Por Pablo Arahuete

 

Eva Poncet, junto a Marcelo Burd, habían explorado el fenómeno de la inmigración desde el punto de vista del asentamiento de diferentes colectividades en la ciudad con el documental Habitación disponible -2004-. En esta ocación El tiempo encontrado -2013-, su nuevo largometraje documental, busca el despojo de la generalización para adentrarse en historias de vida de miembros de la comunidad boliviana. En esta entrevista exslusiva buscamos esclarecer el tema de la identidad y los prejuicios frente a la historia y las colectividades que habitan el suelo argentino.tiempo encontrado directores


 

Pablo E. Arahuete: – ¿Cuál fue el criterio de selección de las tres historias que forman parte de este largometraje?

Eva Poncet: – La historia principal que buscábamos tenía que ver con la comunidad boliviana y con el espacio físico. Al principio nuestra investigación nos llevó a Escobar, pero luego con la ayuda de gente de Florencio Varela, nos decidimos por este lugar. Creo que más allá de las historias, lo que buscábamos era a los protagonistas. El primero que surge es Edwin, que en ese momento trabajaba en la ladrillera. Un chico joven de 20 años, recién llegado a la Argentina y que empezaba a buscar su destino aquí. La ladrillera nos pareció impactante y durísima, pero necesitábamos contarla desde la perspectiva de alguien. Luego Edwin deja ese trabajo y comienza en un vivero. El segundo personaje que conocemos es Darío, quien trabaja en la quinta familiar que comparte con sus padres y hermanos. Además, Darío es un militante de los derechos de los bolivianos y de los quinteros. Con él se establece una relación muy profunda, porque estaba convencido de la necesidad de sacar de la invisibilidad la vida que llevan los quinteros, y el documental era el medio idóneo para su propósito. Desde este punto, su colaboración fue muy generosa y fundamental para nosotros, ya que la comunidad boliviana es esencialmente cerrada y muy desconfiada. La última que aparece en nuestra investigación es Berta. Creíamos fervientemente en la necesidad de tener una voz femenina en nuestra película. Pero por características culturales, nos costó mucho encontrar una mujer que participara. Berta no solo accedió, sino que nos abrió las puertas de su vida y de su casa con mucha convicción. Una mujer de contextura muy pequeña, pero con una fuerza física y una voluntad de progreso indescriptibles. Ella tuvo una vida muy dura, surcada por adversidades, pero depositaba toda su esperanza en que su pequeña hija tuviese una buena educación y así mejores oportunidades que las que ella tuvo.

P.E.A.: – En Habitación disponible -2004- también tocaban el tema de la inmigración, pero con otras colectividades, ¿Por qué ahora eligieron a la comunidad boliviana?

Eva Poncet: – En aquel momento pensamos trabajar con bolivianos también, pero como el eje central era la ciudad y los hoteles como opción de vivienda, la población que surgía era mayoritariamente de otras comunidades. Pero supongo que en algún lugar quedó pendiente este tema, y cuando nos volvimos a juntar para pensar una nueva película surgió espontáneamente. Sin embargo, esto nos planteaba un cambio de paisaje. Si queríamos hablar de la inmigración boliviana, teníamos que hablar de la relación de ellos con la tierra, con la Pachamama.
tiempo encontrado
P.E.A.: – ¿Consideran que desde lo mediático existe un discurso estigmatizante del inmigrante boliviano? ¿Dónde se intenta sortear esa frontera dialéctica, desde el documental?

Eva Poncet: – Creemos que le discurso estigmatizante hacia el inmigrante existe en la sociedad, y de allí se traslada a lo mediático y a otros ámbitos también. Cuando comenzamos a trabajar era un tema importante dentro de nuestras hipótesis. Pero cuando nos adentramos en los protagonistas, nos dimos cuenta que nuestra forma de pensar no era necesariamente la de ellos. Entonces fuimos muy cuidadosos de no contaminar el discurso de la película y el de ellos con nuestros preconceptos. Tratamos de tener una mirada comprensiva de la realidad que ellos viven y de sus elecciones. Normalmente no expresaban directamente su malestar por la discriminación, pero sí lo hacían a través de su desconfianza, de sus silencios y también de su forma de organización tan cerrada, endogámica. Quisimos ser consecuentes con nuestro propio discurso, y no forzar las imágenes o los diálogos para imponer ideas o pareceres. De esta manera también creemos que damos al espectador el espacio necesario para que él mismo pueda entender la vida de estas personas, que tampoco son todos los bolivianos. Y que desde esa comprensión pudiese sacar sus propias conclusiones.

P.E.A.: – ¿Buscaron identificar personas, más que representar un grupo social? ¿Por qué?

Eva Poncet: – Focalizarnos en personas concretas, con experiencias de vida únicas. Tiene que ver con romper con el discurso generalizador que habla de “los bolivianos”, “los argentinos”, etc. Nunca nos pensamos autorizados ni capacitados para hablar de la inmigración como fenómeno general. Creemos que podemos ser más honestos si no caemos en las generalizaciones, que nos llevan a hacer comparaciones, y en última instancia, a juzgar de manera parcial.

P.E.A.: – Partieron de la premisa de romper la idea de subjetividad a la hora de plantear el vínculo de la cámara con los personajes ¿Cómo manejaron la distancia con cada uno de ellos, al ser testigos de su quehacer cotidiano?

