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jueves, 1 enero 2026
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Madame Violet: El poder transformador de la escuela pública

Por Mónica Grau Seto, corresponsal en España

El director francés Éric Besnard vuelve a explorar el origen de una institución clave de la vida moderna: si en Delicioso (2021) narraba el nacimiento del primer restaurante francés tras la Revolución, en Madame Violet se detiene en la creación de la primera escuela pública en un pequeño pueblo rural, en plena Francia de fines del siglo XIX.

Ambientada en 1889, la película sigue a Louise Violet (una excelente Alexandra Lamy), una maestra formada en las nuevas escuelas de maestros que es enviada desde París a Brezons, una remota comunidad campesina en la campiña francesa donde la educación no solo es inexistente, sino también rechazada. Allí, la vida está regida por el trabajo en el campo y las estaciones, para las familias los niños son mano de obra y las niñas realizan las tareas domésticas. Estudiar aparece como un lujo innecesario y casi una amenaza al orden establecido en el trabajo en el campo.

Desde su llegada, Louise es vista como una forastera peligrosa y no es bienvenida. Ella representa todo lo contrario a la mentalidad del campo, es un mujer de ciudad, sola y portadora de ideas “modernas” que despierta desconfianza, hostilidad y resistencia. Nadie le facilita la tarea, cuando llega el alcalde le avisa que no hay edificio escolar, los padres se oponen a enviar a sus hijos a clase y el machismo imperante limita aún más su margen de acción. Sin embargo, la vocación y la perseverancia de la maestra se imponen lentamente, en un proceso paciente y profundamente humano. El alcalde poco a poco irá cediendo y ayudando a construir una escuela más allá del espacio improvisado en un establo.

Dejando un mensaje claro, el conocimiento y la formación tiene un fuerte impacto positivo en toda una comunidad, se empieza con los niños y termina ayudando a todos, siendo una lucha ante la desinformación que termina beneficiando a la población entera.

Besnard sitúa el relato en un momento histórico clave, con la llegada de la III República, cuando la educación en Francia se vuelve gratuita, laica y obligatoria. Un homenaje a esas primeras maestras, formadas a partir de 1887, y que no fueron destinadas a las ciudades como sus compañeros de oficio, sino a los lugares más aislados y adversos, muchas veces en soledad y en contextos hostiles. La figura ficticia de Louise Violet condensa el coraje, la convicción y el compromiso de esas pioneras que llevaron el conocimiento allí donde no llegaba el Estado.

Uno de los grandes aciertos del film es su cuidada ambientación. La fotografía luminosa de Laurent Dailland y los decorados de Virginie Tissot reconstruyen con precisión la sencillez y la dureza de la vida rural a fines del siglo XIX. Los interiores austeros, los paisajes abiertos y los espacios improvisados, como el establo donde Louise duerme y da clases o la estructura abierta que luego construyen, todo ello refuerza la sensación de precariedad y aislamiento.

La película trabaja con contrastes claros: lo urbano y lo rural, lo ilustrado y lo analfabeto, la tradición y el progreso. Sin embargo, evita el maniqueísmo ya que Besnard no ridiculiza a los campesinos ni idealiza a la maestra. Por el contrario, se detiene en los miedos, traumas, prejuicios y motivaciones de cada personaje, mostrando cómo la desinformación es hija de la exclusión y no de la maldad.

A medida que los niños comienzan a aprender, el cambio se vuelve visible, y el aula pasa de tener apenas tres alumnos a llenarse de niñas y niños del pueblo. Incluso los adultos, orgullosos de los avances de sus hijos, empiezan a acercarse al saber, demostrando que nunca es tarde para aprender y deseando romper con el analfabetismo. La educación no solo transforma a los individuos, sino también a toda la comunidad.

Louise no impone sus ideas políticas, aunque la película no elude el trasfondo ideológico de la época, Ella cree en la educación como herramienta de elección como posibilidad de soñar con un futuro distinto, incluso fuera del campo, si así lo desean. En un mundo polarizado, donde el ámbito rural se asocia al conservadurismo y la derecha y ella encarna valores progresistas de izquierdas, se generan tensiones que van atravesando el relato pero sin caer en el panfleto.

Madame Violet es, en definitiva, un emotivo canto a la escuela pública y un homenaje sincero a las maestras que, con convicción y valentía, llevaron la educación a los márgenes. Sin golpes bajos ni épica forzada, Besnard construye un relato sensible sobre el poder transformador del saber y sobre cómo enseñar y aprender puede cambiar una vida para siempre. La película nos señala cómo el conocimiento es un puente y no una arma.

Título: Madame Violet.
Título original: Louise Violet.
Dirección: Éric Besnard.
Intérpretes: Alexandra Lamy, Grégory Gadebois, Jérôme Kircher, Jérémy Lopez, Patrick Pineau, Annie Mercier, Manon Maindivide, Julie Moulier y Géraldine Martineau.
Género: Drama de época.
Calificación: AM 13 años.
Duración: 108 minutos.
Origen: Francia/ Bélgica.
Año de realización: 2024.
Distribuidora: CDI Films.
Fecha de estreno: 18/12/2025.

Puntaje: 7 (siete)

Ver tráiler en YouTube

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