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sábado, 14 marzo 2026
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Las catadoras del Führer: Una historia de supervivencia femenina

Por Mónica Grau Seto, corresponsal en España

El cine sobre el nazismo suele apoyarse en grandes relatos épicos, persecuciones, campos de batalla o testimonios del horror en los campos de concentración. Pero en Las catadoras del Führer, dirigida por Silvio Soldini, este elige un camino mucho más inquietante: el de la rutina de un grupo de mujeres alemanas. La película se instala en un espacio aparentemente banal, el terror nos sitúa en una mesa donde se sirve comida, para narrar una historia donde cada bocado puede significar la muerte.

Basada en la exitosa novela “Le assaggiatrici” de Rossella Postorino, un gran éxito en Italia y ganadora del Premio Campiello y el Prix Jean Monnet for European Literature. la película parte de un hecho revelado en 2012 por Margot Wölk, una mujer alemana que aseguró haber sido una de las jóvenes obligadas por el régimen a probar la comida destinada a Adolf Hitler para comprobar que no estuviera envenenada. Hay más libros sobre Margot, como la novela de ficción histórica en el 2000 bajo el título “La catadora de Hitler” y fue escrito por el autor estadounidense V.S. Alexander.

El director italiano, Silvio Soldini, formado como documentalista, ha ido desarrollando una carrera donde las relaciones humanas, el universo femenino y las emociones se convierten en el eje central de sus historias. Con Las catadoras del Führer da muestra de su sensibilidad hacia personajes femeninos y se adentra por primera vez al cine de época, buscando el máximo de realismo a través de la fotografía, vestuario y rodando en alemán para dotar de autenticidad toda la historia, en una coproducción entre Italia, Bélgica y Suiza.

Además destaca que la historia está narrada desde el prisma del propio pueblo alemán, que apoya al Dictador y las voces son de un grupo de mujeres jóvenes. Justamente, para adaptar la novela a guion cinematográfico Soldini se rodeó de un equipo femenino, el mismo ha comentado que explicar historias de mujeres le han dado lo mejor de sí mismo, como ya vimos en su filme Pan y tulipanes (2000)

La fotografía de Renato Berta construye un universo visual dominado por grises, azules y verdes apagados, tonalidades que nos recuerdan a los propios uniformes nazis y consiguiendo ese efecto de película teñida por las fotografías de la década del 40. No hay grandes gestos dramáticos ni escenas espectaculares: la tensión se acumula en miradas, silencios y pequeños gestos.

La historia se sitúa en 1943, en Parcz (Prusia oriental), un pequeño pueblo cercano a la Wolfsschanze, el complejo militar conocido como la “Guarida del Lobo”, donde Hitler se refugió durante buena parte de la guerra. Allí llega Rosa Sauer, una joven berlinesa que escapa de los bombardeos y busca refugio en la casa de sus suegros, mientras su esposo combate en el frente. Su llegada coincide con una decisión arbitraria del ejército nazi, que selecciona a un grupo de mujeres jóvenes, sanas y “racialmente adecuadas” para que prueben la comida del Führer. Las elegidas son: Leni Brunner, Sabine Gross, Heike Neumann, Augustine Pohler, Ulla Richter, Elfriede Kuhn y Rosa… las siete son examinadas por médicos y reciben un banquete.

Durante más de un año, dos veces al día las trasladan del pueblo al cuartel, donde les sirven distintos platos a cada una y las obligan a comer, en un momento donde ciertos alimentos son un privilegio para la población alemana. Después de la cata deben esperar una hora para que el médico compruebe si alguna enferma o muere, así Hitler puede comer sin riesgo. Ellas son viudas o están esperando que sus maridos regresen de la guerra, con dificultades económicas y escasez de alimentos, no tiene mucha elección.

La premisa es tan sencilla como perturbadora, en ese pequeño ritual cotidiano se condensa toda la violencia del régimen, ya que la vida de estas mujeres vale menos que la paranoia del dictador, y se convierte en algo poderoso con una amenaza siempre presente y los tiempos de espera.

