Por Pablo Arahuete

7 Salamancas, opus de Marcos Pastor, transita con creatividad la difusa frontera entre ficción y documental para acercarnos como espectadores a la importancia de la transmisión oral de generaciones que buscan preservar leyendas y mitos como centros de resistencia al poder o a discursos dominantes. En esta entrevista exclusiva reflexionamos con el director sobre la importancia de la imaginación a la hora de pensar los mitos y del cine con un lenguaje cambiante y en pleno proceso.

7sala1Pablo E. Arahuete: -Desde el punto de vista estético, clave en tu película, ¿cómo construiste un universo visual con la idea del paganismo?


Marcos Pastor: Me hace ruido la idea de “paganismo”, la siento demasiado antropocéntrica o más bien, cristiano-céntrica. El relato enmarca dos grandes cosmovisiones, la cristiana y la quechua, la europea y la americana. Por lo tanto sentí que había un paralelismo posible entre este universo y cierta idea de antigüedad clásica, especialmente por la universalidad que fui descubriendo entre los mitos quechuas y los de la Grecia clásica, la figura central de “la caverna”, por ejemplo.

Estas claves visuales tan estilizadas y “colocadas” por el autor, naturalmente tenían que encontrar un lugar en que no resultaran un ruido, una molestia –no nos olvidemos que todo el tiempo era necesario convivir con la idea de “lo documental”- o una clave que confundiera más que aportara, por ello traté de focalizarlo en los segmentos más decididamente “ficcionales”, todo lo que tiene que ver con esta figura femenina que acosa al protagonista y lo visita en sus sueños.

 

P.E.A.: -¿Cuándo fue la primera vez que escuchaste historias relacionadas a La Salamanca?

Marcos Pastor: Nací y viví en Córdoba hasta los 23 años así que de entrada ya hay una ligazón muy fuerte con este mundo, o más bien con esta forma de ver la vida y el mundo, lo que verdaderamente me interesa de este proyecto y de sus personajes. Para terminar de completar el panorama, mi abuela materna que compartió con mi familia nuclear sus últimos años, nos transmitió a mi hermana y a mí estas historias desde que tengo memoria. Siempre a escondidas de mi madre, de hecho, quien le tenía terminantemente prohibido contárnoslas porque decía que “íbamos a crecer como miedosos” si las escuchábamos porque es lo que sucedió con ella. Obviamente que mi abuela Juana no le hizo ningún caso y nos cautivaba durante las siestas de verano –que son el mejor momento para escuchar estos relatos, para mi gusto- con sus historias de duendes, brujas, bichos imaginarios de todo tipo, diablos y salamancas…

 

P.E.A.: -¿En qué momento vislumbraste una película y por qué optaste por un relato fragmentado, en cuanto a la historia?

Marcos Pastor: El germen de la película nace de un encuentro casual, como gran parte de mi trabajo y de mi vida. Cuando en el año 2006 fui a llevarle a Manuel, el protagonista del relato, el DVD de nuestra primera colaboración (“Rastrojero…”) tuvimos una charla larguísima en la que me contó de sus experiencias en la zona de Santiago del Estero y Chaco como mecánico de topadoras. Como siempre su relato fue tan magistral, tan lleno de imágenes y situaciones 7salamancastremendamente cinematográficas que empecé a vislumbrar la película esa misma tarde.

Menos de un mes después, partí con Manuel y un grupo de colaboradores hacia el monte santiagueño a capturar esos instantes mágicos de los que me había hablado antes. A partir de allí, comenzó el proyecto más complejo que me ha tocado desarrollar hasta ahora, con cinco viajes de rodaje, cinco equipos diferentes en un arco de varios años. La fragmentación del material es bastante patente, pero creo que en realidad la causa profunda de la naturaleza fragmentaria de la pelicula tiene más que ver con la complejidad y vastedad del tema que con las características formales del material que la representa. A través de los largos años en que estuve montando las imágenes y sonidos tuve antes que nada que elegir algunas temáticas para preservar y muchas más para descartar. De alguna manera me parece que empecé a tirar de un hilo de ariadna a partir del cual fueron asomando: los relatos mitológicos de la zona –que son unos cuantos-, la interpretación antropológica, la mirada histórica, la mirada política, el rol de la mujer en el pasado y en la actualidad, la psicología en general y Carl Jung en particular, el relato de carácter más didáctico y las vertientes poéticas que proponía el tema… en fin, un universo entero del que podía contar solamente una parte.

