Por Pablo Arahuete

La extrañeza del documental Encandilan luces, viaje psicotrópico con Los Síquicos Litoraleños implica por un lado encontrar otra manera de ser testigos del derrotero de un grupo que hace música, pero también de la exploración de territorios musicales periféricos o alternativos del NEA. Por eso nada mejor que su director Alejandro Gallo Bermúdez nos cuente la proeza.

Pablo Ernesto Arahuete:- La idea de seguir a esta banda litoraleña imagino rompía de cierta manera el misterio detrás de esa fuente inagotable de sonidos ¿Cómo manejaste con ellos esa delgada línea entre lo expuesto y lo no expuesto?


Alejandro Gallo Bermúdez: –La película planteó su propia dinámica apenas la empecé. El puntapié del documental fue en 2009 cuando desde un centro cultural de Holanda encuentran sus videos de Youtube y los invitan todo pago a hacer su primera gira, que resultó ser por los Países Bajos. Ahí dije: bueno, no sólo a mí me parecen geniales. Vendí mi auto, me compré una cámara hdv, un pasaje y los acompañé durante toda la gira, filmando todo. Todo. Cuando volví me di cuenta que muchísimo material no funcionaba, principalmente porque ellos no estaban a gusto. Las presentaciones en vivo eran de una potencia visceral que contagiaba a la cámara, pero luego, cuando la prendía en otra situación, se generaba una incomodidad que hasta a mí me incomodaba. Me di cuenta a qué se debía: no querían que les saque el disfraz, inconscientemente no querían que los baje al plano terrenal. Lo que me llevó a replantearme la manera de retratarlos, lo que podría haber sido un grave inconveniente para cualquier documental, se transformó en una interesante particularidad. Eso determinó la alquimia audiovisual de la película: cuánto poner, cuánto explicar, cuánto no. ¡Además gran parte del material que filmé en esa gira por Europa se quemó en el incendio de la casa de una ex novia! Otra cosa que quería era que la película sea también un viaje sensorial para el público, y que luego de verla quiera seguir su propio viaje, que llegue a su casa y los busque, y se pregunte si son reales, que escuche sus discos, sus programas de radio, vea sus videos, porque el material de Los Síquicos es inabarcablemente rico. Y a veces los rockumentales pecan de sobreinformativos, y le quitan el misterio a los músicos. Por ejemplo, hace poco vi uno de Nick Cave, que el loco aparece en todos los putos planos, aunque sea de referencia. Terminó y dije: listo, ya tengo mi cuota completa de Nick Cave por un buen tiempo. ¡Y antes para mí era un vampiro!

PEA: En el título la palabra Encandilan aparece en primer lugar ¿Qué fue lo que terminó por encandilarte al tener ese primer contacto con una presentación de ellos en vivo?

AGB: –La primera vez que Los Síquicos Litoraleños tocaron en Buenos Aires (y fuera de Curuzú Cuatiá), yo estaba ahí por casualidad. Fue en 2005, en un festival en una fábrica recuperada de Parque Patricios. Fue una noche que marcó mi vida. Nunca había visto o escuchado algo así. Era un sonido nuevo, traído desde la periferia rural, y de una autenticidad abrumadora. Era chamamé, pero al mismo tiempo no lo era, se estiraba tanto sin romperse que resultaba inclasificable, pero indudablemente era del Litoral. Estaban disfrazados con túnicas y máscaras hechas con bidones de gasoil. El humo de los choripanes que se cocinaban a metros del escenario constituían una perfecta escenografía. Por mucho tiempo no supe más nada de ellos, no sabía si había sido real o una alucinación. Hasta que desde Curuzú lograron comenzar a subir sus primeros videos que impactaron en los lugares más disímiles del planeta, como Medio Oriente, Vietnam, Estados Unidos, Japón, Europa. La frase Encandilan Luces es parte de un tema de Los Síquicos y para mí resume toda la experiencia de la película: su música y su impronta encandilan, encandilan las extrañas luces del cielo en las noches de Curuzú, te encandila el sol al consumir psicotrópicos.

PEA: Por momentos la estructura y registro de tu documental tiene algún símil con los falsos documentales, indicios de testimonios de cabezas parlantes no muy conocidas por el gran público ¿Pasó por tu cabeza el conflicto que podía darse en la dicotomía real o ficticio forzado?

AGB: –Cuando les mostraba a amigos o amigas los videos de Youtube de Los Síquicos la reacción siempre era la misma: ¿pero son músicos o son actores? Con lo cual desde un comienzo y sin hacer nada ya estaba planteado el interrogante. Pero no quise acentuar eso, ni construir sobre esa ambigüedad porque justamente iba a resultar forzada. Todas las personas que aparecen hablando son reales, personajes de Curuzú Cuatiá que tenían algo para decir. Pero ya poner a alguien que no está acostumbrado adelante de una cámara, cambia su cotidianidad, y se produce un estado nuevo que bien podría ser interpretado como ficción. Me gusta eso, porque el pueblo es también un personaje, una voz grupal, como un cronista de su tiempo y espacio. Además nunca vi un falso documental, salvo This is Spinal Tap. Ah, y la Era del Ñandú. Bueno, vi dos.

