Por Maximiliano Curcio

¿Film noir o no? Mito intocable de la historia del cine, obra cumbre para una época convulsionada en el mundo, Casablanca (1942) será por siempre un emblema del Hollywood clásico. Inolvidable por donde se la analice, apreciar Casablanca resulta una experiencia única. Quizás la mayor virtud en donde reside la enorme grandeza de este film es en la sorpresa que aún genera, a casi 80 años de su estreno.

En su momento, Casablanca eludió a todos los cánones del momento, en donde una película que retratara la época de guerra seguramente se convertiría en una cómoda propaganda antinazi. Nada de eso, este film es mucho más: es una gran historia romántica dotada de Casablanca: Eterna fascinación 3elegancia y distinción gracias al talentoso aporte de Michael Curtiz. Con la Segunda Guerra Mundial como contexto, Casablanca resulta una ciudad de fácil acceso, pero casi imposible de abandonar, en medio de la amenaza nazi. Allí transcurrirá esta historia idealista acerca de dos antiguos amantes que vuelven a unirse brevemente en el caos de la guerra.


Basada en la obra teatral “Todos vienen al café de Rick”, los autores nunca llegaron a estrenar en escena esta puesta hasta que el productor Hall Wallis compró los derechos para llevarla a la gran pantalla. Luego de pensar en William Wyler para las labores de dirección, finalmente la responsabilidad recayó en el realizador húngaro Michael Curtiz (nacido Manó Kertész Kaminer), responsable de clásicos como El capitán Blood (1935), La carga de la brigada ligera (1935), Las aventuras de Robin Hood (1938) o Alma en Suplicio (1945). Existen lenguajes fílmicos distinguidos, símbolos cinematográficos inconfundibles que combinan la pasión con la emoción. Allí radica el encanto de Casablanca, una auténtica clase maestra de cómo manejar los rubros técnicos de un film para crear poesía visual en blanco y negro.

Esta película está hecha de diálogos ingeniosos, miradas intensas, encuentros efímeros y rostros agridulces que intentan cambiarle el destino a una historia cuya suerte está comprometida en medio de un clima hostil, de guerra y represión. El lirismo y la poesía que revisten al film, de forma más que apreciable, sellan el trazo autoral de Curtiz y su capacidad para encontrar metáforas que grafiquen esta trunca historia de amor. La pareja protagónica de Humphrey Bogart e Ingrid Bergman tiene un lugar en la historia grande del cine, y en esta película demuestra incontrastable química.

El gran Boggie se sale de su rol de detective duro y clásico que le veríamos en aquellos años Casablanca: Eterna fascinación 4’40 en films como El Sueño Eterno para ponerse en la piel del prototipo de antihéroe: perdedor, solitario, melancólico y sentimental. Bergman, por su parte, aporta en el esplendor de su carrera toda su belleza para darle a la historia la indispensable continuidad. Haciendo gala de un status de estrellas mundiales incuestionables, es curioso que el dúo interpretativo no volviera a compartir pantalla.

Captado con el realismo y la intensidad del cine negro, en la intriga y la atmósfera de leyenda que contiene el “Rick’s Cafe” se condensa la magia de un film único. Sumado a la impecable banda sonora de Max Steiner, el inolvidable y nostálgico “As Time Goes By” de Dooley Wilson y una “Marsellesa” entonada como nunca antes, la música de Casablanca nos hechiza de principio a fin.

Casablanca: Eterna fascinación 1Título: Casablanca.
Título Original: Idem.
Dirección: Michael Curtiz.
Producción: Hal B. Wallis y Jack L. Warner.
Guión: Julius J. Epstein, Philip G. Epstein y Howard Koch.
Dirección de fotografía (ByN): Arthur Edeson.
Música: Max Steiner.
Montaje: Owen Marks.
Intérpretes: Humphrey Bogart, Ingrid Bergman, Paul Henreid, Claude Rains, Conrad Veidt, Sydney Greenstreet, Peter Lorre, S.Z. Sakall, Madeleine LeBeau y Dooley Wilson.
Género: Drama, Romance, Guerra.
Duración: 102 minutos.
Origen: EE.UU.
Año de realización: 1942.

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