Por Vivi Vallejos

Los personajes amarillos de Mi villano Favorito ya tienen su propia película en 3D. Illumination Entertainment y Universal Studios apostaron a un producto que seguramente recaude tantos millones de dólares como sus dos antecesoras.

Como sucede con toda película que surge en el núcleo de la gran máquina del cine global –sobre todo si se trata de consumidores infantiles, ya que la animación dirigida a este sector es un nicho que deja mucho rédito-, su continuidad, siempre en potencia, está sometida al éxito o al fracaso de la taquilla y demás negocios de la  rama.


Bajo la forma de secuela o precuela, Toy Story, La Era del Hielo (2002), Shrek o Madagascar presentaron segundas, terceras o cuartas películas y otros productos derivados, todos ellos dedicados a explotar ciertos personajes que se perfilaron como mercancías de alta proyección. Tal es el caso de El gato con botas y Los pingüinos de Madagascar.

Minions se suma a esta categoría de películas (spin offs) y se presenta también como una suerte de precuela de las entregas de Mi villano favorito, dirigidas por Pierre Coffin y Chris Renaud.

En este caso, a Coffin -quien, mérito aparte, hace las voces de los minions-, se le sumaron Kyle Balda como codirector y Brian Lynch como guionista -vaya a saber por qué esta vez no repitieron la fórmula compuesta por Cinco Paul y Ken Daurio, quienes escribieron las dos primeras películas-.

Asi, Minions supone una inversión millonaria, probablemente superadora de las anteriores: la primera contó con un presupuesto de 69 millones de dólares y recaudó 57 sólo en la primera semana de estreno, mientras que para la segunda parte se invirtieron 76 millones y la recaudación llegó a 83 en los primeros 7 días, sólo en Estados Unidos.

Esta revisión numérica es relevante porque se trata de una película de inspiración netamente económica, perfectamente válida en su proyección y legítima en sus expectativas -ya se anunció una tercera parte de la saga del villano Gru-, cuyo resultado no está a la altura del gasto.

minions corriendo

Lo que parece fallar es justo todo lo tan particularmente auténtico que desplegaban las demás. En primer lugar, la necesidad de “llenar” de sentido los “agujeros” de la historia de esta raza de enanos ininteligibles. ¿Era necesario inventar supuestas causas que expliquen la prehistoria de cómo los minions están condenados fatalmente a encontrar un líder negativo que los guíe? Si todo ya funcionaba sin toda esa información presuntuosa, ¿acaso hay que ilustrarlo todo? Y además, ¿por qué ubicar ese pasado en la línea histórica del hombre y de la cultura? Un tiranosaurio, Drácula o Napoleón son algunos de los “malos” a los que brindaron servicio, pero ni siquiera se entiende por qué el recorte, ya que si querían aludir a “villanos” de la historia con mayúscula, tenían mucha tela sólo en los últimos 100 años. Pero, claro, casualmente esta raza estuvo aislada en algún rincón del Ártico durante ese lapso, lo que parece más una gambeta del guión que lo habilita a meterse en la Historia, pero sin toparse con personajes más polémicos y así salir airosos sin correr riesgos. Esto último ya lo explica esa máxima del mercado que indica que los objetivos son la maximización de los beneficios sin asumir demasiados riesgos.

A las muy pocas ideas, Minions le añade un personaje nuevo, Scarlett Overkill, estereotipado y sin gracia, que no hace ningún honor a las grandes villanas del cine de animación y del cómic (de hecho, la película las niega cuando anuncia, desde un tardío 1968, que se trata de la primera súper villana). Overkill, tampoco es muy creativa a la hora de hacer gala de su maldad. Su último objetivo es cumplir un deseo infantil de robarle la corona a Isabel II, lo que ubica a la monarquía inglesa en el lugar de las ¿víctimas? Afirmación, como mínimo, ingenua.

Muchas preguntas para una película que quiere dar respuestas, pero sólo deja dudas acerca de las decisiones tomadas en el guión. Así, Minions, con villana incluida, vuela tan bajo que lo único que puede hacerse es extrañar la magnífica y ridícula obsesión de Gru por robarse la luna.

Puntaje 4 (cuatro)

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