Por Celín Cebrián y Rubén Eduardo Barraza, corresponsales de Nueva Tribuna España
Hay algo en la manera en que despedimos a los famosos que dice más de nosotros que de ellos. Cuando muere alguien que conocimos a través de una pantalla, lo que lloramos no es a la persona, que nunca conocimos, sino al tiempo en que la vimos. Lloramos la infancia, la sala de la casa, la televisión vieja. Y creo que eso es exactamente lo que pasó ahora que Chuck Norris murió a los 86 años, un jueves por la mañana, rodeado de su familia. Internet
se llenó de memes transformados en algo parecido a una ovación colectiva. Pero detrás del mito había un hombre. Y detrás del hombre, una historia que vale la pena contar.
Carlos Ray Norris nació en Ryan, California el 10 de marzo de 1940 y fue campeón mundial de karate profesional de peso medio durante seis años consecutivos, desde 1968 hasta 1974. Tenía raíces irlandesas y cheroquis, y dos hermanos más jóvenes: Wieland (muerto en Vietnam) y Aaron, director de Hollywood. Cuando tenía 16 años, sus padres se divorciaron y se trasladó con su madre y sus hermanos, primero a Kansas, y después a California, concretamente a Torrance. Tuvo una infancia complicada en el ámbito financiero, que marcó su vida, a lo que sumar la ausencia de la figura paterna. Su padre era un veterano de la Segunda Guerra Mundial y tenía problemas de alcoholismo. Como ha reconocido en alguna entrevista… “Yo no lo odiaba; lo quería. Simplemente que él era así, pero lo echaba mucho de menos”.
En 1958, se unió a la Fuerza Aérea de los Estados Unidos como policía militar (AP), siendo enviado a la base de Osan, en Corea del Sur. Fue allí donde adquirió el apodo de “Chuck” y donde comenzó su formación en las artes marciales: Taekwondo, Tang Soo Do, judo japonés y algo de hapkido. A su regreso a los EE.UU. comenzó a practicar boxeo, karate y, más tarde, incluso jiu-jitsu brasileño, actividades que compaginaba con su trabajo en la compañía aeronáutica Northrop. Posteriormente, abrió una escuela de karate coreano, que tuvo bastante éxito. Lo cierto es Chuck Norris es una leyenda viva de las artes marciales. Por sus hazañas, se le conocía como el “invencible”. Fue maestro de karate, cinturón negro de judo y en la especialidad coreana de Tang Soo Do. Volviendo al jiu-jitsu: en unas vacaciones, viajó a Brasil. Una vez allí, preguntó por un local muy famoso en ciertas habilidades de combate. Era de la familia Gracie, expertos en esa modalidad de lucha brasileña. Encontró otra escuela en Río y por fin pudo conocer al señor Gracie, el padre, a Rickson, el hijo, que fue campeón mundial, y a Royce, una leyenda. Solicitó entrenar con ellos y, como era cinturón negro en judo, él pensó que era tan bueno en el combate cuerpo a cuerpo que no tendría problemas; que aquello era pan comido… Nada más lejos. Lo que no sabía el actor es que el jiu jitsu es una especialidad que se practicaba en el suelo, basada en el agarre y la neutralización del adversario en una distancia corta. Chuck Norris lo descubriría segundos después, cuando le tocó luchar con una persona 27 años menor que él: -“Nunca me han dado una lección así en mi vida”, reconoce. El chaval se decantó directamente por una técnica de estrangulamiento. No tomó represalias. Al contrario, se apuntó a las clases. Él siempre ha dicho que “la violencia es su última opción”.