PEA: ¿Por dónde considerás que pasa la referencia o comparación de este grupo al cual apodaron como Pink Floyd de los pobres? ¿No hay cierta exageración en ese paralelismo con la mega banda Británica?

AGB: –La verdad es que no sé cuál es la génesis de ese apodo, “El Pink Floyd de los Pobres”, pero la gente comenzó a llamarlos así a través de Youtube, en diferentes partes del mundo. En primer lugar en su región natal, en el NEA, donde inspiraron una rupturista escena musical, de gurises que se intercambiaban los mp3 de Los Síquicos en cds y después armaron sus propias bandas. Hace varios años les editaron un vinilo llamado “Sonido Chipadélico” una coproducción entre el Líbano y Estados Unidos (algo que ni la ONU logró hacer), y Mark Gergis (de Sublime Frecuencies, sello que edita música extraña del planeta) escribió la información de la contratapa y ahí los nombra como “El Pink Floyd de los Pobres”, pero es algo que yo ya había escuchado. Creo que antes Inrockuptibles sacó una nota de Los Síquicos con el mismo apodo. Clarín también. Para mí no es exagerado porque ellos están viviendo esas condiciones, con lo cual no hay duda de que es sincero. Con los pocos elementos que tenían a su alcance, desde la limitación de la periferia, lograron generar un sonido nuevo, quizá de ahí viene la comparación. Y además no surgió de ellos, fue un mandato popular, por así decirlo. Recuerdo una persona en Curuzú me dijo en cámara que para él Los Síquicos son “los Beatles del Chamamé”. Ja, ya eran demasiadas comparaciones y no me animé a ponerlo en el corte final.

PEA: ¿Cómo terminan conviviendo una banda under del norte Argentino con un fenómeno musical de vanguardia respetado en círculos periféricos europeos?

AGB: –La historia de Los Síquicos es una sumatoria de casualidades desopilantes. Cuando llegó la internet a Curuzú, comenzaron a subir sus videos caseros, a cuentagotas porque la conexión de los locutorios era malísima, y así como a mí, eso repercutió en varias partes del mundo y fue hermoso, cuando el profeta Youtube no se entrometía poniendo publicidades cada cuarenta y cinco segundos. Se expandió la información así como las esporas de un cucumelo, que algunos dicen que viajan por el espacio. También está la historia de un programador de un espacio cultural de Rotterdam que llegó a Buenos Aires, fue a una disquería del centro y pidió escuchar lo mejor que se estaba haciendo en Argentina. Entre otras cosas, le hicieron escuchar el primer disco de Los Síquicos y no lo dudó, fue a Retiro y sacó un pasaje para Curuzú. Por el calor y la humedad extremos duró nomás un día en el pueblo, pero conoció a los chicos y los ayudó en la primera gira. Ahora en noviembre van para allá por cuarta vez y eso me llena de alegría, porque vuelven con euros y eso los ayuda a estar más tranquilos económicamente, y a tener tiempo de componer sin tener que salir a alambrar por monedas.

PEA: Dijiste que se hicieron amigos con los miembros de Los Psíquicos… ¿Influyó en cierto sentido sobre el proceso y montaje final de este documental debut?

AGB: –Desde que los conocí en 2005, se convirtieron en mis amigos, y eso va más allá de una película. Vivieron en mi casa, tanto cuando vivía en Buenos Aires como ahora en Salta, yo viví en la de ellos en Curuzú. Compartimos millones de cosas que nada tienen que ver con el documental, más importantes como la vida. Y como son mis amigos les iba mostrando lo que iba haciendo, que tampoco lo tenía tan claro desde un comienzo, sino como todo proceso lo fui descubriendo en el camino. Creo que coincidíamos en lo que no queríamos: no queríamos una película larga, no queríamos que sea muy explicativa, y sobre todo, no queríamos una película solemne. La solemnidad es mi enemiga. Entonces cuando nos pusimos de acuerdo tácitamente en esas cosas todo fluyó. Sin embargo creo que a ellos les hubiera gustado una película más extrema, yo por otro lado, no quería que sea hermética, sólo para un nicho de gente que les gusta la música experimental. Quería contar una historia de alguna forma universal, que reflexiona sobre el camino o el no camino elegido por cualquier hacedor para desarrollar su potencial, sea músico, arquitecto o panadero. Seguramente hay alguna parte del documental que no les gusta del todo, pero siempre respetaron mi visión como director. Igual debe ser difícil que te sigan con una cámara. Yo los sacaría cagando a los dos minutos.

Crítica de Encandilan luces, viaje psicotrópico con Los Síquicos Litoraleños.

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