 

P.E.A.: -¿Gravitó en algún momento la superstición del entorno a la hora de planificar el rodaje? Dado que estás explorando una temática ligada a la creencia y sobre un lugar vinculado con mitos y leyendas.

Marcos Pastor: Tratamos siempre de acercarnos al tema desde el respeto por esa otra cosmovisión y la interpretación de la realidad que realiza una cultura astronómicamente alejada de la nuestra –urbana, posmoderna, occidental-cristiana, etc.- por consiguiente intentamos mantener un criterio de valoración acorde con la sociedad que nos acogia. Dentro de esos parámetros no hubo nunca una resistencia de parte de los consultados, pero también tratamos de ser siempre prudentes y no forzar nada en los relatos o en los hechos, lo que se dio, apareció por sí mismo.

Pero lógicamente, sin llegar al extremo de impregnarnos totalmente de ese sentido del mundo y empezar a razonar con la misma lógica de miedo. Fuimos a todos los lugares que nuestros informantes nos indicaron que tenían alguna reputación de pertenecer a este universo y por suerte no tuvimos ninguna experiencia atemorizante… creo que hubo sólo una vez en que rehusé ir a uno de estos lugares conocidos como Salamancas, estábamos en un pequeño pueblito llamado “Los Telares”, en pleno monte santiagueño, una persona –bastante alcoholizada, además- nos juró y re-juró que conocía una salamanca y se ofreció a llevarnos en ese mismo momento. Me pareció demasiado arriesgado para el equipo en su conjunto, así que me resistí, pero fuera de eso tratamos de adentrarnos en todos los misterios que nos sugerían…

 

P.E.A.: -¿Cómo se conecta tu película con tu infancia en relación a la tradición oral?

Marcos Pastor: Como ya contaba antes, estos relatos de leyendas, mitos y misterios formaban parte de mi vida desde siempre gracias a la presencia de mi abuela. Criada en esas soledades del monte tucumano, mi abuela era un gran personaje, contradictorio como todos los buenos personajes, no? La Juana fue una mujer que no dudó un instante en cargarse al hombro sola a sus cinco hijos –enviudó siendo muy joven- y mudarse de Tucumán a Córdoba para empezar toda una nueva vida, pero tenía miedo de entrar sola a una casa vacía, porque estaba segura de que la podía atacar un “basilisco”. Este bicho viene a ser, en el relato que recuerdo de ella, una especie de “pollito maléfico”, como si fuera un hombre-lobo, digamos, uno de cada tantos pollitos sale así, y resulta que si uno entra a un rancho y ve un ‘basilisco’, el bicho muere. Pero, si entra al rancho distraído y el bicho te ve antes, te morís vos. O sea, la mirada tiene una potencia mortal, que puede decidir entre la vida y la muerte.

Este tipo de ideas eran algo lógico para mi imaginación desde que era muy niño, así que de alguna forma creo que estaba muy preparado para encarar este proyecto, al menos desde ahí. Y me parece que no es casual, porque si pensamos un poquito el único realizador argentino que ha tocado esta temática riquísima fue Leonardo Favio, quien también venía de ese mundo rural, de relatos de paisanos en la rueda del mate, allá en su Mendoza natal. No quiero con esto compararme a la estatura del maestro –o sí, quiero compararme pero sé que me falta muchísimo- pero en Nazareno Cruz y el lobo -1975- vemos todo este paisaje de leyenda: está la bruja, la salamanca, el Zupay (en su versión de Diablo estilo europeo), el licántropo, etc. Todo urdido con ese aire de ópera criolla desmesurada, con esos coros femeninos ultra-pop… una maravilla que sólo alguien criado en esos ámbitos imaginarios puede retratar sin sentirse en ridículo.

 

7salaP.E.A.: -Abjurar del cristianismo es uno de los pasos que debe seguir aquel devoto de La Salamanca, ¿Considerás que la religión cristiana es en cierta medida responsable del silencio sobre este tipo de creencia popular?

Marcos Pastor: No estoy descubriendo nada si digo que el poder que posee la iglesia católlica en América sigue siendo bastante considerable. Pensemos en lo que era hace 100 años atrás. Y 200 años atrás. E cosí via… obviamente que el culto de la salamanca fue y es secreto por una razón muy básica, si no lo hubiese sido no habría llegado hasta hoy si no que hubieran sido perseguidos y destruidos como ha sucedido con muchas otras culturas, las de la Patagonia austral, por ejemplo.

