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jueves, 15 octubre 2026
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Found alive, de Carlota Pereda – Sitges 2026 Sección Oficial Fantàstic (Película inaugural)

El trauma después del secuestro

Por Mónica Grau-Setó, corresponsal en Sitges

Cada año, el público del Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya espera conocer el título que inaugurará el certamen y dará pie a diez intensos días y noches de películas de terror, fantasía y ciencia ficción. La población costera de Sitges, cerca de Barcelona, se convierte entonces en el punto de encuentro de cineastas, profesionales y aficionados.

En esta 59ª edición, la película elegida ha sido Found Alive, dirigida por Carlota Pereda, quien se convierte así en la primera mujer española en inaugurar el festival. La directora tiene un vínculo especial con Sitges: en 2022 ganó el Méliès de Oro por su película Cerdita y en 2023 presentó el drama de terror sobrenatural La Ermita, dejando claro que es una realizadora volcada firmemente en el género del terror.

Con Found Alive, la cineasta vuelve a explorar una de las constantes de su filmografía: mujeres aparentemente frágiles y vulnerables que deben enfrentarse a situaciones extremas y encontrar la manera de sobrevivir a quienes pretenden someterlas. Sus personajes no son invulnerables ni salen indemnes de la violencia; arrastran heridas, miedos y secuelas que condicionan su relación con el mundo. Sin embargo, también sobreviven al dolor y al trauma, encontrando recursos para recuperar, al menos parcialmente, el control sobre sus vidas.

La película supone, además, un importante paso en la carrera internacional de Pereda al dar el salto a EE. UU., rodeándose de un equipo internacional y de actores de habla no hispana. El reparto lo encabeza Chloë Grace Moretz, una elección que la directora tuvo muy clara en 2023 al terminar de leer el guion enviado por los productores Mather Miller y Nate Bolotin. Recientemente había visto a la actriz en The Miseducation of Cameron Post y había quedado fascinada por su interpretación, así como por su trabajo corporal y expresivo. Le enviaron el guion y Moretz, que ya había visto Cerdita, aceptó de inmediato el papel protagonista.

La directora española Carlota Pereda.

A pesar de contar con un equipo norteamericano, Pereda mantuvo a una persona clave en todos sus rodajes: Rita Noriega, un referente en el mundo de la dirección de fotografía tanto en cine como en series y videoclips. Aunque la fase de postproducción se realizó en España, el rodaje se llevó a cabo en los paisajes de Utah.

La historia se basa en la novela The Edge of Normal (2013), de la escritora Carla Norton, y la adaptación del guion corrió a cargo de Matt Venne y Lori Evans Taylor. El personaje principal, Reeve, tuvo continuación posteriormente en otra novela titulada What Doesn’t Kill Her (2015), aunque por ahora se desconoce la posibilidad de una secuela cinematográfica. La escritora siempre se ha interesado por la psicología de sus personajes femeninos y por explorar cómo afecta el trauma en sus vidas; de hecho, su primera obra, Perfect Victim (1988), fue un true crime basado en el famoso caso de la “chica de la caja”.

El filme empieza de forma impactante con Regina, una niña asustada que logra escapar de su secuestrador. Años después la vemos como una joven que estudia psicología; se trata de la misma protagonista, que ahora se hace llamar Reeve LeClaire (Moretz), una identidad nueva para poder vivir sin ser señalada tras haber sufrido el acoso de la prensa en su infancia.

Ahora, su existencia está organizada alrededor del miedo. Sobrevive bajo un trauma que la ha marcado: apenas tiene vida social, desconfía de cualquiera y evita entrar en espacios oscuros o sótanos. Ha desarrollado rutinas estrictas para sentirse segura y mantenerse centrada, pero ese temor siempre está presente en sus gestos, sus silencios y en cómo se relaciona con el entorno. Este es uno de los mayores aciertos de Pereda: son esos detalles cotidianos los que realmente transmiten el horror.

