Por Aleix Sales, corresponsal de Nueva Tribuna España
Puede parecer un mantra tópico y grandilocuente, pero el cine como herramienta de resistencia encuentra uno de sus exponentes más claros en Jafar Panahi –y toda la corte de directores iraníes represaliados como Mohammad Rasoulof (La semilla del fruto sagrado)-. Desde una mirada realista, Panahi se ha sumergido en el retrato social sin concesiones de su país, Irán, cuya clara oposición al régimen de la República Islámica ha derivado en una persecución política prolongada a lo largo de varios años, cuyo punto de inflexión se dio en 2010, con una condena a 6 años de prisión y dos décadas sin rodar. Desde entonces, Panahi ha sido intermitentemente arrestado, sujeto a cautiverio domiciliario, así como encarcelado en distintas ocasiones. La ocasión más notoria fue en 2022, cuando pasó diversos meses en la cárcel e incluso llegó a iniciar una huelga de hambre, hecho que forzó su liberación poco después. De su represión sostenida en el tiempo y las vejaciones sufridas nace Fue sólo un accidente, probablemente su film más frontalmente crítico con las autoridades nacionales, que se llevó la Palma de Oro del último Festival de Cannes. Un gesto con mucha carga ideológica por parte del jurado del festival pero que, por fortuna, también recompensa una dosis de gran cine.

Es mejor acercarse a Fue sólo un accidente sabiendo poco de su trama para que el impacto y el asombro ante la mezcla genérica tan bien ensamblada que Panahi entrega sea más fuerte. El film plantea una historia de venganza dentro del estrato trabajador del país entre los siervos fundamentalistas al servicio del régimen y los civiles opositores, duramente reprimidos en el último periodo, especialmente. Partiendo de un sencillo detonante –como su título indica-, se va desarrollando una trama lineal lisa, pero que el director va condimentando progresivamente con la introducción de nuevos personajes, magníficamente descritos. Un relato propio de un thriller que juega con la comedia negra y de enredos propia de nombres como los hermanos Coen, mientras paulatinamente va esbozando y perfilando una cotidianeidad que hace aflorar el drama social. Y mientras la historia deambula por múltiples pasajes agudamente presentados, con sus puntos de humor orgánicamente lanzados y la incertidumbre de hacia dónde avanzará esa furgoneta cada vez más llena, los dilemas morales –prácticamente inherentes a la filmografía iraní de prestigio- van calando en los pasajeros y los espectadores, resultando en una obra tan estimulante para el debate como disfrutable en su viaje.

Pudiendo haber hecho una obra exageradamente gritona dada la rabia que posee, Panahi opta por aferrarse a la naturalidad y ganarse al público con un ejercicio simple en su concepción, pero con el que vehicular su contundente denuncia y ajustar las cuentas con todas aquellas víctimas del sistema. En la dureza de lo que cuenta, Panahi no se recrea en morbosidades y encuentra el punto justo entre lo explícito y lo sutil, culminando en un magistral plano final tremendamente aterrador compuesto a base de un plano fijo y un efecto de sonido. Sin duda alguna, una de las obras más redondas del director y uno de los títulos imprescindibles del año. Pero, por encima de todo, otro triunfo de la libertad de expresión de Panahi, y ya lleva unos cuantos.
Título: Fue sólo un accidente.
Título original: Yek tasadef sadeh (tcc It Was Just an Accident).
Dirección: Jafar Panahi.
Intérpretes: Ebrahim Azizi, Madjid Panahi, Vahid Mobasseri, Mariam Afshari, Hadis Pakbaten, Delmaz Najafi y George Hashemzadeh.
Género: Drama.
Calificación: AM 13 años.
Duración: 103 minutos.
Origen: Irán/ Francia/ Luxemburgo/ EE.UU.
Año de realización: 2025.
Distribuidora: Maco Cine.
Fecha de estreno: 04/12/2025.
Puntaje: 9 (nueve)
