Por Pablo Arahuete 

Los que vuelven es el nuevo opus de Laura Casabé, filmado en tiempo récord en la selva misionera. El cine de género, con elementos fantásticos, se acomodan en una trama donde el melodrama de época propone reflexiones sobre la idea de maternidad y las creencias en deidades que no necesariamente tienen representaciones convencionales. La directora de La valija de Benavidez  lo deja presente en esta entrevista.

 


  

Pablo. E. Arahuete: -En tu anterior película La valija de Benavídez los elementos fantásticos atraviesan la trama tal como en esta nueva Los que vuelven. ¿Qué te aporta una atmósfera no real a una historia que parece por lo pronto de época?

 Laura Casabé:Bueno, yo en lo personal, así como históricamente desde muy chica consumo cine de género fantástico, y literatura de género fantástico también, de terror, ciencia ficción, y es probablemente de lo que más haya leído y visto. Entonces, creo que surge naturalmente que yo después aborde el fantástico para contar una historia, es algo que me resulta sumamente atractivo, porque me encantan las herramientas que tiene, o la posibilidad de herramientas que tiene el fantástico, sonoras y audiovisuales. Me resultan sumamente atractivas y muy estimulantes. Bueno, es un lenguaje, ¿no? Digamos, en cualquier caso el terror. Esta película es un melodrama, la historia es una historia dramática, y la forma en que está contada es con un lenguaje de cine fantástico y de cine de terror. Y qué bueno es eso, ¿no? Es una herramienta para hablar de determinados temas. A mí, en lo personal, siento que le aporta, en este caso, a esta película puntual, siento que hacían un maridaje ideal, imaginar una película de terror en una estancia misionera en el medio de la selva en 1912. Me parece que están todos los elementos dados y que la selva, aparte, era un elemento maravilloso para trabajar y transformarla en algo en algún punto monstruoso. Entonces, correrse un poco de la realidad y abrir la puerta a armar un universo personal, me parece sumamente atractivo. Creo que le aporta cierta originalidad.

P.E.A: – ¿Cuánto del territorio geográfico impregnó en tu relato final?

Laura Casabé:La verdad que el territorio donde filmamos impregnó todo el relato, absolutamente. El guión inicial era en La Pampa y después las circunstancias nos han llevado a cambiar la decisión e ir a filmar en la selva. Y cuando eso sucedió, cuando decidimos ir a filmar a Misiones, y empezamos a trabajar con la posibilidad de contar esta historia en el medio de la selva, impregnó completamente todo el relato. Desde la investigación de los mitos y el universo guaraní para poder usarlo, poder resignificarlo nosotros y transformarlo en esta leyenda que aparece en la película, los mensúes, el trabajo de los tareferos a principios del siglo XX, la colonización en ese punto determinado de la Argentina, el sincretismo que sucedió también con colonos que venían de lados muy diversos. Por supuesto el paisaje, los saltos. Nosotros planteamos la idea de que esta suerte de deidad que todo lo transforma es un salto y tiene esta forma de salto de 60 metros, esta suerte de portal. Entonces sí, está toda la historia impregnada. Nosotros, en el momento en que decidimos filmar en ese lugar, reformulamos y reescribimos todo el guión valiéndonos de todos los elementos que nos interesaban y lo enriquecieron al relato muchísimo.

P.E.A: – ¿Superstición y religión, según tu parecer, van de la mano?

Laura Casabé:Bueno, creo que superstición y religión van completamente de la mano, son lo mismo. Ninguna está basada en ningún fundamento sólido, son absolutamente comprobables. La religión es una forma de superstición. Quizás una está basada en un relato popular. Pero bueno, la Biblia no deja de ser un relato popular. La religión es más peligrosa, porque en nombre de la religión, ha habido cuántos genocidios. Entonces sí, van totalmente de la mano.

P.E.A: – El hecho de rodar en la selva misionera, territorio desconocido por ustedes, ¿trajo algunos contratiempos o reparos en base a creencias de los lugareños sobre ese lugar?