Su identidad real la conocen muy pocas personas, entre ellas su mentor. Reeve estudia psicología en la Universidad de Berkeley y el Dr. Lerner fue el profesional que la atendió justo después de que lograra escaparse; ahora es su tutor. Cuando aparece Tilly Cavanaugh, una niña que también ha logrado escapar de su captor pero que se niega a hablar con la policía, la fiscalía pide ayuda para que alguien logre ganarse la confianza de la pequeña superviviente y obtener detalles que permitan capturar al criminal. Esto se convertirá en una oportunidad para Reeve: un camino para sanar su propio pasado mientras ayuda a otra víctima.

El gran peso del filme recae en Moretz, quien está magnífica. Cuenta con muchas escenas sin diálogo donde su expresión y lenguaje corporal reflejan a la perfección los miedos, los traumas y la necesidad de superación. En muchos momentos la cámara recurre a primeros planos centrados en su rostro y en su respiración; ella es el eje de la historia y gran parte de su interpretación se construye sin palabras, a través de miradas esquivas y reacciones físicas ante estímulos aparentemente inofensivos para cualquier otra persona.

En varios fragmentos es inevitable trazar paralelismos con The Silence of the Lambs (1991). Ambas protagonistas, Clarice y Reeve, comparten perfiles similares al ser mujeres jóvenes en entornos institucionales rodeadas de hombres que no toman en serio su voz, lo que las lleva a asumir riesgos e investigar en solitario para detener al agresor y liberar a las víctimas. Además, ambas tienen a un mentor que confía en ellas y sabe ver su valor; en el caso de Reeve es el Dr. Lerner (Rupert Friend), el terapeuta que la atendió diez años atrás. A través de flashbacks y de los métodos contra el pánico que utiliza la joven, el espectador irá descubriendo lo que vivió durante sus cinco años de cautiverio a manos de un sádico.

En la mayoría de los thrillers de desapariciones o secuestros, la trama se centra en los investigadores profesionales o en los familiares, pero aquí las víctimas ocupan el foco principal, ya sean las dos niñas secuestradas o la propia Reeve. No obstante, esto deja un vacío en el perfil de los captores: vemos sus rostros y conocemos sus nombres, pero no se profundiza en su pasado ni en el porqué de su conducta perversa, algo que en The Silence of the Lambs resultaba clave para entender la psicología del asesino.

Cabe destacar que la directora encuentra el equilibrio perfecto a la hora de decidir qué mostrar y qué ocultar. Sin regodearse en el aspecto más cruel de la agresión o la tortura, vemos las herramientas y el lugar, pero no la violencia explícita en sí; escuchamos gritos o llantos y es nuestra mente la que rellena esos espacios vacíos. Esta contención estética evita convertir el sufrimiento de menores en un espectáculo morboso, algo que el espectador agradece profundamente. Para lograr este enfoque tan respetuoso, el rodaje contó con el apoyo de una psicóloga, una asesora de intimidad y el acompañamiento constante de los padres de las actrices infantiles.

La película trata otro aspecto de las desapariciones que es la ineptitud policial en las investigaciones, y un sistema que no siempre es eficaz. De hecho, la película arranca con un dato real “tres de cada cuatro mujeres secuestradas que logran ser liberadas, no lo hacen gracias a la investigación policial”.

Pero además, si logra detenerse a un agresor, en EE.UU. la lucha sigue de nuevo contra la propia víctima y mujer, que debe demostrar todos los hechos. Para ello, la directora habló con mujeres que habían sobrevivido a un secuestro, con asociaciones y con psicólogos especializados.

Todo ello establece un tono en la historia donde se desconfía de actuaciones y respuestas institucionales, y pone en duda la capacidad del sistema para proteger al vulnerable. En el caso en el que se logra detener a un agresor, los juicios y abogados hacen revivir a la superviviente y muchas veces de duda de su versión.

A diferencia de otros títulos del género, el filme no busca una historia de venganza o un estilo rape and revenge. Por el contrario, la protagonista intenta sanar ayudando a otras víctimas, escuchándolas y mostrando sus propias cicatrices para ofrecerles esperanza. Esta oportunidad le llega de la mano del Dr. Lerner, quien le pide intervenir en el caso de Tilly, la niña que acaba de escapar pero se mantiene en absoluto silencio.