Una de las cosas que más me inspiró para realizar este proyecto fue el “ethos” de estos “salamanqueros”, de estos rebeldes, en definitiva. Rebeldes al poder más grande de su tiempo que no sólo tenía el monopolio de la fuerza de su lado sino tambien las leyes, la prensa, la sociedad, el sentido común, etc.

La idea de la Salamanca como centro de resistencia al poder invasor. Que tiene de su lado el acumulado total de la sociedad pero que no logra finalmente hacer desaparecer una idea, una creencia, un pueblo. Es una ideología que arraigada entre algunos pocos fieles se sigue reproduciendo oculta.

Escondidos en cavernas mantienen durante 400 años sus creencias frente a todos los obstáculos. Es interesante ver que esto que describo se puede aplicar a muchos pueblos y a muchas religiones, en todas las latitudes y en todos los tiempos. ¿Cómo fueron los primeros siglos de vida del Cristianismo, por ejemplo? ¿Cómo surgen las primeras iglesias protestantes? Los “Valdenses”, por ejemplo, antecesores por más de 100 años a Lutero, resisten las invasiones de los ejércitos de Roma y del catolicismo en general, refugiándose en cavernas en los Alpes italianos de los que son originarios. Y algunos de los integrantes de esta iglesa conviven hoy en día con nosotros acá en la Argentina y en Uruguay. Creo que fundamenta una idea de resistencia y lealtad a los propios ideales que me emociona y me entusiasma siempre que la reconozco.

 

P.E.A.: ¿Considerás que en las leyendas hay un culto a la ficción?

Marcos Pastor: Si, creo que en las leyendas hay un culto más que a la ficción, a la imaginación, ante todo. Las leyendas son los relatos a los que han recurrido los hombres en su génesis para tratar de explicarse el mundo. Para tratar de “dominar” –aunque sea en nuestras mentes, ya que no podemos hacerlo en la realidad- el mundo. Empezar siquiera a desntrañar el mundo, comprenderlo y a la vez, comprender el lugar que ocupa en el universo el ser humano. Son la primerísima forma de religión y de ciencia, si se me permite. Y son fundamentales porque nos permiten ubicarnos en la creación, en la vastedad del mundo. Son también la herramienta para trazarnos un sentido en la vida, en la existencia, encontrar una respuesta para preguntas básicas de la filosofía como: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Dónde estoy? ¿Qué debería hacer con mi vida? ¿Qué hay más allá de la vida? Preguntas que todos nos haremos más tarde o más temprano y que la humanidad comenzó a responder de esta manera.

 

P.E.A: -Escribiste que la tensión entre documental y ficción se expresa en el lenguaje contemporáneo, ¿considerás que la poesía es la síntesis de esta lucha?

Marcos Pastor: Me parece una muy buena opción, ojalá sea así, por otra parte, que una lucha termine decantándose en la poesía sería una resolución maravillosa para tantos enfrentamientos que encontramos actualmente. Pero aunque no pueda darse en todos los ámbitos al menos se dará en el cine…7sala2

Igualmente cuando hablo de ‘tensión’ no estoy haciendo juicio crítico o planteando un enfrentamiento en malos términos entre una cosa y otra. De hecho, en el campo del cine paradójicamente la ‘tensión’ o el ‘conflicto’ son ¡maná del cielo! Difícilmente vamos a escuchar a un cineasta quejándose porque hay demasiado conflicto en una película… nunca sobrará el conflicto, al menos mientras continuemos con este paradigma artístico-comunicacional en que vivimos y que viene desde los antiguos griegos, así que no parece haber apuro…

En todo caso creo que esta ‘tensión’ entre la ficción y el documental se da fundamentalmente en términos de “la mirada”, cómo está construida una mirada sobre un determinado tema nos dará la pauta si estamos en un terreno más ficional o documental. Esto vale particularmente para el formato televisivo, porque siento también que en el cine las cosas –por suerte- no están nunca del todo claras. Pienso que el cine, todo el cine sin distinción de géneros o formatos, tiene siempre la obligación de explorar el ‘lenguaje cinematográfico’. Descifrarlo, construirlo, deconstruirlo, llevarlo al límite. Porque ese es el único método que existe para crearlo, el cine se ha auto-construido durante toda su historia. David Wark Griffith no sabía que existía el montaje paralelo hasta que lo inventó. La división del cuerpo humano en planos de diferente tamaño no se sabía si iba a ser entendida o despreciada, el ‘montaje de atracciones’ soviético, el ‘efecto Kuleshov’, etc, etc, nada de eso existía hasta que alguien decidió probarlo y logró comunicar su intención a un público atento que comprendió la idea, participando de ese juego mental que se proponía.

 

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