Eva Poncet: – Nuestra premisa de trabajo era contaminar lo menos posible las escenas, la vida de estas personas. Cuando se llega con un equipo de cámara esto es bastante difícil. Al principio las personas reaccionan ante eso extraño que interfiere en su rutina, pero cuando va pasando el tiempo se van acostumbrando y lo van normalizando. A partir de aquí, las escenas comienzan a fluir con mayor espontaneidad. Lo principal era tener paciencia y tenacidad. Pero también es indispensable lograr la confianza necesaria para que ellos puedan soltarse, olvidarse de nosotros y seguir con su vida. A veces se lograba la naturalidad necesaria, y otras veces costó, y mucho. EL TIEMPO ENCONTRADO FOTOGRAMA 06

P.E.A: – ¿Qué elementos les aporta como documentalistas el registro de la observación con una explícita neutralización de otros elementos narrativos como la voz en off, por ejemplo?

Eva Poncet: – Trabajar desde el registro de observación es tomar posición con respecto a aquello que se va a desarrollar. Una voz en off puede ser muy útil en algunas películas para desarrollar ideas y argumentos. Pero en este caso, queríamos mostrar la vida de estas personas, y una voz en off hubiese sido mostrar nuestra idea de la vida de ellos. Y éste no era el objetivo para nada.

P.E.A.: – Como nietos de inmigrantes, ¿En qué aspectos consideran que ha cambiado el fenómeno de la inmigración en relación al presente, respecto a lo que, por ejemplo, vivieron sus abuelos al llegar y afincarse en este país?

Eva Poncet: – Las diferencias que surgen tienen que ver con que son corrientes inmigratorias diferentes, con búsquedas diferentes. Nuestros abuelos vinieron desde Europa mayoritariamente, buscaban un futuro mejor y escapaban del horror y el hambre de las guerras. La decisión de cruzar el océano es determinante en muchos aspectos. En cambio, las migraciones bolivianas, o de otros países limítrofes, tienen otras características. Principalmente que no hay un corte tan definitorio con la tierra de origen y con la gente que ha quedado allí. Muchos de ellos van y vienen constantemente. Esto les permite entablar lazos con su identidad de otra manera, viven acá pero son de allá, y cuando están allá sienten que su casa quedó en Argentina. Por otro lado hay una idea que aprendimos a lo largo de la filmación, y que nos resultó bastante difícil de entender por limitaciones culturales nuestras. Y es que ellos se sienten “latinoamericanos”, ellos son los “pueblos originarios”, y este sentido de pertenencia viene desde muy lejos. Incluso antes de que los españoles llegasen a América. Desde esta perspectiva podría entenderse que nosotros, con nuestros rasgos más europeos, somos los inmigrantes en sus tierras. Es interesante la idea y es muy fuerte. Por supuesto que esto hizo tambalear todas nuestras hipótesis de trabajo. ¿Qué derecho tenemos nosotros para hablar de inmigrantes? ¿Dónde vamos a posicionar nuestro discurso? Y también hizo tambalear nuestra propia identidad: ¿qué significa ser argentino o latinoamericano?

P.E.A.: – ¿Cómo se construye una mirada objetiva y cómo se resiste a la tentación de marcar un rumbo hacia dónde mirar, entonces?

Eva Poncet: – Estos planteos propios nos llevaron a cuestionarnos desde dónde debíamos construir nuestro discurso. La respuesta que nos surge claramente es desde el lugar más parcial posible, tratando de borrar la línea divisoria entre ellos/nosotros, pensando el tema de la identidad como algo que nos atraviesa a todos, pero todos respondemos de manera individual y única. Por eso elegimos trabajar con historias de vida, donde hablamos de Darío, Berta o Edwin, no de todos los bolivianos. Que estas historias nos abren los ojos con respecto a una realidad que está conectada con la inmigración boliviana, seguro. Pero nuestro planteo no se dibuja como una bajada de línea concreta, sino como un lugar desde donde reflexionar. O por lo menos esa es nuestra intención.

P.E.A.: – ¿Cómo se plasma en un discurso cinematográfico en base a imágenes las connotaciones peyorativas sobre los inmigrantes y más precisamente en el caso de la comunidad boliviana?

Eva Poncet: – La discriminación es algo muy presente en la realidad de estas personas, pero también lo es en la realidad argentina en general, lamentablemente. Nuestro planteo era bucear en las respuestas que ellos mismos creaban hacia estas provocaciones. Lo que se ve en la película está en esa dirección. Ellos confrontan la discriminación a través de la resistencia silenciosa, buscan canalizar el enojo, que lo hay, a través de acciones positivas: el trabajo, los festejos culturales, la conexión con la tierra y de esa manera con los ancestros, y también cerrándose en grupos de comportamiento endogámico. Por lo menos éstas fueron las respuestas de nuestros protagonistas y sus círculos. Tal vez en otros contextos más urbanos y con otros protagonistas, las respuestas fuesen otras, muy probablemente. EL TIEMPO ENCONTRADO FOTOGRAMA 04

P.E.A.: – ¿Cuál es el límite entre la estética y la ética, según su opinión, cuando se plantean este tipo de documentales?

Eva Poncet: – Personalmente creemos que en el documental es fundamental mantener una postura ética más allá de las búsquedas estéticas. Prima por sobre todas las cosas entender que la materia prima de un documental es la realidad misma, no es una realidad inventada como en la ficción. Esto implica que cuando vemos a alguien sufrir, llorar o reír, esa persona está sufriendo o disfrutando verdaderamente. Intentar manipular esa realidad para obtener mejores resultados en pos de la película nos parece una traición a esas personas que han confiado en nosotros, y que nos han cedido de alguna manera el “poder” de plasmar sus vidas. Nuestro principal objetivo es no traicionar a aquellos que han depositado en nosotros algo tan privado y tan valioso como sus historias. A veces esto nos complica, por supuesto. Supongo que una dirección más agresiva y provocadora puede brindar resultados más eficaces para el público. Pero creemos que se pueden hacer buenas películas, sin la necesidad de dañar a nadie. Igualmente creemos que cada caso amerita una discusión particular, y que el debate está abierto.

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