En esos encuentros, la pequeña siente curiosidad por ella y, a través de las marcas y cicatrices en sus cuerpos, van desgranando sus historias y las torturas sufridas. Ambas descubren profundas similitudes en sus cautiverios: a la protagonista su captor la llamaba “grillo”, mientras que a la pequeña la trataba como a una “mascota”. Al ver que sus identidades y personalidades fueron sistemáticamente anuladas por esos hombres, la niña por fin siente que alguien comprende todo lo que ha pasado. Es una relación de empatía que se construye poco a poco, desnudando sus heridas físicas y emocionales.

A medida que la pequeña va ganando confianza, Reeve empieza a sospechar que hay un depredador activo en la zona, ya que han desaparecido dos niñas más en muy poco tiempo. Este planteamiento puede recordar a Besos que matan (Kiss the Girls, 1997), donde el detective Alex Cross investiga varias desapariciones con la ayuda de la única mujer que logró escapar de un psicópata.

Sin embargo, es a partir de aquí cuando el filme y el guion empiezan a decaer. La protagonista desconfía de la propia policía y la niña también. Se produce un giro abrupto: Reeve, que ha pasado años elaborando rutinas estrictas para calmar su ansiedad y mantenerse segura dentro de su complejidad emocional, termina convirtiéndose en una investigadora en solitario. A pesar de no ser policía ni detective, comienza a tomar decisiones excesivamente arriesgadas.

La soberbia actuación de Moretz y la magnífica fotografía de Rita Noriega no logran salvar un guion que en su segunda mitad se vuelve inverosímil. A pesar de esto, es justo señalar que el verdadero interés de la historia no radica en la verosimilitud de la investigación policial, sino en el universo emocional de las jóvenes.

De hecho, cabe destacar el matiz fundamental que distingue a Found Alive de otros thrillers de secuestros: aquí el foco de atención jamás se desplaza hacia el psicópata o hacia los investigadores, sino que permanece en las víctimas y en cómo afrontan la experiencia extrema, tanto durante el cautiverio como tras ser liberadas. Esto se refleja con crudeza cuando la niña discute continuamente con su madre y siente que nadie en su familia la comprende; el dolor de quien sobrevive cambia el carácter, fractura las relaciones y afecta de forma indeleble a todo el entorno.

El filme deja un mensaje claro y contundente: sobrevivir no equivale a sanar. Cualquier víctima de una agresión, aunque logre escapar y ponerse a salvo, vivirá para siempre acompañada por un sentimiento latente de temor y desconfianza.

A fecha de octubre de 2026, la película continúa rodeada de cierta discreción promocional, con un material oficial muy escaso que se limita básicamente a un primer plano del rostro de la protagonista y sin un tráiler que permita anticipar su tono comercial antes de su estreno en salas, previsto para 2027.

Aun así, su elección como película inaugural de Sitges supone un nuevo y merecido reconocimiento para una realizadora que ha encontrado en el cine de terror la herramienta perfecta para explorar la vulnerabilidad, la violencia y las formas de resistencia. Con Found Alive, Carlota Pereda da un paso firme hacia la producción internacional y vuelve a situar a una mujer superviviente en el centro del relato, recordándonos que los verdaderos monstruos no son sobrenaturales y pueden tener el rostro de cualquiera.

Título: Found Alive. Dirección: Carlota Pereda. Guion: Matt Venne y Lorie Evans Taylor. Fotografía: Rita Noriega. Montaje: David Pelegrín. Música: Olivier Arson. Intérpretes: Chloë Grace Moretz, Rupert Friend, Dana Millican, Thomas Cocquerel, Scott Haze y Charlotte Hemming. Origen: España/ EE.UU. Productora: Nostromo Pictures. Distribuidora en España: DeAPlaneta. Duración: 96 minutos. Género: Terror, Thriller psicológico, Drama. Año de producción: 2026. Fecha de estreno: previsto para 2027.

Puntaje: 6 (seis)

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