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sábado, 14 marzo 2026
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Parque Lezama: La vejez es puro cuento

Por Maximiliano Curcio

Exhibida durante dos semanas en cartelera de selectos cines en todo el país, previo a su inminente arribo a la plataforma Netflix (hay chivo incluido a la N roja dentro del film), lo nuevo de Juan José Campanella confirma a un cineasta que hace de la nobleza un bien preciado. Adaptación a cargo del propio director, Parque Lezama dialoga con una tradición precisa: el nombre de Herb Gardner quedó asociado para siempre a una de las piezas más perdurables del teatro contemporáneo. Dibujante satírico, autor teatral y guionista, el creador estadounidense alcanzó notoriedad internacional con “Yo no soy Rapaport”, estrenada en 1984 y distinguida con el Premio Tony, que pronto se transformó en un fenómeno de taquilla. Aquella puesta, vista en escena por un joven Campanella durante una estadía en Estados Unidos, dejó en él una impresión decisiva.

Décadas más tarde, ya consagrado como uno de los realizadores centrales del cine y la televisión argentinos, el laureado realizador concretó su propia versión del texto. El resultado fue un espectáculo teatral que reunió a miles de espectadores a lo largo de sucesivas temporadas en el Teatro Liceo y que incluso cruzó el Atlántico para presentarse en Madrid. Con Luis Brandoni y Eduardo Blanco al frente del elenco, la obra terminó por instalarse como un título ineludible dentro de la cartelera nacional. A casi cuarenta años de su debut original, la historia regresa al cine para constatar que conserva intacta su vigencia. La pareja gloriosa teatral conserva sus roles en la gran pantalla y a ellos se suman al elenco Verónica Pelaccini, Agustín Aristarán, Manuela Menéndez, Alan Fernández y Matías Alarcón.

Dos viejos y fantasmas, compinches que saben que la vida es sueño, sostienen el corazón del relato. En el cruce entre dos hombres mayores se despliega una reflexión incisiva sobre la identidad, las convicciones y el inevitable transcurrir del tiempo. Militancia frente a apatía, idealismo contra resignación: las diferencias que los separan también revelan puntos de contacto inesperados. Rutinas que ya no son refugio, viejas batallas ideológicas que ya dejaron de existir. Flota en dicho diálogo una pregunta inevitable: ¿es posible que el encuentro con un otro resquebraje certezas que parecían inamovibles?

El propio Gardner llevó su obra a la gran pantalla, con la recordada versión estrenada en 1996, protagonizada por Walter Matthau y Ossie Davis, escenificada en la ciudad de New York. En esta ocasión, la misma se desarrolla en el histórico parque porteño, con sus senderos arbolados, sus bancos gastados por el paso de los años y el murmullo constante de una memoria urbana que parece sedimentarse en cada rincón. El autor de El Secreto de sus Ojos, Metegol y El cuento de las comadrejas construye una atmósfera de contemplación melancólica, donde el pasado dialoga con el presente y cada encuentro adquiere la densidad emocional de lo que fue y aún persiste. Frente al ímpetu arrasador de generaciones ‘idiomicidas’ que confunden novedad con superioridad y relegan el pasado al desuso, lo auténtico y digno persiste, sin necesidad de imponerse para sobrevivir.

La discusión entre ambos protagonistas se nutre de frases hechas, mientras tiempo tirano y villano atraviesan un territorio resbaladizo en dónde revoluciones de ayer, convicciones y conveniencias de hoy se enfrentan —al ritmo de la Internacional Socialista— en una disputa que es política y también íntima. Desde posiciones antagónicas, sendos personajes construyen un lazo tan áspero como entrañable. Poner el ojo sobre obligaciones y ambiciones que quitan aliento de vida es, aquí, una toma de posición, de síntoma y de advertencia. La sabiduría radica en saber pelear batallas que se pueden ganar en un mundo injusto. Los jóvenes, ¿qué van a saber?

De momentos, la fluidez fluctúa, pero la densidad conceptual compensa cualquier vacilación. Por su parte, la adaptación al contexto local potencia la cercanía hasta lo inmediato: el humor —afilado y reconocible— funciona como puerta de entrada a cuestiones más hondas, como la relación entre padres e hijos, los valores que poseen las nuevas generaciones, el valor social del trabajo, la dignidad en la vejez o la fragilidad del cuerpo cuando el tiempo avanza.

Nitidez en decrecimiento y utilidad caduca parecerían ser el común denominador de un mundo que empuja a sus mayores hacia los márgenes. Sobre huesos rotos, sanos consejos se imponen: ser innecesario es imperdonable. ¿Quiénes son las auténticas víctimas de esta sociedad? Bajo la apariencia de una comedia, la pieza examina con lucidez aquello que persiste y aquello que inevitablemente se pierde. Ideas que no envejecen y nostalgia que mata sostienen el pulso emocional.

Las magníficas interpretaciones de Brandoni y Blanco agregan un nuevo eslabón de excelencia a dos carreras forjadas en lo célebre y lo indeleble. Más allá de la solvencia técnica, la humanidad profunda que imprimen a cada gesto, a cada silencio y a cada palabra resulta sencillamente conmovedor.

Título: Parque Lezama.
Título original: Idem.
Dirección: Juan José Campanella.
Intérpretes: Luis Brandoni, Eduardo Blanco, Verónica Pelaccini, Agustín Aristarán, Manuela Menéndez, Alan Fernández y Matías Alarcón.
Género: Basado en obra teatral, Comedia, Drama.
Calificación: AM 13 años.
Duración: 116 minutos.
Origen: Argentina
Año de realización: 2026.
Distribuidora: Maco Cine.
Fecha de estreno: 19/02/2026.
Lanzamiento en Netflix: 06/03/2026.

Puntaje: 6 (seis)

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