En el documental La lluvia es también no verte la herida generacional de la tragedia del boliche Cromañón encuentra en el lenguaje cinematográfico sus mayores canales de comunicación para generar con el espectador ese puente entre la emoción y la reflexión que el ejercicio constante de la memoria requiere. Las voces que se entremezclan con el silencio de la impunidad teñida de muerte y corrupción  traen consigo la consigna de una lucha que reclama justicia.  En esta entrevista con su directora Mayra Bottero nos interpelamos sobre el lugar de la sociedad ante una tragedia evitable, el rol de los medios como deformadores de opinión y el poder de imágenes que valen mucho más que los discursos.  Te invitamos a escuchar lo que calla el silencio.

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Pablo Ernesto Arahuete: – ¿Qué te motivó a involucrarte con el episodio de Cromañón?

Mayra Bottero: – Creo que quiero hacer este proyecto desde el mismo momento en que se despertó mi deseo de ser directora de cine. Cromañón sucedió en el verano en el que terminaba la secundaria y empezaría la universidad. Un amigo, Federico, falleció en Cromañón y entonces ese verano tuvo un color completamente diferente al esperado.

 

P.E.A: – Intentaste dividir el relato en diferentes tópicos como los hechos y los testimonios de los familiares, ¿Qué criterio empleaste en la construcción del documental?

Mayra Bottero: – El eje central fue poder acercarnos a una idea de justicia, hacia la pregunta de qué significa para nuestra sociedad. En ese sentido, mi conclusión personal fue que la justicia nunca es para atrás, siempre tiene su potencia puesta en el futuro. No podía entender, antes de empezar a filmar, de dónde sacaban tanta fuerza toda esta gente, después de haber vivido tanto dolor.

Nada puede reparar la muerte. Si nos fijamos bien, la gran víctima en los hechos más aberrantes de mafias y corrupción son los jóvenes, la juventud. Por eso, en la película, hay un pequeño pasaje de rostros jóvenes, vivos, brillantes. Y entonces, en esos rostros encontré la respuesta, los procesos judiciales son muy importantes, los eventos, las películas.. pero eso alcanza si hacemos todo junto y transforma a la sociedad para decidirnos a impedir la muerte.

Ordenamos la película siguiendo las huellas de las víctimas de Cromañón, sobre su búsqueda de respuestas acerca de la justicia. En ese camino hubo tiempos de confusión, de reunión, de organización, división de grupos, investigación, procesos judiciales, sentencias… hasta este presente, en dónde la vida pide nuevas oportunidades, pero en dónde también ese pasado horroroso demanda presencia y memoria constante. Simulando ese camino recorrido, escribimos la película. La verdad es que no la dividimos por tópicos cerrados, fue más bien como hacer una trenza, como juntar canales de un río.

 

P.E.A: –  ¿Cuál fue para vos el rol mediático respecto a la tragedia una vez transcurrida la primera etapa donde se determinó la cifra de muertos en 194?

Mayra Bottero: – Nefasta, la cobertura mediática, todos estos años fue espantosa. He visto largas horas de material grabado de la televisión y te juro que te da vergüenza y ganas de vomitar. Me costó mucho. Me enojé, me enfermé de tanto ver y escuchar cómo se utilizaba a las víctimas para ocupar aire. Es espantoso cómo se vende morbo cotidiano y cómo se confunden discursos que parecen complacientes y en realidad están juzgando a las víctimas. En la gran mayoría de las entrevistas que vi, el periodista no tenía idea de lo sucedido, confundía conceptos, hechos. Se cansaron de mentir reproduciendo mitos que no tenían para nada confirmados, o lo que es peor, han repetido cuestiones que ya habían sido desmentidas. Siempre hay una construcción morbosa de la víctima, que consiste en tener compasión por alguien que vivió algo terrible pero que, a modo de mecanismo de distanciamiento, creemos que hizo algo, aunque sea mínimo, para merecerse lo que le pasó. Si por alguna razón de honestidad nos convenciéramos de que la víctima no merecía realmente lo que le ocurrió, podríamos ver que a todos nos puede pasar; si hubiera solidaridad en serio deberíamos parar todo hasta que ninguna otra mujer desaparezca de su casa. Y sin embargo, tenemos miedo, pero ese mecanismo se pone en funcionamiento y creemos que con no vestirnos de forma “provocativa”, o con ponerle GPS al celular de nuestras hijas estamos a salvo.

Con los sobrevivientes de Cromañón se hizo eso. Se los señaló hasta el cansancio como las víctimas que se buscaron el problema por entrar a un lugar así, por encender bengalas, por no irse al ver que el lugar era peligroso. Porque señalar al par, a ese que es igual a nosotros, es más sencillo. “Es igual a mi, pero no soy yo porque a mi no me pasaría”. Más difícil es señalar al funcionario publico, porque ese tiene una vida que a mi me gustaría tener. Pero sobre todo el poder político es intocable, ese tipo financia o tiene formas de accionar a favor o en contra de los medios. Entonces es un negocio bastante redondo. Los familiares necesitan la pantalla para comunicar su causa, los medios se sirven de ellos, los muestran llorar y sufrir, mientras se distrae la cuestión…

 

P.E.A: –  Imagino que también tuviste que seleccionar historias de familiares representativas ¿Cuál fue tu búsqueda particular al tomar contacto con cada uno de ellos?

Mayra Bottero: – La primera versión del documental duraba 4 horas. Entrevistamos a muchísima más gente, pero por supuesto fue imposible que todo pudiera convivir.  Cromañón es infinito, es como contar toda la historia Argentina en un solo hecho. Ojalá se terminen muchas más películas, hace falta.

