Por Juan Alfonso Samaja
Finalizada la guerra, los aliados acuerdan poner en marcha un proceso judicial inédito para juzgar a la cúpula del nazismo derrocado. El ejército, a cargo del Coronel Andrus (John Slattery), contrata los servicios del psiquiatra Douglas Kelley (Rami Malek), para que evalúe la condición mental de los criminales de guerra de mayor rango, determinando si están o no aptos para enfrentar al tribunal. En esas entrevistas, Kelley se interesa especialmente por Herman Göring (Russell Crowe), un hombre de notable inteligencia y personalidad magnética, con quien entablará un vínculo lleno de contradicciones.
Crítica
A pesar del título, la película no está centrada en la etapa del juicio, sino en la relación personal que establece Kelley con Göring y su familia. Este desplazamiento narrativo resulta clave para profundizar el aspecto emocional del vínculo, y permite complejizar a los personajes, mostrando aspectos y actitudes que no son fáciles de admitir en una misma persona.
Lo mejor de la película son las destacadísimas labores actorales; Malek descolla y conmueve con este personaje enigmático, seguro de sí mismo, pero cuya entereza se desploma ante la evidencia en el juicio de los hechos que se imputan a Göring; mientras que la composición que ofrece Crowe sobre este personaje contradictorio, conmovedor, magnético, monstruoso, merece que le otorguen el Oscar tres años consecutivos.
Me centraré en la descripción de algunas características de estos personajes, porque entiendo que en ellas reposa no sólo el epicentro del relato, sino que en la articulación entre una y otra (la relación entre ambos personajes) hay una metáfora sobre la relación entre Alemania y EE.UU.

Kelley, el ilusionista
Kelley aparece en el inicio del relato interactuando con una muchacha (Elsie Dougas, de quien luego sabremos que es una periodista que está yendo a Nuremberg a cubrir el juicio). Ambos desconocen quién es el otro. Kelley juguetea con un mazo de barajas, moviendo las cartas con sus dedos, e intenta impresionar a la muchacha con un truco: primero le pide a ella que escoja una carta, ella se niega; y entonces, él le propone que sea ella la que lo haga escoger una carta cualquiera de la baraja. La muchacha, ahora interesada en la maniobra, abre en forma de abanico las cartas y las ofrece para que Kelley escoja una de ellas. Él va instruyendo a la muchacha en lo que debe decir “pídeme que la memorice y la devuelva al mazo”, y la muchacha cumple con el pedido, Kelley coloca la carta entre las barajas restantes y pide a la muchacha que mezcle todas las cartas. Ella cumple nuevamente con el requerimiento, y entonces él le dice que su carta es el 3 de picas. Ella le recrimina que eso no es ningún truco, pero entonces él le pide que dé vuelta la primera carta del mazo. La carta es la que él le ha anunciado.
Me detuve en esta pequeña situación porque en la estructura del truco reside el leitmotiv de la película: a) establecimiento del contacto; b) resistencia inicial del interlocutor; c) manipulación de la situación; d) instrucción al otro de lo que debe hacer, y ocultamiento de lo que significa dicha instrucción; e) hacer aparecer finalmente un objeto allí donde se presumía que debía estar en otra parte; f) triunfo del ilusionista. Por otra parte, el acto de magia desempeñará un papel importante en la relación que Kelley establece con tres personajes: la periodista, la hija de Göring y su padre Göring. En todos los casos, el acto de magia está en función de lograr que el otro se abra emocionalmente al vínculo. En el caso particular de la relación Kelley-Göring, el acto de magia simboliza una comunidad: ambos se manipulan, ambos aceptan y confían en la manipulación del otro (han sido ambos “engatusados” por el discurso y las habilidades sociales y psicológicas del otro), y el “truco” que Kelley le enseña a Göring, se le vuelve en su propia contra, haciendo del mago un aprendiz, y del aprendiz un mago.

