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viernes, 30 enero 2026
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Familia en renta: Mentir a todos para intentar escapar de uno mismo

Por José A. Santalices, corresponsal de Nueva Tribuna España

“Todo hombre tiene sus secretos” le espeta el personaje de Kikuo (interpretado por Akira Emoto) a Phillip, el protagonista de la cinta, encarnado por Brendan Fraser, como queriendo justificar ante este que no todo lo que hacemos en esta vida puede ser conocido por nuestro entorno, ni siquiera por nuestros seres queridos. La nueva comedia dramática de la directora Mitsuyo Miyazaki (más conocida como Hikari) explora de una tacada las grietas en la salud emocional de una sociedad como la japonesa al tiempo que, ya desde una dimensión más globalizada, hace lo propio con la soledad y la necesidad de conexiones reales en la actualidad, ya que al margen de poner de manifiesto las carencias afectivas de las que adolece la sociedad nipona o el estigma de la terapia en ese país, las circunstancias tamizadas por la sociedad contemporánea que afectan a los diferentes personajes de las historias cruzadas de la película bien podrían transcurrir en la otra parte del mundo.

Brendan Fraser, que confirma con este trabajo que ha vuelto para quedarse, es aquí un actor solitario que reside desde hace siete años en Tokio hastiado de una carrera profesional que no se encuentra en su mejor momento y sin visos de mejora, cuando a través de su agente le surge la oportunidad de incorporarse a una agencia de “servicio familiar de alquiler” (fenómeno real en Japón originado en los años 90 que perdura en la actualidad) en la cual deberá interpretar distintos roles de familiares, amigos o parejas a modo de suplente para cubrir las necesidades emocionales de los clientes que solicitan dichos servicios. Desde el momento en el que Phillip comienza a adentrarse en los mundos de sus nuevos clientes comenzará a crecer dentro de él un dilema moral al darse cuenta que su desempeño -basado en mentiras piadosas- aunque inicialmente es reconfortante al poder ayudar a esas personas, va a acabar por hacerle daño al tener que salir de sus vidas cuando finaliza el servicio, ya que Phillip descubre para sí una inesperada felicidad forjando genuinos vínculos, especialmente con dos clientes: el actor anciano Kikuo que piensa que es su ídolo y una niña, que creerá que es su padre hasta entonces ausente.

Estrenada en España durante la pasada 70ª edición de la Seminci (aunque fuera de concurso), Hikari confecciona con esta coproducción Japón-EE.UU. una comedia en la que conviven la ternura y el drama, con un Brendan Fraser que una vez más, como ya hizo en su oscarizada La Ballena, mantiene intacto su talento para emocionar al espectador y hacerle reflexionar sobre las urgencias afectivas de la sociedad actual.

El personaje de Fraser, un hombre vulnerable que parece no encontrar su lugar en el mundo, comienza a sentirse realizado en el experimento social que supone su nuevo trabajo, cuando comprueba la importancia que adquiere en las vidas de sus clientes, aunque todo sea una farsa. El punto de inflexión llega principalmente tanto con su relación con la niña huérfana de padre (Shannon Mahina Gorman), que desarmará emocionalmente a nuestro protagonista hasta hacerle sentirse un impostor, como con la amistad que forjará con el Kikuo, el actor olvidado por el paso del tiempo, al llevarle en ambos casos a una contradicción moral que le recuerda que interactúa con una máscara ante unos clientes de los que trastoca vidas reales. En ese punto en el que se difumina la delgada línea entre la actuación y la realidad juega un papel importante el personaje de Aiko (Mari Yamamoto), la compañera de trabajo de Phillip, la persona con quien tras un comienzo áspero, mejor conectará en su nuevo empleo y con quien logrará entablar una curiosa relación, haciendo que ésta llegue a cuestionar la labor de la empresa para la que trabaja y la moralidad de algunos de sus encargos en los que operan como una especie de medicación ante la tristeza y el desarraigo.

El film, sin más pretensiones que resultar amable, logra recordar al espectador que en un mundo cada vez más tendente a la soledad del individuo y en el que la empatía cada vez es más difícil de encontrar, vivimos ciertamente atrapados por las apariencias sociales, pero como seres sociales obtenemos cierta realización al cultivar lazos con otros de nuestra especie.

La película, que equilibra correctamente la emoción y la comedia, nos invita a plantearnos si debe aceptarse como normal que las personas prefieran fingir para “encajar” en el sistema y colmar así expectativas ajenas o, si es preferible aceptar la realidad, aunque ésta suponga abrazar la soledad. Queda la incógnita de qué película hubiera resultado si Hikari hubiera escogido un camino más ácido y menos entrañable para su propuesta. Después de todo, y como le dice al comienzo de la cinta el dueño de la agencia (interpretado por Takehiro Hira) al personaje de Fraser al explicarle en qué consiste la labor de su empresa: “todos en algún momento en la vida necesitamos mentirnos a nosotros mismos para seguir adelante”.

Título: Familia en renta.
Título original: Rental Family.
Dirección: Hikari.
Intérpretes: Brendan Fraser, Shannon Mahina Gorman, Shino Shinozaki, Mari Yamamoto, Akira Emoto, Nihi y Takehiro Hira.
Género: Comedia dramática.
Calificación: AM 13 años.
Duración: 109 minutos.
Origen: Japón/ EE.UU.
Año de realización: 2025.
Distribuidora: Buena Vista – Disney.
Fecha de estreno: 08/01/2026.

Puntaje: 7 (siete)

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