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jueves, 1 enero 2026
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Sex: Palabras más que actos

Por Joan Segovia

Sex es una película que avanza con un ritmo lento y tranquilo, con el interés centrado en la comunicación entre sus personajes y no en los actos en sí. Su propuesta no busca el impacto ni la provocación, pese a lo que su título pueda sugerir, sino una observación paciente de ciertos desajustes internos que aparecen cuando la identidad deja de ser una certeza cómoda. Dag Johan Haugerud construye su obra apoyada casi exclusivamente en las palabras, en sus diálogos, consciente de que ese camino limita a una parte del público, pero también convencido de que ahí reside la fuerza de su narrativa. El resultado es un largometraje sobrio, irregular por momentos, pero honesto en su planteo y coherente con el tipo de cine que su autor viene desarrollando desde hace años.

Haugerud es un cineasta noruego con una trayectoria marcada por el interés en las relaciones humanas, la moral cotidiana y los pequeños conflictos que se filtran en la vida aparentemente estable de sus personajes. Antes de Sex dirigió títulos como I Belong (2012) o Beware of Children (2019), pero puede que esta sea una sus películas más controversiales. En todas ellas aparece una constante: la atención puesta en los diálogos, en las zonas grises del comportamiento social y en personajes que rara vez encajan del todo en el entorno que habitan. Sex se inscribe además como la primera parte de una trilogía temática junto a Love y Dreams, concebida como un conjunto de miradas complementarias sobre el deseo, la identidad y los vínculos, aunque sin necesidad de continuidad narrativa entre unas y otras.

Aquí, Haugerud sigue a dos hombres adultos, trabajadores, casados, integrados en una vida que podría describirse como estable a grandes rasgos. No hay grandes conflictos externos ni giros dramáticos, solo la cotidianidad obstruida por pequeños actos que protagonizan. Lo que hay son relatos, confesiones y conversaciones que empiezan como anécdotas y terminan abriendo preguntas incómodas sobre cómo afrontamos los cambios que no vemos venir ni comprendemos por qué ocurren. Uno de ellos cuenta haber tenido una experiencia sexual con otro hombre sin que eso le genere, de primeras, preguntas sobre su sexualidad o sobre la estabilidad de su matrimonio; el otro se ve perturbado por sueños recurrentes en los que es percibido como mujer y que lo llevan a plantearse su visión de la vida. Eso sí, la película no los juzga ni dramatiza sus vidas, tampoco los convierte en peones arrollados por una crisis existencial inevitable, más bien, lo que le interesa al director, es observar qué ocurre después, cuando esas vivencias se ponen en palabras, se hacen públicas en el entorno privado y empiezan a circular entre amigos, parejas y familiares.

El trabajo de los actores es clave para que esto funcione. Jan Gunnar Røise y Thorbjørn Harr sostienen la película con interpretaciones contenidas, sin gestos enfáticos, solo su carisma inexpresivo que hace a la vez de contraparte cómica de sus narrativas. Su mayor mérito está en la naturalidad con la que encaran diálogos largos (pero largos de verdad) y conceptualmente densos, logrando que no suenen a discurso ni a tesis. Hay una sensación constante de escucha real, de ser la típica conversación entre dos amigos o una pareja. Pero lo más interesante recae en la espontaneidad con la que surgen los temas, como si los personajes descubrieran lo que piensan al mismo tiempo que lo dicen. Esa cualidad le da verosimilitud a situaciones que, de otro modo, podrían volverse artificiales o excesivamente literarias. Un mérito que recae tanto en su interpretación como en el guion bien escrito. El resto del reparto acompaña con sobriedad, especialmente en las escenas familiares, donde las reacciones no buscan el conflicto explosivo sino una incomodidad más reconocible, natural y cotidiana.

Narrativamente, Sex renuncia de forma deliberada a la progresión clásica. No hay un arco claro, ni un clímax identificable, igual que tampoco hay una resolución que ordene lo vivido. Esta decisión es coherente y acertada con la idea central de la película: la identidad como algo inestable, abierto, que no tiene porqué conducirnos a conclusiones claras. Sin embargo, esa misma coherencia es también su principal problema. En varios tramos, el film parece girar sobre las mismas ideas, reformulándolas una y otra vez sin aportar nada significativo. Algunas escenas alargan su duración más allá de lo necesario y parece que el director confía en que la reiteración profundiza en su tema cuando, en realidad, a veces solo agota al espectador que quiere ver qué sucede después.

En cuanto al tratamiento de la sexualidad y la masculinidad, la película evita los extremos. Los personajes no “descubren” verdades reveladoras ni abrazan nuevas etiquetas con un entusiasmo liberador. Lo que aparece es la duda, la incomodidad, el desajuste entre lo vivido y lo que se supone que debería sentirse. En ese sentido, Sex crea el ambiente propicio para que resulte más interesante quedarse en la ambigüedad que explicitar sus ideas. Las mejores escenas son de largo aquellas donde la incomprensión o la torpeza emocional pesan más que el discurso elocuente.

Sin ser una obra redonda, no nos engañemos, Sex es un divertido ejercicio de reflexión. Su mayor valor está en la naturalidad con la que se toma a sus personajes y en la negativa a abordar el tipo de conflictos que trae a la pantalla como suele hacerse: con un golpe de efecto o un conflicto exagerado. Aunque es justo avisar que es una película que pide tiempo, paciencia y cierta predisposición a escuchar atentamente, aun cuando no siempre recompensa ese esfuerzo.

Sex no es una película que busque gustar, de hecho no creo que le guste a gran parte del público, pero tampoco una pérdida de tiempo ni una obra sin mensaje. Se mueve en un terreno intermedio, irregular, donde conviven ideas estimulantes y decisiones formales discutibles, sobre todo en el montaje, dejando una impresión más reflexiva que emocional, más respetable que memorable. Recomendable para los que quieran escucharla, pero superflua para los que busquen un drama emotivo o una dura reflexión sobre la identidad sexual.

Título: Sex.
Título original: Idem.
Dirección: Dag Johan Haugerud.
Intérpretes: Thorbjørn Harr, Jan Gunnar Røise, Anne Marie Ottersen, Nasrin Khusrawi, Birgitte Larsen, Sereba Marvin y Vetle Bergan.
Género: Drama.
Calificación: AM 13 años.
Duración: 118 minutos.
Origen: Noruega.
Año de realización: 2024.
Distribuidora: Mirada Distribución.
Fecha de estreno: 18/12/2025.

Puntaje: 6 (seis)

Ver tráiler en YouTube

 

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