El núcleo dramático de la película recae en este grupo de catadoras, con algunos desencuentros al principio, ya que la convivencia está marcada por un ambiente de desconfianza y la rivalidad, y donde la protagonista, Rosa es llamada “la berlinesa”, siendo inicialmente una intrusa entre mujeres que llevan toda la vida en ese pueblo.

Pero el miedo compartido termina generando una forma de comunidad y sororidad femenina. La película observa con atención cómo esas mujeres, que en teoría encarnan el ideal ario del régimen, pero que a la vez descubren que también son prescindibles.

El film plantea una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto el pueblo alemán fue cómplice o víctima del sistema que lo gobernaba? Las protagonistas no cuestionan abiertamente el nazismo, pero tampoco pueden escapar de su maquinaria, al final la guerra destruye a todo el mundo, y aquí comer para sobrevivir se convierte en una metáfora brutal de esa contradicción.

En medio de ese clima asfixiante, Rosa (personaje basado en Margot Wölk) inicia una relación clandestina con el oficial de las SS Albert Ziegl, y este romance introduce un elemento polémico en el relato, porque mezcla deseo, necesidad afectiva y culpa, a la vez que Wölk nunca narró ninguna relación consentida ni amorosa.

Alrededor de su figura hay cierta polémica, ya que Margot falleció hace pocos años, y nunca se pudo comprobar la veracidad de su testimonio, mientras que el resto de las catadoras (en el filme son siete pero según su relato fueron doce) fueron violadas y asesinadas por el ejército ruso. El filme no se interesa tanto en la historia oficial como por la vida de quienes quedaron atrapados en su periferia, y el director deja claro que no se basa en hechos reales en sí, sino en una adaptación de la novela.

Una de las decisiones más inteligentes de Soldini es que Hitler nunca aparece en pantalla, aunque su figura está presente en todo momento, pero siempre fuera de campo. Las mujeres no lo ven y el espectador tampoco, pero sabemos que está allí, esperando que alguien más arriesgue la vida antes de que él se siente a comer.

La película también incorpora hechos históricos, y dentro del clima de conspiración y paraonia del Fürher, aparece la Operación Valkiria de julio de 1944, con el atentado fallido contra el dictador.

Si algo demuestra Las catadoras del Führer es que la violencia del nazismo no se expresaba solo en los campos de exterminio o en el frente de batalla. El miedo estaba presente en la sociedad y se infiltraba en la vida cotidiana, en gestos aparentemente menores y en órdenes que nadie se animaba a cuestionar.

El plato servido en la mesa puede parecer un detalle insignificante dentro del aparato bélico del Tercer Reich, pero la muerte no solo viene de balas o bombas, y aquí se convierte en el lugar donde se revela la lógica más profunda del régimen: la vida humana como material descartable.

En ese sentido, el film dialoga con una pregunta inquietantemente actual, mostrando cómo las sociedades se acostumbran, poco a poco, a aceptar lo inaceptable. Del mismo modo que médicos nazis experimentaron con prisioneros, ellas sienten que cada día forman parte de un juego cruel de vida o muerte, son supervivientes y luchadoras aunque no lleven uniforme de soldado ni de prisioneras, estando controladas en horarios y espacios como el comedor, patio y baños, y deben ser sumisas ante el régimen.

Título: Las catadoras del Führer.
Título original: Le assaggiatrici (tcc The Tasters).
Dirección: Silvio Soldini.
Intérpretes: Elisa Schlott, Max Riemelt, Alma Hasun, Emma Falck, Olga von Luckwald, Berit Vander, Kriemhild Hamann y Thea Rasche.
Género: Drama histórico, Bélico.
Calificación: AM 13 con reservas.
Duración: 122 minutos.
Origen: Italia/ Alemania/ Bélgica.
Año de realización: 2025.
Distribuidora: CDI Films.
Fecha de estreno: 12/03/2026.

Puntaje: 7 (siete)

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