Chuck Norris fue un exmilitar, artista marcial, instructor y coreógrafo de combate, empresario, filántropo y actor, famoso por interpretar hombres de acción que destacan por sus habilidades en el combate a mano limpia. Poseía el grado de “Gran Maestro” en karate estilo Kyokushin.
A partir de 1964 se centró en la competición amateur. Ganó un total de 30 torneos. En 1969, sus habilidades habían mejorado tanto que obtuvo el título de “Luchador del año”, otorgado por la prestigiosa revista Cinturón Negro. Por aquella época, se convirtió en entrenador de celebridades. Así fue como conoció a Steve McQueen, a Bob Barker, Priscilla Presley, pero sobre todo fue cuando conoció a Bruce Lee, que no necesitaba presentación. Éste estaba rodando la serie El avispón verde. El destino quiso que Chuck fuera contratado para trabajar como extra en una película de Dean Martin: Las demoledoras (The Wrecking Crew, 1968). En 1970, seguía cumpliendo con sus citas profesionales. Fue cuando murió su hermano en Vietnam, lo que supuso un duro golpe. Durante una demostración de artes marciales, Bruce Lee le propuso participar en una película interpretando al villano. El regreso del dragón (The Way of the Dragon, 1972) fue un verdadero trampolín para Lee, pero también para el inicio de la carrera interpretativa de Chuck Norris. Para llevar a cabo su papel, tuvo que coger algunos kilos de más por exigencias del guion: -“Tuve que dejar de entrenar y empezar a comer hamburguesas y a beber cerveza. Gané más grasa que músculo, así que llegué a casi 180 libras de peso. No podía levantarme del suelo”. Pero no todo fueron buenas noticias. La cadena de escuelas que poseía no salió adelante y tuvo que afrontar numerosas deudas. Dos años después de abrirlas lo había perdido todo. Le llevó cinco años salir de aquel trance.

Ya en 1974, decidió seguir los consejos de su amigo Steve McQueen y se convirtió en actor. Así que se retiró del karate profesional y se centró en su objetivo: en la interpretación. No tenía dinero para entrar en una escuela de interpretación, pero dando vueltas encontró una barata. La primera película que se estrenó fue Breaker! Breaker! (Don Hulette, 1977), una modesta cinta de acción donde le daba vida a un intrépido camionero. –“Estaba compitiendo contra tipos con años de experiencia. Me dije a mí mismo que no iba a funcionar”. Pero se equivocó. Decidió encargar su propio guion y patearse todas las productoras hasta que en 1978, por fin, logró venderlo. Era la primera película de acción en la que tenía verdaderamente un papel protagonista: Los buenos muchachos se visten de negro (Good Guys Wear Black, Ted Post). En 1979, rodaba El exterminador (A Force of One, Paul Aaron), en la que debe de instruir a un batallón de narcóticos. Al año siguiente, colaboró con Lee Van Cleef en Operación Octagón (The Octagon, Eric Karson), que se adentraba en el mundo de los ninjas. Su otra colaboración fue con Christopher Lee, en Ojo por ojo (An Eye For An Eye, Steve Carver). En 1982, participó en Marcado para morir (Forced Vengeance, James Fargo) y Furia silenciosa (Silent Rage, Michael Miller). Todas ellas, en general, eran películas de bajo presupuesto y nada pretenciosas.

La gran oportunidad le llegó en 1983 interpretando a un renegado ranger de Texas en Lobo solitario (Lone Wolf McQuade), nuevamente bajo la dirección de Steve Carver. Una película que contó con David Carradine, muy famoso en aquellos años por su interpretación en la serie Kung fu. A partir de ahí, Chuck Norris se convirtió en un icono del cine de acción. Era un tipo al que se le daba bien la taquilla. Su consagración llegó con Desaparecido en acción (Missing in Action, Joseph Zito -1984-), todo un clásico que aprovechaba el filón de filmes que había generado la guerra de Vietnam, convirtiéndose en uno de los buques insignia de la productora Cannon Films. En 1985, llegó Desaparecido en acción 2: el regreso (Missing in Action 2: The Beginning, Lance Hool) y Código de silencio (Code of Silence, Andrew Davis), un thriller policíaco dirigido por Andrew Davis considerado por muchos de sus fans como su mejor película “seria”. Curiosamente, se había pensado en Clint Eastwood, pero Chuck tuvo buenas críticas: -“ Fue la primera película realmente donde los críticos me alabaron, Dijeron que era el nuevo John Wayne”. Y aprovechando el tirón y los años de la Guerra Fría, Norris probó suerte y encargó el guion de Invasión USA (Invasion U.S.A., Joseph Zito).