Göring, el monstruo hermoso
La contracara de Kelley es Göring: si Kelley puede manipular, engañar y traicionar la confianza que han depositado en él; si es, en definitiva, un hombre aparentemente con principios endebles, Göring, por el contrario, sabe engañar, manipular y controlar la situación a conveniencia, pero se muestra inamovible en sus principios patrióticos. Si Kelley se presenta constantemente con una seguridad ficticia, resultado de su desconocimiento de “cómo funciona el mundo real”, Göring encarna la contundencia de los hechos, incluso los que no queremos admitir, los que ponen en crisis la pretendida superioridad moral del vencedor frente al vencido.
Se trata de un personaje que es magnético, seductor, carismático y profundamente humano, en el sentido de las contradicciones que anida en toda humanización concreta de los individuos. Su patriotismo, su veneración, hasta las últimas consecuencias, por aquel hombre que lo ha hecho “sentir nuevamente alemán (incluso cuando afirmarlo lo condene a la pena de muerte) resulta conmovedora.
Confieso que fui a ver la película con mucho prejuicio, por ser una película sobre los Nazis producida por EE.UU. en un contexto actual muy complejo y con conflictos internacionales de gran envergadura, donde el papel de éste en los conflictos de Medio Oriente está siendo condenado en varios países. Debo admitir, sin embargo, que la película me desconcertó. El relato no demoniza al Nazismo, y tampoco lo justifica, pero sí propone una explicación histórica de su desenvolvimiento, como producto de las medidas políticas-culturales y económicas que aplicaron Inglaterra, EE.UU. y Francia a la derrotada Alemania en 1918.
Dos momentos resultan impactantes en este sentido: por un lado, la confesión que Göring hace Kelley en su celda, cuando este último le pregunta qué es lo que vio en Hitler en los años 30 que lo hizo seguir incondicionalmente a su líder. A esta pregunta, el acusado responde que, en un contexto de posguerra donde su país estaba cultural e identitariamente arruinado, herido en su orgullo, sin proyecto… obligado a renunciar a cualquier proyecto de crecimiento, e impedido, en esa circunstancia, de ser algo más que un despojo para las fuerzas aliadas, aparece un hombre que los hizo sentir alemanes nuevamente, que los hizo creer que había otro proyecto posible. “¿Ud. no seguiría a un hombre así?”, le espeta Göring al psiquiatra. Por supuesto, este último da la respuesta políticamente correcta: “Depende de lo que pretenda hacer”, pero Kelley no se hace cargo de la primera parte de la argumentación de Göring.

El segundo momento es cuando Kelley, indignado, confronta a Göring sobre su inocencia de los cargos que se le imputan luego de mostrarse en el juicio las imágenes crudísimas de los campos de concentración. Kelley, que hasta ese momento cree que Göring no estaba al tanto de lo sucedido en esos campos, y la responsabilidad era de Himmler, ahora –decepcionado- le pregunta cómo fue posible que hicieran “eso”. A lo que Göring responde con una lógica demoledora: “¿Qué crees que pasa en la guerra? Este momento es clave, ya que Kelley parece haber entendido la lección: esto no es un problema de los alemanes, de un cierto gen del mal, etc. sino de la lógica del poder; y cualquier otro país puede replicar la misma técnica de monstruosidad. Y lo que es peor, Kelley está convencido, y así lo muestran las últimas escenas, de que EE.UU. si no corrige su dirección de política exterior, está realizando ese mismo camino.
Algunas debilidades menores del guion
Sólo dos aspectos de la construcción del guion me parecen que podrían haber sido mejor resueltos: a) el personaje de Kelley creo que ha sido poco desarrollado, sobre todo en lo que tiene que ver con su historia personal, previo a estos acontecimientos. Esta falta de información resta profundidad al personaje, y hasta cierto punto impide entender las actitudes que tiene hacia Göring como hacia su familia; b) el personaje de la periodista Elsie prácticamente no tiene rol alguno en el relato, más que la escenificación del truco que hemos mencionado, y como justificación de que la Prensa haya obtenido una información de primera mano sobre los acontecimientos. Creo que podría haberse omitido el personaje, y emplear ese tiempo narrativo en el desarrollo de la extraña relación que tiene Kelley con la familia de Göring.
Los personajes como metáfora
Dije al comienzo que la relación entre Kelley y Göring se puede considerar una metáfora de la relación entre los países representados por estos personajes: la representación que cada uno se hace de sí mismo y la que se construye de un enemigo natural, así como los momentos de crisis y caída de esas impresiones iniciales y la necesidad de una autocrítica respecto del papel que se ha jugado en la Historia. Y quizás la magia vuelve a jugar un rol simbólico: no es sólo el artificio para engañar a otro, sino el medio para engañarse a sí mismo, para no querer ver lo que hemos hecho.
Título: Nuremberg: El juicio del siglo.
Título original: Nuremberg.
Dirección: James Vanderbilt.
Intérpretes: Russell Crowe, Rami Malek, Michael Shannon, Leo Woodall, John Slattery, Richard E. Grant, Colin Hanks, Mark O’Brien, Wrenn Schmidt y Lotte Verbeek.
Género: Basado en hechos reales, Drama judicial.
Calificación: AM 13 años.
Duración: 148 minutos.
Origen: EE.UU./ Hungría.
Año de realización: 2025.
Distribuidora: Diamond Films.
Fecha de estreno: 26/03/2026.
Puntaje: 9 (nueve)