 Laura Casabé:El hecho de rodar en la selva fue sumamente difícil y apocalíptico por una cuestión climática. Los contratiempos estuvieron vinculados en gran medida con eso, con un plan de rodaje muy difícil porque estábamos en el medio del monte con un clima tropical. Llovía todo el tiempo y era un plan de rodaje indomable. La verdad que trabajar con las comunidades guaraníes no fue muy fácil y por el contrario, no teníamos reparos pero también hicimos un casting largo. Lo que sí nos complicaba un poco era que cuando hacíamos el casting, trabajábamos con chicos de diferentes comunidades guaraníes. Lo cierto es que las comunidades viven en una marginalidad muy grande y poder comunicarse con ellos y demás, poder citarlos. Quizás había uno que tenía un teléfono que era el cacique y quizás si teníamos suerte le iba a avisar al actor que nosotros estábamos citando para trabajar. Eso nos complicó un poco la vida, pero la verdad es que trabajar con los chicos de las comunidades siempre estuvo buenísimo y trabajar con todo el equipo misionero también, así que en ese sentido fue muy positivo.

 

 P.E.A: -¿Cuánto llevó el rodaje y cuál fue el criterio para romper la estructura temporal de la historia?

Laura Casabé:El rodaje nos llevó nada más que 4 semanas, con lo cual eso fue bastante duro. Estuvo vinculado con la crisis, con que nosotros teníamos armado un presupuesto y sucedía en ese momento la primer devaluación fuerte y el presupuesto se nos redujo muchísimo. Así que tuvimos que filmarla en muy poquito tiempo y eso fue bastante duro. Después con respecto a cuando se decidió romper la estructura temporal de la historia, eso fue mucho antes. La primera estructura de guión era cronológica y ahí entramos como que en una situación de crisis porque había algo ahí que no me resultaba muy atractivo de como se estaba contando la historia. En el momento en que decidimos romper la cronología todo se hizo mucho más potente. Además, a partir de ese momento también surgió la idea de los puntos de vista que no estaba en el inicial. Antes la protagonista era Julia, pero cuando decidimos romper la estructura y arrancar de lo que pensábamos teóricamente sería la mitad de la película, apareció entonces la posibilidad de que las dos sean protagonistas y de que la película se contara desde los dos puntos de vista. Que el primer relato sea desde el punto de vista de Julia y que el segundo relato fuese desde el punto de vista de Kerana, y que funcionaran como opuestos antagónicos pero también como espejo. Ahí la historia se enriqueció un montón más. También de pronto contar desde el inicio y contar desde una pregunta más que desde una afirmación, es decir, ¿qué es lo que está en la selva acechando a Julia? También hacía crecer mucho más la historia. Tuvo que ver con eso, fue una decisión de guión, también coincidió con el momento en que decidimos ir a filmar a la selva, vino todo junto.

P.E.A: – ¿Cómo se eligieron los actores en base a los personajes que interactúan en el film?

 Laura Casabé:Los actores fue, por un lado, en el caso de Mariano, siempre imaginamos que fuera Alberto Ajaka y después, tanto con Julia como con Kerana la verdad es que hicimos un casting porque nos costaba pensar. Para Kerana queríamos una chica que fuese nativa y fue muy difícil encontrarla, hicimos un casting por Misiones y no la veíamos todavía, no la encontrábamos a Kerana, entonces surgió esta idea de una de las productoras de Lali González y ella vino a hacer el casting. La verdad cuando hizo el casting de Kerana nos enamoramos completamente y sentimos que era ella. En el caso de María Soldi también fue lo mismo, igual con Javier Drolas. Bueno, en realidad no, los hombres no hicieron casting. Para las chicas nos costaba porque ellas eran las protagonistas totales de la película y tenían escenas muy difíciles las dos y dimos muchas vueltas. Para Julia hicimos un casting largo con un montón de actrices re interesantes y pasó lo mismo con María, como con Kerana, que cuando vino a hacer de Julia sentimos que su conexión con el personaje era como medio ancestral, nos enamoramos. El resto del elenco es misionero. Entonces fueron varias jornadas de casting en Misiones para todo el resto de los personajes. Con Edgardo Castro me acuerdo que nos pasó que fue como una visión así fugaz, que tuvo el productor a último momento, porque tampoco encontrábamos al personaje de él y cuando apareció la idea de que sea él, dijimos “Si, claro, es Edgardo”. Pero bueno, el resto del elenco era todo misionero y eso fue hacer casting, fundamentalmente eso, ver quien nos parecía, a quienes veíamos. Conocimos un montón de actores super interesantes. Fue como un mix. Tuvo que ver más con la búsqueda, no hubo certezas desde el inicio, pensamos en varias actrices pero tuvo que ver con buscar y probar y a partir de ahí un poco pensar.

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