Por Pablo Arahuete

Se intenta desde este pequeño texto reflexivo ir un poco más allá de un repaso, o vistazo de aquellas ofertas que hoy por hoy forman parte de la búsqueda de grandes volúmenes de audiencia, para soportar el aislamiento social y encontrarle un aspecto menos negativo al confinamiento obligatorio desde la pandemia, que se gana a cada minuto el asombro y perplejidad de millones como si se tratara de una película de terror o cine clase B, con héroes anónimos en una cruzada épica sin precedentes.

A grandes rasgos -y sin importar demasiado la geografía y la frontera ideológica- existen dos públicos que aterrizan en las plataformas para encontrarse con una reproducción ficcionalizada de aquellas historias que plasman los efectos devastadores de cualquier tipo de virus, bacteria o enfermedad transmitida por contagio directo. No obstante, en las antípodas se encuentra el grupo de aquellos que buscan respuestas y formas de identificación con relatos en los que la característica de humanidad dice presente; y es allí donde se puede reflexionar sobre algunos tópicos recurrentes como el conflicto de la lucha por la identidad y el deseo de autodeterminación, o la necesidad de creer en algo que está más allá de los propios alcances individuales y que propone un sentido a la existencia.

Imagen de la serie Poco ortodoxa
Imagen de la serie Poco ortodoxa

Si uno toma como punto de partida la serie Mesías, donde el eje se concentra en la ambigüedad de creer sin circunscribir esa creencia meramente al aspecto religioso, encontrará que subyace en ese territorio poco explorado el problema de la identidad no en el sentido individualista del término sino como autodeterminación de un grupo humano. Por eso, si buscamos alguna conexión entre la identidad y la fe, o estamos conectando tendencias (tan en boga en tiempos de algoritmos) vamos a caer en la miniserie Poco ortodoxa,  retrato  de una comunidad rígida donde la fuerza de la creencia individual de la protagonista entra en conflicto con el bloque de la ortodoxia religiosa y sus ardides para evitar el libre pensamiento.

Y entonces, para finalizar este recorrido apurado e imaginario, si el pensamiento define identidades desde la cárcel de la razón estamos cerca de los fundamentalismos; y si de fundamentalismos se trata en la serie Freud se abre el juego de la predisposición cultural ante la represión de la identidad tan ligada a la represión religiosa como a la ortodoxia del saber médico, que en esa época en que el Señor Sigmundo aventuraba su teoría del inconsciente y las interpretaciones de los relatos de sus pacientes prevalecía la fe en las abominaciones humanas, algo que el tiempo fue adaptando a cada uno de los fundamentalismos que continuaron uniéndonos y aislándonos como en estos tiempos de final abierto y secuencias de terror.

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