Koan propone desde su experiencia sensorial al público dejarse llevar por el juego poético de sus imágenes y así participar desde un lugar no pasivo de un relato que mezcla lo onírico con lo sagrado y encuentra en una mínima historia la resonancia justa para hacerse inteligible. En esta entrevista con sus creadores, la montajista Karina Kracoff y el director de fotografía Osvaldo Ponce intentamos la búsqueda de palabras adecuadas para hablar de temas profundos y de la trascendencia a partir de las imágenes y de la percepción de la realidad. 

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Karina Kracoff y Osvaldo Ponce, autores de Koan

Pablo E. Arahuete: – Tratándose en Koan de una representación de un viaje místico o transformación espiritual, imagino que al momento de filmar existe un lazo entre la experiencia del estar ahí y la del rodar, simultáneamente ¿cómo conviven estos dos planos sensoriales cuando ustedes, en su rol de director y co director, debe decir corte y así pasar a otra escena donde es inevitable la ruptura de ese lazo?

 Karina Kracoff: – En algunas tomas era más difícil decir: ¡Corte! En otras era mucho más claro sentirlo. Algunas se diferencian por el valor más narrativo y otras por su valor más hipnótico, por supuesto estas últimas fueron las más delicadas. Además del entrar y del salir, desde la acción hasta el corte, lo que resultaba muy duro era, por un lado amar la luz que estaba aconteciendo en vivo y por otro lado casi llegar a odiarla porque se escurría.


Osvaldo Ponce: – Es inevitable vivir el plano sensorial como representación y experiencia real a la vez. De hecho hubo varias tomas en las que Karina me miraba para ver si cortábamos o si seguíamos. Karina como montajista sentía el corte, pero como yo hacia la cámara, si sentía que “algo” estaba a punto de suceder seguía filmando.

 

P.E.A.: – Un Koan supone un despojo del ego y de la racionalidad en pos de la apertura de la conciencia ¿por dónde pasa el despojo del lenguaje para atravesar el universo de las palabras, algo que se encuentra presente en la película? 

Karina Kracoff: – Siempre la idea fue hablar lo menos posible. Todo aquello que podíamos contarlo sin palabras lo conservábamos como un tesoro. Usábamos las palabras cuando no encontrábamos otra forma de hacerlo. Lo curioso es que finalmente lo dicho a través de ellas, en la mayoría de los casos, se convirtió en metalenguaje, como por ejemplo cuando Olkar dice “La forma de la luna no es un círculo perfecto”. Nos llamó la atención las frases que recordaban los espectadores que la vieron, a cada uno se le quedaba grabada alguna.

Osvaldo Ponce: – El despojo del lenguaje para mi es un hecho poético, donde la palabra cobra otro significado, se hace imagen.

 

P.E.A.: – ¿Cuánto demandó el rodaje de esta ópera prima desde la pre producción hasta la post  producción? 

Osvaldo Ponce: La preproducción fue de dos semanas aproximadamente en donde realizamos Olkar 03el scouting y el casting. El rodaje se hizo en dos etapas. En la primera etapa, en enero, filmamos tres semanas, pero no todos los días y las jornadas muchas veces eran de cuatro horas porque buscábamos la luz natural ideal en cada espacio. En la segunda etapa, en octubre, filmamos dos semanas. Incluimos más escenas nocturnas y trabajamos jornadas más largas ya que muchas escenas eran en interiores. La postproducción de sonido e imagen llevo dos meses aproximadamente.

 

P.E.A.: – ¿Qué pesó más a la hora de montar las imágenes para construir el relato no lineal, donde la atmósfera onírica juega un rol importante?

Karina Kracoff: Pesó por igual la belleza de las imágenes y lo narrativo. No era cuestión sólo de poner planos lindos. Debía haber un sentido. En el sueño que tiene Lao casi al final de la película, donde aparecen los pacientes, hay una mezcla de culpa y soledad, el sueño predice que puede Koanperder su don de sanar. Editar es como una danza, cada vez que tengo que decidir la duración de un plano, digo: “hasta acá”, lo siento en el cuerpo. También me pasa que con las imágenes que genera Osvaldo, es como si ellas solas me dijeran cuánto duran o cómo se entrelazan.

Osvaldo Ponce: La luz es un gran articulador del relato. Muchas tomas surgieron a partir de “jugar” con ella. Especialmente en las secuencias oníricas.

 

P.E.A.: – Tengo entendido que el origen de Koan se vincula con un corto, Hay una vez -2012- protagonizado por el mismo actor, Claudio Giovannoni, donde se cita un poema de William Blake ¿por qué la elección de este poeta que también aparece en este film?

Osvaldo Ponce: Creo que la poesía permite a cada lector tener distintas interpretaciones de un mismo texto. Me gusta la idea que el cine pueda hacer lo mismo con las imágenes. William Blake es mi poeta favorito por su calidad de “Visionario”. En “Hay una vez” el prólogo surgió después de filmar el cortometraje, pero en “Koan” la poesía de Blake apareció en la escritura del guión.

 

P.E.A.: – Una de las ideas de Koan, creo, se relaciona con la percepción y los límiteskoan 1 de esa percepción, también de la empatía con el otro y el mismo condicionamiento del ego ¿según ustedes cuáles son los obstáculos que no permiten alcanzar la trascendencia? 

Karina Kracoff: – No vernos ni sentirnos como Divinidad, a nosotros mismos y al otro. Por eso cuando uno saluda diciendo: “Namasté”, está diciendo: “Saludo a la Divinidad que hay en ti”. Ojalá algún día lo sienta eternamente.

Osvaldo Ponce: – Desde la infancia nos enseñan a competir y no a compartir. El ego es lo que no nos permite alcanzar la trascendencia.

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