Por Pablo Arahuete

¿Lo esencial es invisible a los ojos?, como se decía en la añorada historia de “El Principito”. Lejos de responder a este interrogante, el realizador surcoreano Kim-Ki duk desarrolla en El tiempo una tragedia de amor en base a los dictados de una cultura moderna que hace de la imagen un culto. Y de esta imagen que hoy resulta posible prefabricar, embellecer y refaccionar gracias a los adelantos de la cirugía estética, se alimenta la idea de vencer al tiempo: el mito de perdurar sin ser alcanzado por el envejecimiento natural del cuerpo.

Fiel a sus tópicos, el director de El Arco retoma por un lado la imposibilidad de comunicación en una pareja a partir de una relación tormentosa, donde los celos se tornan enfermizos, y por otro lado la violencia física y la autoflagelación como medio de expresar el dolor espiritual.


Para este realizador, el amor y la pasión son fuerzas diametralmente opuestas en lucha constante y su forma de retratarlas en pantalla es desde los extremos emocionales, sin medias tintas. Personajes impulsivos sometidos a un entorno hostil, que se mueven en los márgenes de la sociedad. Ya desde su primera El tiempo: Caras y caretas 3obra Crocodile, en la que plantea una extraña relación entre un vagabundo y una suicida o en La isla, donde la incondicionalidad del amor desata la agresión del físico, queda plasmada la violencia de los cuerpos como respuesta a la apatía circundante.

Pero si en Hierro 3 lo corpóreo y material se consideran una carga que debe liberarse (concepto que se liga virtualmente con uno de los postulados budistas, ya explorados por este autor en Primavera, verano, otoño, invierno… y otra vez primavera), en esta oportunidad lo corporal se materializa y muta, se destruye y fragmenta, se cristaliza y no puede regenerarse.

Tampoco el pasado se recupera, salvo en un recuerdo que perdura como una huella en un reloj de arena. Ese es el nudo que desata Kim-Ki duk en esta parabólica historia de amor en la que involucra novedosamente dos elementos poco utilizados en su cine: personajes de clase media urbana y una sutil crítica social.

Ji-woo y Seh-hee son una pareja joven que tras dos años de convivencia atraviesan una crisis originada por los celos y las inseguridades de ella. La paranoia de Seh-hee se dispara cada vez que su novio se relaciona con otra mujer, aunque sólo se trate de un simple diálogo o un contacto visual sin mayores pretensiones. Así, la muchacha pendula del amor al odio en un parpadeo y su rabia se torna impredecible. Tanto como llegar a la conclusión que Ji-woo se cansó de ver el mismo rostro en la cama, de besar la misma boca y tener sexo con la misma mujer. Por eso, la drástica solución es desaparecer repentinamente durante seis meses (el tiempo que dura el post-operatorio) y someterse a una cirugía estética que cambie su rostro completamente, para una vez cicatrizadas las heridas reconquistar a su amor.

De este modo, aquella Seh-hee del pasado quedó enterrada igual que las fotos quemadas y mutará en See-hee, la nueva novia de Ji-woo, dispuesta a hacerle olvidar a la otra.

Pero como en toda historia enraizada en los frenéticos carriles de las pulsiones, si se descubre lo oscuro la trama se ennegrece también y sin chances de clarificar. Y aquí es donde emerge la fuerza del cine de Kim-Ki duk; cuando se abre el abanico de posibles lecturas de sus historias, que despegan de un registro realista por excelencia a un terreno indefinido que cruza lirismo, poesía visual pero sin descansar en el bosquejo de la fábula o en la simpleza de la alegoría.

Si bien lo metafórico es uno de los puntos fuertes de este film, a partir de la relación entre el cuerpo con las esculturas y por ende al establecer un paralelismo entre un cirujano plástico con un escultor que altera su material para darle otra fisonomía, la carnalidad es el aspecto preponderante en esta trama. Amores en carne viva, que sangran y no cicatrizan.

El inagotable Kim Ki-duk recupera los orígenes de su cine y se las ingenia para demostrar que el tiempo es un escultor silente que lo destruye todo.

El tiempo: Caras y caretas 2Título: El tiempo.
Título Original: Shi gan.
Dirección: Kim Ki-duk.
Intérpretes: Ha Jung-woo, Park Ji-yeon, Kiki Sugino, Kim Sung-min, Seong Hyeon-ah,Jang Jun-Yeong, Suh Won Oh, Jung Gyu-Woon, Ji-heon Kim.
Género: Drama, Romance.
Clasificación: Apta mayores de 13 años con reservas.
Duración: 97 minutos.
Origen: Corea del Sur.
Año de realización: 2006.
Distribuidora: Alfa Films.
Fecha de Estreno: 07/06/2007.

Puntaje: 9 (nueve)

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