Tenía vínculo con varias de las personas que entrevisté, siempre acompañé la causa. A otros los conocía de escuchar hablar de ellos, conocía algo de sus historias y me acerqué por esos pequeños relatos que me significaban imágenes potentes. A algunos me acerqué porque conocía su claridad al hablar, su entereza. A otros por lo que significan al interior de los grupos. Y a otros por simple capricho, porque me emocionaba verlos, porque con la mirada transmiten mucho más que con palabras.

 

P.E.A: – ¿Cuáles fueron tus primeras impresiones al volver al lugar con las cámaras y qué te llevás de esa experiencia como realizadora?

Mayra Bottero: – El lugar merece una película aparte. Es un agujero en Buenos Aires. Para la época en que estábamos filmando el local estaba abierto. ¡Si, el local estaba abierto!. Gente en situación de calle lo había abierto e ingresado para dormir. Y cualquiera que anduviera por la calle podía pasar. Un peligro.. toda una metáfora del estado de las cosas.

Nosotros organizamos un “grito”, una manifestación colectiva para el documental en la calle, una manera de decir en forma literal que ahí ocurrió algo que transforma los rostros y sus cuerpos. El silencio después del grito es lo que realmente llama al que mira. Fue una experiencia que agradeceré por siempre a los que participaron porque se expusieron a algo muy potente y lo hicieron por el documental… por cristalizar la memoria en el documental. Fue muy importante para mí comenzar el rodaje así.

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P.E.A: –  Tengo entendido que parte del financiamiento del documental lo hiciste a través del sistema Crowd Funding ¿En qué porcentaje del total aportó el subsidio del INCAA?

Mayra Bottero: -El documental se hizo gracias al subsidio de INCAA llamado “vía digital”. Cubrió un porcentaje fundamental que nos permitió, sobre todo, hacer el montaje y toda la pos-producción en condiciones profesionales.

P.E.A:  –  Un aspecto que me llamó la atención es la ausencia de música de Callejeros, supongo que por una cuestión de respeto hacia los sobrevivientes, ¿Cómo te manejaste vos con esta suerte de disputa entre aquellos que apoyan a la banda y reclaman su inocencia frente a los que consideran que son parte de los culpables?

Mayra Bottero: – Intenté respetar todas las opiniones. En el caso de quienes piensan que Callejeros no deberían estar imputados en la causa tuve que hacer un esfuerzo mayor, abrirme a escuchar, a intentar entender cuál es la postura. Callejeros es la cuestión más difícil de abordar porque toca las zonas sensibles. Lo que se siente no puede discutirse como lo que se piensa. El problema es cuando lo que sentís te hace moldear lo que pensás para justificar lo que sentís. No sé si se entiende, parece un juego de palabras vacío. Pero es un poco así. Por sobre todas las cosas, respeto mucho a los sobrevivientes, no soy nadie para observarlos y dar sentencias. Entonces decidí quedarme con eso que tenemos en común, y ese lugar lo encontré en el silencio.

Pero además, poéticamente, el recurso de “ilustrar” Cromañón con música de Callejeros me parecía una operación muy predecible. Muy lineal.

 La película sólo tiene dos temas musicales, uno lo hizo Delia (mamá de un chico fallecido en Cromañón) ella sabe condensar el dolor y el amor en una sola voz. El otro tema es una especie de abrazo que se da al final de la película, la pensamos como puente que se recorre suave para salir del cine. Pasa algo muy especial con esa canción, en las funciones que hicimos de pre estreno sucedió que la gente no se levantaba cuando aparecían los créditos, se quedaban a escuchar.. es como un tiempo para rearmarse y salir de la sala. La letra la hizo mi hermana, Rocio Bottero, ella la canta también. Un amigo de ella falleció en el tren que chocó en Once, nadie más que ella podía escribir la canción para mi. Loreta Neira Ocampo compuso la música y José Goyeneche hizo los arreglos.

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P.E.A: –  Decidiste aparecer en la película con la voz en off, tal vez para marcar un rumbo dentro del relato ¿En qué aspectos tu voz se emparenta con aquellas voces que fuiste reconociendo en el avance de tu investigación?

Mayra Bottero: – Valeria Racioppi, montajista de la película, me dijo un día: “todo esto que queres decir lo tiene que decir alguien, alguien se tiene que hacer cargo”. Y esa es la razón. No buscábamos que mi voz marque un rumbo, tampoco quise que haga una bajada de línea clara. Lo que sí necesitaba es que se identifique el problema, creo que los textos son reconciliadores, traen cierta calma (que es distinto a “aclarar cómo son las cosas”), provocan algunas reflexiones pero yo quería que las conclusiones las saque cada uno en su butaca del cine. Eso quería, si lo logramos nunca lo sabré.

 

P.E.A: – Como una manera de sintetizar tu documental y su temática más allá de Cromañón hacés una enumeración de otras tragedias evitables con el mismo destino, ¿Por dónde creés que pasa el tema de la justicia en relación a las causas?

Mayra Bottero: – Todas las muertes que enunciamos pudieron ser evitadas. Ocurrieron por negligencia bañada por actos de corrupción. La corrupción tiene una ecuación simple. Un poder económico se sirve del Estado en alianza con el poder político, estos utilizan las fuerzas de seguridad para llevar adelante sus negociados y enriquecerse. El ejemplo que ese poder político imparte, las aspiraciones de ese poder económico y la violencia institucional que imponen las fuerzas de seguridad corrompen a los ciudadanos y los condenan a una vida carente de dignidad, despojada de sus derechos, en conclusión, esa ecuación es la que nos somete a la muerte cotidiana. Eso pasó en Cromañón.

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