Por Pablo Arahuete

La diáspora del pueblo judío siempre ocupa lugares de reflexión y preguntas sobre la identidad y las heridas que deja entre otras cosas un destierro. También, de los modos para resistir en suelos ajenos y crear las condiciones para que una tradición no quede en el olvido. La experiencia judía como su nombre refleja es el resultado de la experiencia del director Miguel Kohan en su proyecto de búsqueda de rastros de la diáspora conectada con los judíos que escaparon de la Inquisición hacia remotos lugares y territorios desconocidos. En esta entrevista exclusiva pudimos ampliar el horizonte de este singular documental, que a continuación compartimos con nuestros seguidores.

Miguel Kohan: No quería hacer un documental didáctico sino vincular la experiencia de contagiarme por la atmósfera 2


 

Pablo Ernesto Arahuete.- Más allá de la génesis de la identidad judía, ¿Cuáles fueron las motivaciones personales que terminaran por concretar este documental?

Miguel Kohan.- Bueno, las motivaciones personales están vinculadas, básicamente, a una imagen que conservo de chico, que es la de mi familia de Basavilvaso, Entre Ríos, que cuando los iba a visitar estaban vestidos de gauchos. Esto que en aquel momento era algo natural porque era una visita familiar normal, cuando fui creciendo y pasó la vida esa imagen empezó a convertirse en una interrogación, desde el sentido de cómo podía ser que pudieran coexistir el ser gauchos y judíos. La imagen, con el tiempo, se unió a un encuentro que tuve con un libro que se llama “América colonial judía”, del historiador Mario Kohen, quien me lo había regalado cuando mostré “Salinas grandes” en el Espacio Universitario como invitado. El contenido de ese libro que está vinculado a la historia no contada de la Inquisición en América, por los judíos sefaradíes que escaparon de la Península ibérica, empezó a conectar un poco con esa imagen mía de una diáspora judía rumana, huyendo del zarismo y viviendo en Entre Ríos con esta diáspora de los judíos que huyeron de la inquisición y que luego se completó cuando conocí al historiador Mordechai Arbell en Jerusalem. Allí me transmitió un poco toda su investigación sobre los sefaradíes que habían logrado sobrevivir en la selva en Surinam; entonces, empezó a tallar en mí una pregunta relacionada con la cuestión de la diáspora judía en distintos lugares, en distintos espacios, en distintas épocas. Hay un tema con el judío que para mí tiene que ver con esta capacidad de desdoblar fronteras y de hacer del exilio su asiento. Entonces, todo eso, más el legado de Mordechai Arbell, quien me dejó una gran cantidad de fotos y en la entrevista que tuve con él un apasionante comentario sobre su investigación, me motivaron a realizar este documental.

P.E.A.- ¿Cómo se termina concretando el proyecto y qué elegiste contar con tanta información y experiencias personales entre los viajes?

Miguel Kohan.- El proyecto llevó casi más de 18 años para su realización. Por supuesto que estos 18 años no estaban vinculados a un rodaje permanente, sino a investigaciones esporádicas; a ir engrosando una carpeta con la investigación que se hacía y cada tanto encontrar productores asociados, etc., la posibilidad de o bien desarrollarlo o al menos de generar un rodaje. Esto se fue haciendo muy largo, pasé por muchas situaciones, entre ellas la falta de interés. En fin, no tuve respuesta por muchos años, hasta que un día por un encuentro casual en un evento de co-producción internacional en Bs. As., que se llama Ventana Sur, me encontré casualmente con alguien -digo casual porque esa persona estaba buscando un cóctel de la Embajada de Uruguay y yo estaba dirigiéndome justo hacia allí- y nos pusimos a charlar. Esta persona me empezó a preguntar sobre mis proyectos hasta que en un momento le comenté esta idea, y al escucharla me invitó rápidamente a participar de un Work in progress de un Festival judío en Punta de Este. Ahí me presenté y gané el primer premio de ese. Y eso me permitió acceder a un público que en ese momento escuchó muy atentamente, pero uno de ellos además de escucharme mostró interés en participar, así que entre la participación de la Escuela Ort de Uruguay, cuya directora se interesó y nos dieron un apoyo para dar el puntapié inicial al proyecto; después, la entrada de un productor asociado que se llama Daniel Dunkerman. Así se completó la posibilidad de que este proyecto finalmente arrancara.

La selección del material, no obstante, fue una tarea muy ardua porque había mucha información, como se dice en el medio “la información dura”, muy interesante por cierto, pero la verdad que en un punto yo no quería que el proyecto se convirtiera en una película de estilo didáctica y eso se soslayó en la medida en que los actores sociales fueron realmente muy interesantes porque ellos han transmitido sus conceptos y su visión del mundo de una manera muy verosímil, espontánea, fresca y eso le dio a mi proyecto algo que me interesa mucho que es una atmósfera, una coherencia en lo que tiene que ver con la experiencia. Por eso también la película se llama: “La experiencia judía”, porque yo valoro mucho la conceptualización a partir de la experiencia y creo que estos actores sociales, en la medida que hablaban de lo que ellos habían experimentado o ellos mismos siguen investigando -porque ellos son investigadores de esto que se está develando ahora, la historia no contada de los judíos en la época de la Inquisición-, esa sorpresa que ellos tienen me pareció que tenía un valor cinematográfico importante y eso es lo que prevaleció a la hora de elegir los materiales.

P.E.A.- En el caso de las diásporas judías: ¿Considerás que en cada territorio al que llega el pueblo judío se asienta para volver a sembrar sus raíces, o existen casos donde no sienten tal impulso de asentamiento?

