Por Pablo Arahuete

En épocas donde se debate la influencia de la tecnologización en las fuerzas laborales, existen oficios que no solamente corren peligro de extinción sino que nos conectan con el pasado y más aún con nuestra propia historia. Linotipistas y talleres gráficos, cartelería y trabajos artesanales de impresión móvil forman parte de este eslabón perdido, que gracias al documental Los últimos (ver crítica) renace. En esta entrevista los responsables, Pablo Pivetta y Nicolás Rodríguez Fuchs, nos cuentan esta aventura.

Pablo E. Arahuete: -Pablo, ¿Cuándo nació tu afición por los tipos móviles?


Pablo Pivetta: En 2010 estaba de ayudante en una cátedra de diseño en la FADU. Una chica que había trabajado con tipos móviles durante todo el año llevó letras de madera y plomo como regalo el último día de clases. Era la primera vez que veía esas letras. Al tiempo me compré un mueble de imprenta lleno de letras en Mercado Libre y cuando lo fui a buscar quedé fascinado con el lugar y las historias del imprentero. Así, empezó la obsesión por documentar esos talleres. Nos juntamos con Nicolás, que viene de familia de imprenteros, y empezamos a filmar todos los lugares que nos enterábamos seguían usando esa tecnología.

Pablo Pivetta y Nicolás Rodriguez Fuchs: 1P.E.A.: – ¿Qué relación tiene la actividad de los imprenteros con la historia gráfica argentina y política?

Nicolás Rodríguez Fuchs: Se trata de un oficio que no puede responder al paradigma actual de la urgencia y lo inmediato. La imprenta no sufrió grandes modificaciones tecnológicas desde la invención de la imprenta moderna de Gutenberg (c. 1450) hasta entrado el siglo XX con la implementación del offset. Es deci que la imprenta tipográfica fue el sistema de impresión con el que se desarrolló la industria gráfica en Argentina, cuyo mayor pico fue en la década del 50 y que permaneció vigente en menor medida hasta principios de los 90s. Lo que sucede en Argentina es que al mismo tiempo que hay una necesidad de cambiar de tecnología, coincide con una crisis económica que le impide a muchos poder actualizarse.  Así fue como este sistema de impresión quedó relegado y los que aún perduran, siguen con la lógica industrial queriendo competir en precio con el offset. 

P.E.A.: – ¿Podría haber subsistido un oficio de estas características según los avances irreversibles de la tecnología aplicada al trabajo de manufactura, entonces?

Pablo Pivetta: Si bien los avances tecnológicos fueron acorralando a los oficios artesanales como la impresión tipográfica, muchas veces la falta de recursos hace que estos subsistan.  En Argentina, muchas imprentas no pudieron costear el recambio de tecnología y continuaron imprimiendo con las máquinas antiguas. También, como la impresión en offset era rentable a partir de cierto número de copias, para las tiradas más chicas siguió siendo negocio imprimir en tipografía.

Sin embargo, los números no son la única razón por la cual se imprime con tipos, hay tipógrafos que encuentran otras motivaciones para continuar el oficio: desde bibliófilos y editores que encuentran en este oficio una manera más noble de producir libros hasta artistas y diseñadores, quienes usan las letras y la tinta para hacer piezas únicas. 

Pablo Pivetta y Nicolás Rodriguez Fuchs: 2P.E.A.: – ¿Cómo encontraron a los protagonistas de este recorrido?

Nicolás Rodríguez Fuchs: Fue bastante boca en boca. Comenzamos visitando los talleres a través de los afiches que veíamos pegados en la calle. Todos tienen al pie un teléfono de contacto y a partir de ahí fue cómo nos conectamos. En ese recorrido apareció Leandro, Vicente y la gente de la imprenta Mercurio que todavía siguen trabajando. Luego aparecieron Carolina Fernandez de Ex Industria Argentina, Patricio Gatti y Prensa La Libertad, a quienes contactamos por Facebook que fueron algunos de los primeros en tener estas imprentas contemporáneas, en las que reivindican la imprenta tradicional. Nos costó bastante dar con Pepe Fernandez, el mecánico, pero a través de Natalia y Paula de Papel Principal (una imprenta que quedó fuera del armado final) pudimos contactarlo.

Lo que más nos costó fue coincidir con una imprenta que esté recién empezando. Queríamos contar esa historia hacía mucho tiempo pero todos los que conocíamos ya estaban funcionando desde hacía varios años. Finalmente fue en una reunión de ex compañeros del colegio cuando Pablo (Pivetta) se encontró con Sol, de Ínsula. Ella le comentó que querían armar una imprenta tipográfica y así fue cómo pudimos seguirlos desde la idea hasta la materialización.

P.E.A.: – ¿Qué debieron privilegiar y qué descartar en el armado final de Los últimos?

Pablo Pivetta y Nicolás Rodríguez Fuchs: Comenzamos registrando todos los talleres tipográficos que encontramos a nuestro paso, por lo que rápidamente tuvimos varios discos rígidos llenos de material. Armamos un primer corte incluyendo algo de cada lugar visitado, pero nos resultó largo y muy repetitivo. Recién cuando empezamos a trabajar en el montaje con Lautaro Colace pudimos tomar distancia del material y así enfocarnos en las historias que sintetizaban lo que queríamos contar.

El conocimiento que corre riesgo de perderse porque se transmitió por mucho tiempo de generación en generación, y por otro lado la transformación del oficio con el surgimiento de las nuevas imprentas tipográficas.

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