Por Diego Martinez Pisacco

La fundacional The Texas Chainsaw Massacre (Tobe Hooper, 1974) fue una película inédita en tierra argenta durante casi dos décadas. Imposible de ser estrenada durante los años del proceso, se convertiría en una cuenta pendiente para el seguidor fiel del género que recién sería saldada -muy a destiempo y sin poder apreciar la obra en su correspondiente contexto histórico cultural- a comienzos de los ‘90s con la edición en VHS por el sello Transeuropa Video Entertainment, y con el marketinero título de El loco de la motosierra.

El origen de Leatherface: Una familia muy normal 3


También conocida como La Masacre de Texas, esta magistral exploración de algunos de los miedos más atávicos del ser humano generó un impacto notable en su época y fue una influencia innegable para toda una generación de cineastas que siempre alabó el tono realista cuasi documental de un relato tan conciso como horripilante… y para el que contó con un presupuesto prácticamente inexistente. Tobe Hooper sólo dirigió la secuela de 1986 -de Masacre en el infierno se puede decir que está más jugada al grotesco, humor negro mediante, y tiene el apoyo de una verdadera legión de fans-, pero ya era más que suficiente con la original para dejar su marca en los anales no sólo del género de terror sino del cine en general. Le guste a quien le guste.

Y hasta acá llega mi amor por esta saga. Todos los títulos que siguieron a continuación buscaron la explotación descarada de una temática que engendró… ¡cinco! filmes más entre secuelas, precuelas, remakes o reboots (si así lo prefieren). Lo mismo podría inferirse de otras franquicias como Halloween, Martes 13 o Pesadilla. Y es cierto. Pero en lo personal me parecen mejor construidos villanos como Michael Myers, Jason Voorhees o Freddy Krueger. En mi consideración Leatherface viene bastante más atrás que estos titanes de ultratumba. Es curioso cómo a casi todos ellos se los asocia con un arma en particular: Jason con su eterno machete, Freddy con su guante con garras y Leatherface con su iconográfica motosierra. Michael, por su parte, se adapta a lo que encuentre (aunque en un punto nadie le hace asco a cualquier elemento que sirva para matar).

Podría analizar estos filmes uno por uno, pero ¿para qué prorrogar la agonía? Como dato de color se puede mencionar que en La Masacre de Texas III (Jeff Burr, 1990) tuvo un papel nuestro querido Viggo “Guido” Mortensen y en El regreso de la masacre de Texas (Kim Henkel, 1994) asomaron sus frescos y jóvenes rostros Renée Zellweger y Matthew McConaughey mucho antes de forjarse un nombre en Hollywood. La remake de 2003 dirigida por Marcus Nispel era sumamente prolija y no estaba nada mal por tratarse de una El origen de Leatherface: Una familia muy normal 1producción de Michael Bay (que, eterno baboso, contrató a las infartantes Jessica Biel, Erica Leerhsen y Lauren German para que sufran los vejámenes habituales en estas películas). En La Masacre de Texas: El Inicio (Jonathan Liebesman, 2006) se despacharon con un festival de gore para pintar con brocha gorda los comienzos del Leatherface quizás más brutal que hayamos visto hasta ahora. Si algo le faltaba a la saga era debutar con el 3D y ese momento no se hizo esperar con Masacre en Texas: Herencia maldita (John Luessenhop, 2013), penúltimo eslabón que contó con la pulposa presencia de Alexandra Daddario. Quien supuso que el silencio de los últimos años era indicativo del final de Leatherface y su familia caníbal no podía estar más equivocado.