En 1986 ya era un actor conocido y rentable. Prueba de ello fue Fuerza Delta (The Delta Force, Mehahem Golan), otra favorita de sus miles de fans en todo el mundo, plena de acción trepidante, que contó con estrellas como Lee Marvin, Martin Balsam o George Kennedy. En ese año, se adentró en el género de aventuras y, en compañía de Louis Gossett Jr., rodó El templo del fuego (Firewalker, J.Lee Thompson), una entretenida película que bebía de los personajes de Indiana Jones o Allan Quatermain. Cabe mencionar que su hermano Aaron lo dirigió en seis oportunidades, entre ellas podemos incluir a la tercera entrega de Desaparecido en acción (Braddock: Missing in Action III, 1988), Fuerza Delta 2 (Delta Force 2: The Colombian Connection, 1990), The Hitman (1991) o Mas allá del infierno (Hellbound, 1994) que fuera su última colaboración con Cannon Films.

Cuando parecía que todo empezaba a desinflarse, en los noventa llegó Walker, Texas Ranger, una serie que se estuvo emitiendo durante ocho temporadas (1993-2001) por la cadena CBS. Y de ahí, a los televisores de todo el globo. Luego vino Guerrero del bosque (Forest Warrior, Aaron Norris), otro producto infumable directo para el video club, sin ningún éxito. Y en 1998, diez años después de haberse divorciado de su primera esposa, se casó con Gena O’Kelley. Y hasta 2003 ya no protagonizó ninguna película más. Fue cuando hizo junto a su hijo Mike la deplorable Bells of Innocence, en 2005 El mediador (The Cutter, William Tannen) y en 2012 acudió a la llamada de Sylvester Stallone para participar en la franquicia de Los Indestructibles 2 (The Expendables 2, Simon West). En el año 2024, sorprendió a todos sus seguidores con el anuncio del regreso a las pantallas con la película Agent Recon, a pesar de sus problemas de salud y de haber sufrido dos infartos.

Ha llovido mucho desde que Chuck Norris comenzara en las artes marciales. Y, aunque su trabajo como actor se ha convertido en lo más destacado, sin embargo, no es la primera vez que ha dicho “que la interpretación es su profesión, pero que las artes marciales son su vida”. Por eso no es de extrañar que, tras sus años como militar destacado en Corea y su experiencia compitiendo en tatamis de todo el mundo, decidiera crear su estilo propio. Ese nuevo estilo fue el Chun Kuk Do, que, traducido, significa el camino universal. Un camino que le ha ayudado con niños y jóvenes. De ahí que en 1990 creara Kick Drugs Out of America, una fundación de ayuda a niños con problemas.

Tampoco podemos dejar a un lado su faceta de escritor. En 1988 publicó su primer libro. Una autobiografía titulada “The secret of inner strenght”. Años después, llegó su segundo libro: “The secret power within”. No contento con esto, decidió sacar una segunda autobiografía centrada exclusivamente en su vida: “Against all odds, my story”. En cuanto a su faceta política, en el año 2007, utilizó su popularidad para apoyar al candidato a la nominación republicana en las elecciones presidenciales de EE.UU, Mike Huckabee. En 2008 publicó “Black Belt Patriotism”, un libro donde planteaba su visión de los problemas que acosaban a los Estados Unidos.
Entre bromas, preguntas y respuestas, siempre con respeto, ha dicho: -“En la historia de este planeta. Sólo ha habido un verdadero superhombre. Y no soy yo”. Ése fue Chuck Norris.
