Por Pablo Arahuete

La opera prima de Sabrina Blanco acompaña a su protagonista en un viaje interior y donde el despertar sexual y otras inquietudes y necesidades de toda adolescente estallan en un ámbito de violencia. En esta entrevista hablamos con la directora sobre La Botera.

 


Pablo Arahuete.- Tratándose de tu ópera prima, ¿Cómo se gesta el proyecto y por cuántas etapas tuvo que pasar?

Sabrina Blanco.- En 2014 empecé a escribir las primeras páginas y al poco tiempo quedó seleccionado el proyecto en Nuevas Miradas en Cuba. A fin de ese año viajé dos semanas y eso supuso un gran impulso para la película. Al regresar escribí la primera versión de guion y el proyecto empezó a caminar, quedó en diferentes clínicas y becas de escritura, y cada año fue creciendo y sumando sellos que lo avalaban. Primero pase por una etapa de escritura muy fuerte, inmediatamente comencé un trabajo de campo en la locación que continuo hasta el día que filmamos, luego una etapa dedicada a los actores y en algún momento se atravesó la búsqueda de financiamiento y el trabajo mas específico de pensar la puesta en escena. Fue una película en donde el trabajo propio de un documental y el de una ficción se fusionaron. La realidad iba marcando también el pulso del proyecto y la clave fue no apresurarse. Yo fui madurando a la par de la película, pensando cada decisión, cada paso. También Nicole, la protagonista, fue madurando con el tiempo y el trabajo. Digamos que las etapas se van entremezclando y una tiene que estar muy atenta y muy conectada con ese devenir. 

P.E.A.- ¿Qué volcaste de tu experiencia en trabajos sociales o militancia en tu manera de filmar esta película?

Sabrina Blanco.- Soy de la idea de que uno crea desde lo que uno es y conoce, y en ese sentido podría decirte que volqué todo, porque son cuestiones que me constituyen. Creo que el cine es político y que todo en algún punto lo es, y ese marco conceptual se filtra quieras o no. Dirigir para mí es mirada. Es básicamente proponer una mirada propia sobre el mundo o una parte de él. La observación de la realidad y desde dónde una la observa, el recorte que decide hacer, las decisiones que toma son siempre ideológicas. En mi caso podría decirte que mis motivaciones principales son de forma consiente sociales y políticas. Creo que hacer cine en Latinoamérica es tan difícil y costoso que me parece un poco un desperdicio gastar esos recursos obviando la conciencia social. Sobre todo siendo partes de un mundo tan complejo y desigual. Me parece que la política y el arte van necesariamente de la mano y el mismo compromiso que tengo en mi vida personal, lo tengo a la hora de filmar. Es todo parte de una misma cosa. 

Sabrina Blanco: "La observación de la realidad y el recorte que se decide hacer es siempre ideológico" 1

P.E.A.- ¿Qué significa para vos la Isla Maciel como espacio simbólico , espacio tan cercano y a la vez tan alejado del mundanal bullicio de la ciudad?

Sabrina Blanco.-Creo justamente que no está tan alejado y que esa idea es parte del estigma que carga el barrio. Pero precisamente esa postura de aislamiento nos habla de cuestiones mas profundas como por ejemplo la fuerza de la centralización que maneja la ciudad en donde un barrio apenas separado se constituye en el imaginario como un barrio alejado. Y también el lugar que ocupa la pobreza en dónde no importa el lugar geográfico al que pertenezca; ser pobre implica estar relegado. Creo que lo interesante del barrio también está en su historia; no es precisamente un barrio construido al calor de una crisis sino que supo ser un barrio de trabajadores y fueron las mismas crisis las que lo fueron castigando y marginando. La Isla Maciel y La Boca son muy similares en su construcción edilicia. Pero la metáfora se construye como las dos hojas de un libro abierto separado por el río contaminado en medio: de un lado el turismo y del otro el olvido. 

P.E.A.- En épocas de cambios como la que atravesamos como sociedad, ¿Considerás que la adolescencia se vive y sufre de la misma manera que hace menos de una década? ¿Existen señales diferenciadas por generaciones?

Sabrina Blanco.- Sí, creo que siempre se sufrió y se sufre porque es una etapa de cambios y transformación absolutamente visceral y determinante para las personas. Y también creo que sí hay cambios. Los avances, los movimientos políticos como el feminismo, son absorbidos por las sociedades explicita o implícitamente, mas temprano o mas tarde. En el caso de las mujeres el cambio es brutal, las pibas vienen con otra cabeza y una fuerza imparable. La deconstrucción de los pibes y las pibas, la forma de entender y vivir el amor, todo está cambiando y eso necesariamente renueva los conflictos y las formas de atravesarlos. También es muy diferente la relación que existe con la tecnología que no existía así hace diez años y modifica los comportamientos, las relaciones interpersonales, la forma de comunicarnos y también de sentirnos y de desear. De todas maneras creo que siempre es necesario hablar de cuestiones de clase para este tipo de análisis. Sino es imposible profundizar de verdad. No es igual un adolescente de clase media porteño, que un adolescente de un barrio marginal o un adolescente del interior. No es posible generalizar en una realidad tan polarizada. 

P.E.A.- ¿Cuál fue la búsqueda de un casting conformado por no actores y qué forma de encarar los personajes fue utilizada por vos para llevar adelante las escenas?

Sabrina Blanco.- Me parecía importante trabajar con pibes que pertenezcan a la realidad que estaba retratando y no intentar impostar esa realidad. ¿Quién mejor podría representarla que ellos mismos? Quería apostar por caras nuevas, improntas nuevas y no caer en esa cosa sistematizada de darle oportunidades siempre a los mismos o a los mismos sectores que es otra de las formas de centralización. Los modos de hablar, de moverse, de gestualizar, inclusive de mirar me parecían muy difíciles de actuar con naturalidad. Lo mismo pienso cuando se hace una película en el interior, eh? ¿Porque elegir porteños haciendo de chaqueños, o salteños, si en el mismo lugar uno puede encontrar actores propios? No digo que nunca funcione, ni que todo el elenco tenga que ser del lugar, pero si me parece importante incluir. Y cuando no los hay, la propia película puede crearlos. Esa fue un poco la decisión con La botera: que la propia película genere sus propios actores. Me parece importante que el cine nos muestre diferentes rostros, jergas, etc. Sabía que era un trabajo mas arduo y largo, pero también sabía que la personalidad de la película radicaba en esa decisión.

En cuanto a la idea de trabajo consistió en hablar mucho sobre la película y los personajes, hacer un trabajo muy vincular con los actores por mucho tiempo, que vayan entendiendo y apropiándose de la película a través de sus propias experiencias personales. Luego junto a un couch actoral, Ezequiel Radusky, trabajamos en una especie de taller de teatro de la película para enseñarles a improvisar. Ellos nunca leyeron el guión sino que se fue trabajando las escenas a partir del diálogo, sus aportes y los nuestros. El guión funcionó como una guía narrativa, a la que ellos iban acomodando a su modo y con sus palabras.

 

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