Por Pablo Arahuete y Maximiliano Curcio

Si hablamos de sonidos que conmuevan y transformen nuestro interior, las colaboraciones cinematográficas entre Pedro Aznar y el prolífico realizador Eliseo Subiela han dejado para la posteridad un gran número de piezas con un sólido concepto argumental que amalgama música e imágenes, elementos que pueblan el muy personal mundo alegórico de Subiela y su cosmovisión autoral, que el talento y perfeccionismo de Aznar ha sabido interpretar como nadie. A la recordada banda sonora de Hombre Mirando al Sudeste (1986) le seguiría una media docena de colaboraciones a lo largo de la próxima década, buceando en los aventurados mundos oníricos del corpus cinematográfico de Subiela. Las películas Últimas Imágenes del Naufragio (1989) y No te Mueras sin Decirme Adónde Vas (1995) destacan como las más logradas entre todas ellas. Por fuera de este tándem colaborativo, Aznar proseguiría su exquisita labor musicalizando films en otros trabajos acertados como los de Un Buda (Diego Rafecas, 2005) y El Amor en los Tiempos de Cólera (Mike Newell, 2007).


 

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