Por Francisco Nieto, corresponsal Cine Nueva Tribuna, España

Un mes después de conocerse El cuento de la Princesa Kaguya, de Isao Takahata, Cinemark nos acerca otra muestra de la maestría del Studio Ghibli la hora de abordar sus trabajos; con la contrariedad, eso sí, de que El recuerdo de Marnie se recordará, valga la redundancia, por ser la última película anunciada por los estudios antes de anunciar su cierre temporal en cuanto a producción de obras visuales para cine se refiere (según los responsables del estudio se trata tan sólo de un periodo de pausar para reflexionar sobre su futuro).

Jubilados ya Miyazaki y Takahata, las dos puntas de lanza que dieron nombre y renombre a uno de los iconos de la animación contemporánea, el relevo generacional parecía caer en el hijo del primero, Goro Miyazaki e Hiromasa Yonebayashi, quien ya había demostrado maneras hace un lustro con Arriety y el mundo de los diminutos, su debut en el terreno del largometraje animado.


El recuerdo de Marnie: La herencia del viento 2

Entre la desidia del primero, a quien parece que le afecta sobremanera que la sombra de su progenitor sea demasiado alargada (tal y como se puede comprobar de primera mano en sus declaraciones en el imprescindible documental The Kingdom of Dream and Madness) y además no acabó de despuntar como director ni en Cuentos de Terramar (2006) ni en La colina de las amapolas (2011), y la certeza de que el segundo, aunque se haya desvelado como alumno aventajado nunca vaya a alcanzar el mismo nivel que sus maestros, ha llevado, junto al elevado coste que supone la idea de seguir manteniendo un tipo de animación artesanal frente al imparable avance tecnológico, a tomar una decisión que provocó que millones de fans (entre los que nos encontramos) acabaran tirándose de los pelos.

De entrada ya podemos decir que El recuerdo de Marnie no es, ni de lejos, la mejor de las producciones que haya parido Ghibli a lo largo de su historia, y sus débiles resultados en taquilla tras su estreno parecen querer darnos la razón. No sabemos si por un intento desesperado de atraer a nuevas audiencias más adultas o bien porque las ideas se acaban agotando, pero lo cierto es que a la película le cuesta encontrar el tono adecuado. De todas maneras, que nadie piense que estamos ante una producción desechable, sino todo lo contrario. Una obra menor de Ghibli le da mil vueltas a la mejor de las superproducciones animadas de cualquier compañía de prestigio (exceptuando Píxar, que raya al mismo nivel).

Aquí todo parece más serio y se acentúa en demasía el carácter melodramático de una trama demasiado socorrida. Basada en una exitosa novela para niños escrita por la autora británica Joan G. Robinson (de la que también se hizo una serie de televisión titulada Jackanory),se trata de uno de los muchos proyectos de Hayao Miyazaki aparcados desde hace tiempo que se decidió que viera la luz en manos de otro realizador.

La protagonista es una niña con problemas de asma que es enviada por su madre adoptiva a casa de sus tíos que viven en un pequeño pueblo. Allí, con la idea de poder respirar un aire más puro y curarse de su enfermedad, se dedicará a dar vueltas por el lugar y a realizar actividades tan relajantes como la pintura y la lectura. En uno de sus paseos conocerá y acabará entablando amistad con otra niña que también sufre otro tipo de dificultades de ámbito doméstico.

Aunque en teoría nos hallemos ante un film dirigido al público familiar sorprende la cantidad de temas delicados que se tratan: la soledad, la adopción, la necesidad de crear enlaces, la transmisión generacional, el poco respeto hacia las actitudes más sensibles… todo presentado de una manera rotunda e inteligente y con cierto aire a cuento de terror gótico.

Los ecos a obras como Otra vuelta de tuerca de Henry James y a algunas películas de El recuerdo de Marnie: La herencia del viento 3Hitchcock como Vértigo o Rebeca sobrevuelan por todo el relato, y lo que al principio se podría considerar como un film vitalista y alegre va mutando paulatinamente en pura melancolía y desemboca en algo mucho más oscuro y, por qué no decirlo, hasta un punto tétrico (las escenas finales que acontecen en el silo son de lo más lúgubre y triste que uno recuerda en la filmografía de Ghibli). El giro final de los acontecimientos podrán sorprender a más de uno, pero no por eso deja de ser harto original y da sentido a todo lo expuesto con anterioridad.

Y por supuesto el aspecto visual, marca de la casa, es extraordinario, seduciendo la retina del espectador sin eclipsar para nada el desarrollo argumental. A muchos les sonará parte de su banda sonora, y es que en el momento más álgido del film, ese en el que las dos amigas bailan a solas en las afueras de la mansión, lo que suena no es otra música que una versión de los Recuerdos de la Alhambra, compuesta por Francisco Tárrega, que también se utilizó hace años en Los gritos del silencio, arreglada en aquella ocasión por Mike Oldfield.

En definitiva, una película harto recomendable que podría haber resultado esencial pero que no acaba de trascender debido al tono prolijo de su narración, trufada de elementos en ocasiones demasiado emocionales. Ojalá la temporada de barbecho que ha decidido tomarse el estudio sea más corta de lo previsto y podamos volver a disfrutar de nuevo de estos auténticos regalos filmados.

El recuerdo de Marnie: La herencia del viento 4Título: El recuerdo de Marnie.
Título Original: Omoide no Mânî.
Dirección: Hiromasa Yonebayashi.
Voces originales: Kasumi Arimura, Sara Takatsuki, Nanako Matsushima y Susumu Terajima.
Género: Animación, Drama, Familia.
Clasificación: Apta para todo público, con leyenda.
Duración: 103 minutos.
Origen: Japón.
Año de realización: 2014.
Distribuidora: Cinemark.
Fecha de estreno: 02/10/2018.

Puntaje: 7 (siete)

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