Miguel Kohan.- Es una pregunta difícil. La verdad es que yo no sé si a cada territorio al que llega el pueblo judío, cualquier territorio, es pasible de sembrar sus raíces o que haya uno en que no lo haya hecho. Desconozco en qué casos no hubo necesidad de asentamiento o que se tuviesen que ir, pero lo que puedo decir es que aquello que encontré en esta película fue el tema de las diásporas judías, entre la diáspora que despierta en parte la motivación de mi película, la surgida a través de la imagen de mi infancia de mi familia vestida de gaucha y que habían emigrado de la Rumania zarista. Entre esa diáspora y la de la Inquisición en el continente americano huyendo de esa Inquisición, hay nexos, puntos en contacto a pesar de la distancia en el tiempo; a pesar de ser de distintas geografías y lugares, hay algo vinculado al judaísmo que tiene que ver con la capacidad o necesidad de desdoblar fronteras y la capacidad de hacer del exilio su asiento para poder sobrevivir como dije antes.

Miguel Kohan: No quería hacer un documental didáctico sino vincular la experiencia de contagiarme por la atmósfera 3

P.E.A.- ¿Cuál o cuáles son tus métodos para la investigación en tus documentales, en los que se puede reflejar entre otras cosas rigor en materia de datos y un trabajo meticuloso?

Miguel Kohan.- No sé si llamarlo un método a la hora de iniciar un proyecto, no sé si llamarlo un método al tema de la investigación si hay algo que está encuadrado con alguna regla específica, pero lo que sí puedo dar cuenta es que mi deseo esté siempre vigente en aquello que me interese investigar, que sea el motor principal el deseo de saber y el deseo de dejarme contagiar por espacios, por lugares, por sensaciones, por aromas, por músicas, con aquello que me interesa saber. No es que me acerco desde la palabra solamente, sino que intento acercarme desde otros lugares para que todo lo que yo voy percibiendo me genere un saber, pero que esté más allá de la palabra y lo pueda representar en una imagen. Esa es la manera en cómo hago el abordaje sobre los temas que me interesan y para mí es muy importante establecer un vínculo con aquellas personas que aceptan la aventura de compartir una investigación. Me parece muy importante, tener un ida y vuelta en donde finalmente la narrativa, el discurso que se va construyendo, es la resultante de un trabajo en conjunto.

P.E.A.- ¿Cuáles son, según tu experiencia en género documental, los puntos claves que potencian el sentido de realizarlo en lugar de recurrir a historias de ficción sobre temáticas parecidas?

Miguel Kohan.- Yo no sé si hay un punto clave para todos; no sé si podría generalizar porqué uno hace un proyecto documental y no una ficción. Lo que puedo decir es lo que se despierta en mí, está un poco vinculado con una Clínica que yo doy de cine que se llama “Sobre un cine sin nombre” y me voy a remitir un poco a la historia del cine para contestar esta pregunta. Cuando aparece la primera cámara en la humanidad, la primera posibilidad de un registro de imagen en movimiento son los famosos y tan conocidos como el tren que llega a la estación, los obreros saliendo de una fábrica, y tiempo después algunas personas empezaron a contar algo, a hacer el famoso cuentito y a guionarlo. Ahí se lo llamó ficción. Entonces, todo lo que hubo antes, desde que se empezó a ficcionar y a contar una historia para atrás, eso siempre fue “un cine sin nombre” y ese cine sin nombre es el que más me interesa abordar. No me importa si es un documental o una ficción, por lo menos en este tipo de proyectos en donde no hay un guión prestablecido, sino el deseo como motor de una investigación y que va al encuentro de actores sociales con los cuales tiene esa capacidad de verosimilitud, de saber transmitir sus valores y darle una coherencia a la película, porque de esa manera se va creando un universo creíble y también genera un afinamiento de la intuición de elementos que empiezan a aparecer como reveladores. Esa imprevisibilidad y ese momento revelador, que puede tener lo que es este tipo de cine mal llamado documental es lo que me fascina y me resulta muy reconfortante, estar en ese tipo de abordajes. De todos modos, tengo que aclarar que este año estoy ya desarrollando mi proyecto de ficción, pero que está basado en una película documental y que espero poder concretar a fin de año o el próximo año.

P.E.A.- Tengo entendido que ahora te encontrás en otro proyecto que gira en torno a la movida cultural llevada a cabo por el proyecto M.I.A. con uno de sus referentes directos, Lito Vitale ¿Qué se puede adelantar en cuanto al abordaje, en el sentido cultural o musicalmente hablando?

Miguel Kohan.- Con respecto a mi próximo proyecto llamado Rivera 2100 no puedo ni debería hablar demasiado antes de la concreción de la película, que ya está en una etapa de montaje. Lo que puedo decir es que estoy muy halagado porque fue una convocatoria del propio Lito Vitale para dirigir la película y excelentemente acompañado por una productora muy buena que es Baraka cine. La verdad que el género musical me sienta bien, es un lugar que me gusta, ya tuve la experiencia de Café de los Maestros y por una extraña razón hay algo en esta película que me lo recuerda, que es ese lenguaje musical al que uno intenta acercarse, quizás en este lugar no es la palabra pero creo que es válido también, de una manera didáctica y ese sería el desafío mayor. Así que el abordaje está en pleno proceso, es muy interesante y como dije antes la verdad es que me siento muy contento de estar en este nuevo proyecto.

 
Ver crítica de La experiencia judía, de Basavilbaso a Nueva Ámsterdam

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