Por Juan Alfonso Samaja
*Se advierte al lector que la crítica podría contener spoilers
Lucía y su pequeño hermano Adrián llegan a una casa abandonada en medio del bosque huyendo de la casa paterna, queriendo romper con una oscura tradición familiar que pesa sobre su hermano. Pero la situación se trastoca cuando Lucía descubre por accidente que en la propiedad conjunta se están cometiendo una serie de crímenes aberrantes.
Crítica
Más allá de la excelente calidad de la fotografía y de las actuaciones de sus protagonistas, la película presenta varios logros narrativos que merecen destacarse: el empleo dramático de las locaciones, el tratamiento del encuadre genérico, y el tratamiento expresivo-narrativo de la materialidad sonora.

La locación, un personaje más
La casa abandonada y sus alrededores es presentada por el relato como un personaje más; su presencia sugiere que detrás de lo que vemos hay una historia no enunciada, si bien de esa historia nadie dirá nada, la sordidez del asunto, lo turbio y lo tenebroso de los acontecimientos presuntos y pasados parecen petrificados en cada rincón de su arquitectura. La casa y sus alrededores no sólo constituyen el escenario donde se ubican y se despliegan los hechos presentes, es –además- el silencio de los acontecimientos ya ocurridos, estableciéndose de ese modo una especie de contrapunto dramático entre lo mostrado y lo sugerido.
El encuadre genérico
Otro de los aspectos interesantes de la propuesta es el modo en que el relato revisita un tópico por demás clásico, pero sin caer en los estereotipos tradicionales de la temática. Ello es consecuencia, a mi entender, de la convergencia afortunada entre una enunciación autoconsciente y efectiva, que distribuye muy poca información sobre el trasfondo real de los acontecimientos, y, por otra parte, el foco narrativo de la trama, centrado en la relación familiar disfuncional y el vínculo entre los hermanos, pero articulado a su vez con la trama lateral de los crímenes aberrantes; esto último establece un contrapunto necesario para descomprimir lo endogámico de la historia familiar, redirigiendo hacia afuera la figura del oponente, que había estado centrada en la figura del padre desde el comienzo.
El resultado de esta composición enunciativo-narrativa es un leve corrimiento del marco metaenunciativo que oscila entre el cine de terror y el Thriller, modulando su relato hacia uno u otro emplazamiento.

El tratamiento sonoro
El tercer elemento meritorio es el trabajo sobre el sonido y su función en la diégesis. Gran parte de la película vemos a Adrián usar auriculares y comunicarse con su hermana mediante lenguaje de señas; rápidamente comprenderemos que se trata de un ardid de Lucía para preservar a su hermano de una presencia siniestra (el mentado susurro). Esto permite al relato operar sobre la materia sonora de un modo expresivo-narrativo con gran impacto, no sólo incrementando momentos del suspense, sino también al instante de revelar hechos de la trama.
A mi entender, hay dos asuntos que debilitan un poco al producto: la pérdida del impulso narrativo-expresivo del desenlace; y el desaprovechamiento del personaje de Victor, encarnado por Luciano Cáceres. Es cierto que el carisma y la impronta que aporta el actor al personaje alcanza para construir el lineamiento básico del conflicto, y es verdad, por otra parte, que la estrategia del ocultamiento del verdadero trasfondo de los hechos que protagoniza esa familia depende de mantener a este personaje en su mínima presencia escénica. No obstante, creo que era posible –y sobre todo deseable- incrementar su participación sin revelar los elementos sustanciales que hacen a la sorpresa de la trama.
Título: El susurro.
Título original: Idem.
Dirección: Gustavo Hernández.
Intérpretes: Luciano Cáceres, Ana Clara Guanco, Marcelo Michinaux y Eytan Lasca.
Género: Terror, Thriller.
Calificación: AM 16 con reservas.
Duración: 89 minutos.
Origen: Uruguay/ Argentina.
Año de realización: 2025.
Distribuidora: Moving Pics
Fecha de estreno: 22/01/2026.
Puntaje: 8 (ocho)
