Por @PabloArahuete

Lucía Puenzo reviste de calidad y sutileza un film poderoso, perturbador e inclasificable como las obras que resisten los simplismos. XXY (2007) no le tiene miedo a la incorrección política o a los arcaicos maniqueísmos que por ejemplo marcaban la conducta de los demonios de Los muchachos no lloran.

El debut cinematográfico de Lucía Puenzo merece una cálida bienvenida por haber concebido una de las películas más audaces, honestas y serias de los últimos años. Es que XXY aborda desde la multiplicidad de miradas una temática que habitualmente se topa con un enfoque unicista y por lo general cargado de prejuicios o alivios de índole moral.


Caso contrario, el cine apela al drama al nivel de vía crucis lindante con el castigo social o, peor aún, a resaltar el morbo frente a lo antinatural. En ambos focos siempre se explota la figura del hermafrodita como un monstruo segregado por la cultura, manipulado por la ciencia y victimizado por la sociedad. Pero si en lugar de partir desde lo conocido se opta por sembrar interrogantes sin ánimo de ensayar respuestas conciliadoras, entonces se abre un camino fascinante y riesgoso que pone a prueba los propios límites y valores como también los excesos.

¿Se puede salir indemne al asumir semejante desafío? La ópera prima de Puenzo lo logra casi por completo por conjugar una excelente dirección de actores con un reparto de lujo, un guión conciso que no rellena con palabras lo que un silencio o un plano consiguen comunicar y sobre todas las cosas una red de significaciones arrojada en un mar de incertezas, ambigüedades e impresiones.

Basada en un cuento de Sergio Bizzio, la historia se contextualiza en el mundo de la adolescencia de Alex (inquietante, Inés Efron), quien vive con sus padres en un pueblo costero de Uruguay. Kraken (excelente, Ricardo Darín) es un biólogo marino encargado de la preservación de las especies acuáticas que se avistan en el lugar.

Un tanto parco en el trato, no recibe con beneplácito la visita programada de unos amigos de su esposa (sobria, Valeria Bertucceli) con su hijo adolescente álvaro (impactante, Martín Piroyanski). Visita que en realidad encierra un fin científico encubierto porque ambos (Carolina Peleritti y Germán Palacios) viajaron hasta allí para conocer a Alex y someterla a una cirugía que oriente su cuerpo hacia la masculinidad e inhiba sus hormonas femeninas.

Alex tiene genitales masculinos y femeninos y tomó la decisión de dejar las pastillas que retardan el crecimiento y desarrollo de sus hormonas masculinas. Pero lo suyo no es un problema de identidad a secas, aunque su hermafroditismo sea un secreto en esa comunidad, sino que obedece a su sexualidad.

Paradójico en una etapa como la adolescencia donde el despertar sexual es un puente que refuerza la identidad como afirmación de género sin importar la orientación, Alex no puede elegir como hombre o como mujer cuando se ve atraída por álvaro. Sin embargo, el deseo manda y problematiza, expone y lastima como el prejuicio o la prepotencia que Kraken detesta cada vez que alguien perturba o irrita a Alex.

XXY no le tiene miedo a la incorrección política o a los arcaicos maniqueísmos que por ejemplo marcaban la conducta de los demonios de Los muchachos no lloran porque no necesita un salvoconducto ni religioso ni moral. Tampoco regodearse con el mal gusto que busca provocación sin reflexión.

Lucía Puenzo reviste de calidad y sutileza un film poderoso, perturbador e inclasificable como las obras que resisten los simplismos.

XXY: Elecciones 2Título: XXY
Dirección: Lucía Puenzo
Intérpretes: Ricardo Darín, Valeria Bertuccelli, Inés Efrón, Germán Palacios y Carolina Peleritti, Ailín Salas
Calificación: No disponible
Género: Basado en cuento
Duración: 87 minutos
Origen: Argentina, España, Francia
Año de realización: 2007
Fecha de estreno: 14/06/2007

Puntaje 8 (ocho)

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here