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sábado, 14 marzo 2026
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Kill Bill: The Whole Bloody Affair: ¿Qué se puede hacer salvo ver películas?

Por Juan Alfonso Samaja

*Se advierte al lector que la nota contiene spoilers

Al darse cuenta de que está embarazada de su jefe y amante, el peligroso gánster Bill, Beatrix decide desaparecer para intentar una nueva vida. Se casa con otro hombre y deja atrás un pasado dedicado al crimen. Sin embargo, al enterarse Bill de que Beatrix está encinta y ha escapado con su bebé, contrata a un grupo de sicarios para que la maten a ella y a todos los presentes el día del ensayo de la boda. Beatrix sobrevive a la bala que el propio Bill le dispara, pero queda en coma. Cuatro años más tarde, despierta para jurar venganza contra Bill y todos los que participaron en la matanza de la capilla.

Crítica

La versión que se proyecta se presenta como el corte original que Tarantino había previsto para su exhibición, pero que, por diversos motivos, no pudo suceder. Incluye las dos películas del 2003 y 2004, más un metraje inédito y algunas correcciones de color que en su momento tuvieron que presentarse en una versión en blanco y negro.

Como ya lo mencioné en una nota sobre la reposición de Tiempos Violentos (1994), la narrativa de Tarantino presenta una asimetría muy notable entre forma y contenido. El director es un virtuoso realizador audiovisual, que sabe aprovechar como pocos el dispositivo y la tradición cinematográfica. Su talento narrativo innegable se expresa en la composición de música e imagen, y sobre todo en el rol que el director adjudica a la banda sonora, que desempeña invariablemente una función clave en su estrategia retórica y argumental. Quizás lo más notable no sea su erudición o su técnica en estas realizaciones, sino su capacidad para apropiarse de tales elementos y hacer de ellos una poética visual propia. Si Pulp Fiction tematizaba y reinventaba el cine de gánster, Kill Bill se adentra en las películas venganza, y de artes marciales de los años ´70.

Comparada con Pulp Fiction, la trama de Kill Bill es exageradamente elemental (como si el contenido fuese apenas una excusa para el despliegue técnico-narrativo), y su tratamiento enunciativo, si bien presenta algunas rupturas de la linealidad temporal de los acontecimientos, resulta más bien ortodoxo. Narrativamente, lo mejor son las caracterizaciones de los personajes que rodean a Beatrix: desde el carismático Bill (David Carradine), pasando por O-Ren (Luci Liu), Elle Driver (Daryl Hannah) y Budd (Michael Madsen). Dichos diseños están magistralmente elaborados a partir de pinceladas precisas y diálogos de gran impacto.

Lo más flojo, a mi entender, en esta misma cuestión, es el centro de la trama: el personaje de Beatrix. El personaje es prácticamente una sombra en el argumento; de ella poco y nada sabemos, y su caracterización minimalista carece de gestos pintorescos, actitudes llamativas, y los diálogos picantes que ostentan todos los personajes restantes. Conociendo el talento narrativo del director, me resulta difícil comprender la razón de semejante asimetría en el diseño de los caracteres.

Todo lo mencionado lleva a concluir que el esfuerzo de la película parece estar puesto en la dimensión expresiva y estética.

Lo más notable de la propuesta es su posicionamiento filosófico-ideológico, que constituye una postura política bastante conservadora. Toda la trama gira en torno a un intento desesperado de modificar un rumbo ante la irrupción imprevista de un proyecto emancipador: Beatrix quiere ofrecer la libertad de elegir su destino, que ella misma no ha tenido, a su hija no nacida. Esta cuestión queda explícitamente tematizada en el encuentro final entre Beatrix y Bill (B.B, como el nombre de la hija). Allí Bill, por medio de una alegoría en relación a la mitología involucrada en la historieta de Superman, trata de mostrarle que nadie puede cambiar lo que ya es.

Si comparamos este desenlace con Pulp Fiction, donde precisamente el personaje de Jules protagonizaba una epifanía que cubría de sentido una existencia hasta ahora vacía, Kill Bill parece presentar una mirada bastante más nihilista respecto del agenciamiento individual. Es cierto que Beatrix Kiddo mata a Bill y cría a su hija, pero también lo es que ha reconocido a Bill que todo el periplo de asesinatos le ha colmado el sentido de lo que ya es, y también es verdad que ella ya ha aceptado el destino fatal de que algún día, la pequeña Nikkie (hija de Vernita Green) cobrará su venganza, y se continuará con el círculo interminable de la violencia.

En este sentido, creo que la película asume una posición ideológica más cuestionable, menos provocadora y más condescendiente del statu quo.

Título: Kill Bill: The Whole Bloody Affair. Dirección y guion: Quentin Tarantino. Intérpretes: Uma Thurman, David Carradine, Lucy Liu, Daryl Hannah, Michael Madsen, Vivica A. Fox, Sonny Chiba, Chiaki Kuriyama, Michael Bowen, Julie Dreyfus, Michael Parks, Shin´ichi Chiba, Chia-Hui Liu, Jun Kunimura, Kenji Oba, James Parks y Sakichi Sato. DF: Robert Richardson. Música: Robert Rodriguez & RZA. Montaje: Sally Menke. Diseño de producción: David Wasco, Cao Jui Ping y Yohei Taneda. Vestuario: Kumiko Ogawa y Catherine Thomas. Género: Acción, Artes marciales, Venganza. Calificación: AM 16 años. Duración: 275 minutos con un intervalo. Origen: EE.UU./ Hong Kong. Año realización: 2025. Distribuidora: BF+Paris Films. Fecha estreno: 26/02/2026.

Crítica de Kill Bill: La venganza – Vol. 1 (2003), por Juan Blanco
Crítica de Kill Bill: La venganza – Vol. 2 (2004), por Omar Tubio

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