante cantidad de maquillaje) al mando del barco El Holandés Errante, quien le reclama su alma a Sparrow por un arreglo -digamos de caballeros para ser generosos- que el afeminado Jack no piensa respetar bajo ningún concepto.

Por ende se cruzan las dos historias reforzadas con varias subtramas como la del reaparecido padre de Will (el sueco Stellan Skarsgård) o el escape de Jack y compañía de una tribu de antropófagos que da pie a una graciosa escena luego de los títulos finales. El desenlace de El cofre de la muerte deja dos portones abiertos para que en la última parte de la trilogía se consume todo lo que aquí apenas se insinúa con la aparición de un personaje que se las trae. Y no, no es Keith Richards.

¿Qué se le puede reprochar a una superproducción que cumple a rajatabla con su obligación de deslumbrar al espectador incluso por encima de lo esperado? Quizás un montaje más fino que acorte una duración demasiado extensa para lo que se narra. Una intervención menor del monstruo marino Kraken (a quien se recuerda de la mitología griega y que, con los efectos especiales a cargo del venerado especialista Ray Harryhausen, dejara su marca en Furia de titanes, un filme inglés altamente pochoclero que vi cuando era un párvulo) hubiese sido conveniente así como varias secuencias que me parecen divertidas empero innecesarias.

Lo mismo corre para la escena de acción de la película ?aquella en la que Jack, Will y Norrington pelean en una rueda de molino en movimiento- que se va de proporción con un pietaje insólito. Unos retoques en la isla de edición le otorgarían mayor cohesión e intensidad y evitarían que la pobre Keira Knightley recurra a la improvisación y a la macchieta en algunos pasajes debido a esos errores. Y no se trata de buscarle la quinta pata al gato sino de hacer una crítica constructiva que además favorecería a la audiencia más pequeña (target omnipresente en la Disney como lo demuestra el hecho de que hay más copias dobladas al castellano que en su idioma original).

Johnny Depp, como podía esperarse en un artista de su calibre, brinda una fiesta con su bizarra caracterización de Jack Sparrow. Basándose en una gestualidad siempre fresca y un acabado dominio corporal el actor es una pieza insustituible para que estosPiratas del Caribe nos inviten a sumarnos a la aventura. Sería de necios no aceptar el convite.

Piratas del Caribe, el cofre de la muerte: Un combo de almas y ron para Davy Jones 1Título: Piratas del Caribe, el cofre de la muerte
Título Original: Pirates of the Caribbean: Dead Man’s Chest
Dirección: Gore Verbinski
Intérpretes: Johnny Depp, Orlando Bloom, Keira Knightley, Bill Nighy, Jack Davenport, Jonathan Pryce, Kevin McNally
Calificación
: Apta para todo público
Género: Acción, Aventuras, Fantasía, Secuela
Duración: 151 minutos
Origen: Estados Unidos
Distribuidora: Buena Vista Internacional
Año de realización: 2006
Fecha de estreno: 20/07/2006

Puntaje 7 (siete)

1 COMENTARIO

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here