Y arribamos a la flamante La Masacre de Texas: El origen de Leatherface (2017) que no es tan terrible como uno intuía y sin embargo tampoco da para recomendarla… a menos que el estimado lector quiera experimentar algo “novedoso” como la necrofilia. Nunca había visto una escena tan explícita con este tópico en cines. Al margen de lo desagradable, realmente ya no hay límites a la hora de plantear una situación efectista. Si la idea era sorprender a su público con recursos shockeantes no cabe duda de que lo han logrado. Semejante audacia en un realizador estadounidense era llamativa. Hete aquí que no es uno, sino que son dos los directores. Y franceses ambos. Julien Maury y Alexandre Bustillo vienen trabajando codo a codo desde hace unos cuantos años con proyectos por lo general chicos. Su producción más destacada sigue siendo su ópera prima, la hiper traumática Inside: La venganza (2007). ¿Qué gratificación puede tener este dúo al apropiarse de una saga ya en decadencia y con escasas posibilidades de innovar cuando prácticamente está todo dicho? Estos cineastas todavía jóvenes han querido dejar su sello en una franquicia que es parte de su ADN (recordemos que son fanáticos del género). Ese amor no alcanza para redimir un filme sin una historia que lo sustente. No obstante, se le pueden rescatar algún que otro acierto aislado.

Luego de un prometedor prólogo donde nos dejan vislumbrar la atroz educación a la que es sometido el niño Jed (años después devenido en Leatherface) por su madre (Lili Taylor) y demás parentela, la acción se permite una elipsis de una década. Durante ese lapso, y a través de argucias legales que lo han separado de su familia, Jed permanece encerrado en un psiquiátrico donde los pacientes son tratados con métodos barbáricos por el Dr. Lang (Christopher Adamson), el tirano director del establecimiento. Estamos en los 60’s en plena era del flower power, el hippismo, Vietnam y la contracultura. Pero El origen de Leatherface no apunta a brindar un fresco de época sino a darle una ambientación que potencie la antinomia entre los ideales que fluían por ese entonces con la carnicería estilo Grand Guignol que es moneda corriente en esa familia de una zona rural cuyas características tuvieron su fuente de inspiración en Ed Gein, el mismo personaje que Robert Bloch utilizó para darle forma al Norman Bates de Psicosis.

Tras una rápida presentación de los personajes principales, el guionista Seth M. Sherwood no El origen de Leatherface: Una familia muy normal 4pierde el tiempo en generar una excusa para que varios desequilibrados se den a la fuga con una enfermera de rehén. Quien sale a tratar de capturarlos es el oficial de policía Hartman, quien se la tiene jurada a la familia de caníbales por razones que omitiremos contar aquí. Hartman (interpretado por el otrora joven rebelde Stephen Dorff) no tiene interés en cumplir con las leyes, su credo está más bien fundado en el ojo por ojo y así las cosas la fuga para él es un regalo del cielo. El tipo está más motivado que Charles Bronson sumando todas las películas de El vengador anónimo.

Este enfrentamiento propicia instancias de gran violencia donde aúnan una saña absoluta con un sadismo reflejado con lujo de detalles por la fotografía de Antoine Sanier. Los realizadores no temen sumergirse en lo revulsivo -recordemos el pasaje necrofílico- y no les tiembla el pulso a la hora de sacudir al público con las imágenes más feroces que puedan concebir en 87 minutos que transcurren con cierta agilidad. El guion se guarda un par de sorpresas para el último acto que si somos buenos podemos calificar como ingeniosas (si somos malos apenas previsibles). Como suele suceder en el género el final es impiadoso y, en este caso puntual, poco original. La intensidad ayuda a disimular sus flaquezas: entre tantas mencionaré que, con la excepción de la enfermera, todos los demás personajes resultan detestables. Si mueren o no, no le importa a nadie. Siendo así, El origen de Leatherface cae de lleno en un terror mecánico, burdo, desalmado, al que no podría salvar ni el director más talentoso.

El origen de Leatherface: Una familia muy normal 2Título: La Masacre de Texas – El Origen de Leatherface.
Título Original: Leatherface.
Dirección: Alexandre Bustillo y Julien Maury.
Intérpretes: Stephen Dorff, Lili Taylor, Sam Strike, Vanessa Grasse, Finn Jones. Jessica Madsen y Sam Coleman.
Género: Terror, Precuela.
Clasificación: Apta para mayores de 18.
Duración: 87 minutos.
Origen: Estados Unidos.
Año de realización: 2017.
Distribuidora: SBP Worldwide.
Fecha de estreno: 30/08/2018.

Puntaje: 5 (cinco)

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