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martes, 20 octubre 2026
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La casa: Un hombre es un campo de batalla

Por Maximiliano Curcio

Entre promesas que se desvanecen y circunstancias que cambian de manera repentina, hay decisiones que deben tomarse bajo la más extrema presión: es el precio de sobrevivir en un mundo regulado por intereses. En La casa (2025), Gustavo Triviño construye una narración atravesada por la extorsión, la estafa, la avaricia y la corrupción, que permite explorar las conductas de una sociedad condicionada por sus propias contradicciones. Protagonizada por Diego Peretti junto a un formidable elenco, la película tuvo su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata de 2025, donde integró la Competencia Internacional y fue nominada a Mejor Película, antes de su esperada llegada al circuito comercial.

La historia se adentra en la encrucijada de un hombre de casi sesenta años que acaba de perder su empleo y debe enfrentarse a un horizonte cada vez más estrecho, en el que las oportunidades escasean y la posibilidad de reinsertarse laboralmente se vuelve una preocupación concreta. Esa pérdida no constituye un mero antecedente argumental: es el detonante que lo empuja hacia un territorio turbio, donde los negocios bordean los límites de lo legal y los intereses particulares amenazan con desplazar cualquier principio. ¿Hasta dónde puede justificarse un despido cuando las decisiones responden a motivaciones que exceden lo estrictamente laboral? ¿Qué alternativas quedan cuando la experiencia acumulada parece insuficiente para garantizar un nuevo comienzo? En una competencia feroz, todos buscan sacar tajada y asegurarse una posición favorable. Las reglas se adaptan a las conveniencias, las lealtades se ponen a prueba y las promesas pierden consistencia. ¿En quién confiar cuando la necesidad propia se transforma en una oportunidad para quien pretende sacar ventaja?

A partir de esta trama, Triviño explora los mecanismos del sistema laboral, social y económico argentino. La administración empresarial, la presencia de capitales extranjeros, los entresijos de las operaciones inmobiliarias y las relaciones de poder delinean un escenario en el que la estabilidad profesional se transforma en otra fuente de incertidumbre cotidiana. Para quien ha quedado fuera del mercado de trabajo o de los cánones de solvencia, conservar una posición, proteger los recursos disponibles o aprovechar una extraña oportunidad que llama a su puerta puede convertirse en parte de una misma lógica de supervivencia. En ese contexto, la necesidad de sostenerse económicamente entra en conflicto con los códigos de conducta y obliga a reconsiderar hasta qué punto las convicciones resisten cuando lo que está en juego es el propio futuro.

Como eje del relato, Peretti compone un memorable protagónico que se suma a su impecable presente en la cinematografía nacional, luego de La muerte de un comediante, Risa y la cabina del viento, y el flamante estreno de Netflix Lo dejamos acá. Su interpretación encuentra espacios de particular intensidad a medida que los acontecimientos lo enfrentan a situaciones en las que cada movimiento puede modificar el equilibrio de fuerzas. Un mal paso basta para abrir camino a nuevas complicaciones, mientras la urgencia por encontrar una salida desplaza progresivamente el margen para la reflexión. En ese recorrido, el actor se luce a sus anchas, poniendo de relieve los dilemas éticos y morales de un hombre que debe desenvolverse en circunstancias que no siempre comprende ni controla.

El reparto constituye otro de los grandes atractivos de una película con madera de neo clásico. César Troncoso y Mariano Argento sobresalen con dos composiciones secundarias de antología, a las que se suma un conjunto de intérpretes de reconocida solvencia: Guillermo Arengo, Gastón Cochiarale, Mario Alarcón, Fabián Arenillas, Verónica Intile, Malena Sánchez, David Masajnik y Joaquín Berthold. De forma singular, destaca la participación de Marta Lubos, cuya presencia adquiere una dimensión especialmente emotiva: fallecida el 27 de marzo de 2026, esta película representa su última aparición en la gran pantalla. Despedida cinematográfica que invita a recordar, con particular sensibilidad, el legado de una actriz de extensa trayectoria.

El director demuestra dominio narrativo y solidez en la construcción del clima y los tiempos. El suspenso no depende exclusivamente del conflicto que hace avanzar la trama; también se alimenta de las pausas, las miradas y las reacciones que anticipan un desenlace que bordea la tragedia. Los primeros planos acercan al espectador a los personajes cuando deben elegir entre sostener sus principios o ceder ante la presión. A veces, es mejor no preguntar. En otras ocasiones, basta con oler sangre para que los cazadores reconozcan a sus presas. La amenaza no siempre necesita manifestarse de manera explícita: puede insinuarse en un gesto, una vacilación o una conversación en la que cada palabra parece esconder una segunda intención.

En ese terreno, La casa recoge ciertos climas y temáticas del mejor cine del recordado Fabián Bielinsky: la incertidumbre moral, los personajes atrapados en situaciones que los exceden y la desconfianza como condición permanente dominan el escenario. Las intenciones se someten a examen, los intercambios adquieren un carácter sospechoso y cada movimiento puede conducir tanto a una salida como a un callejón sin retorno. Sin perder su identidad, la película dialoga con una tradición del cine argentino que encuentra en las zonas grises de la conducta humana una fuente privilegiada de suspenso. Lo inquietante no reside únicamente en descubrir qué ocultan los demás: preciso es advertir hasta dónde puede llegar uno mismo cuando las circunstancias lo empujan contra sus propios límites.

La frontera entre víctimas y victimarios se vuelve, entonces, cada vez más difusa. Un hombre atrapado en un conflicto y condicionado por intereses y decisiones ajenas descubre que no siempre resulta sencillo determinar quién controla la situación. La avaricia y la corrupción alimentan una dinámica en la que cada cual intenta preservar su lugar, incluso a costa de comprometer aquello que alguna vez consideró innegociable. El debate planteado, gracias a la inteligencia de Triviño en calidad de autor, no se limita a distinguir entre buenos y malos: obliga a observar las justificaciones que cada individuo construye para sostener sus actos. La vulnerabilidad inicial del protagonista no lo exime de responsabilidad, del mismo modo que la posición de poder de quienes lo rodean no garantiza que puedan mantener el control de los acontecimientos.

Esa trama de ambiciones particulares remite, además, a ciertas continuidades de la realidad argentina. Detrás de las disputas empresariales, las estrategias inmobiliarias y los conflictos individuales persiste una estructura de relaciones en la que la desigualdad, la conveniencia y la lucha por conservar lo conseguido condicionan las conductas, inscribiéndose en un panorama donde las posibilidades de progreso no están distribuidas de manera equitativa y la necesidad puede convertirse en un instrumento de presión. Es el precio de la vida que soñamos.

La referencia a la contienda de Malvinas —para nada menor— introduce una dimensión que excede las disputas inmediatas y remite a la memoria, al sacrificio y a las marcas que perduran en la experiencia colectiva. En ese cruce entre la historia personal y una herida compartida, los personajes adquieren otra profundidad: todos parecen librar una batalla, defender algo propio o intentar recuperar aquello que consideran perdido. La guerra deja de ser solamente una referencia histórica para convertirse también en una imagen de los combates íntimos que cada persona enfrenta a lo largo de su vida.

Gustavo Triviño encuentra en esta consagratoria propuesta una narración que privilegia la atmósfera, la precisión de los tiempos y la observación de las contradicciones humanas. La casa, obra maestra de visionado obligatorio, sostiene su apuesta dramática sobre un escenario en el que las promesas pueden quebrarse, las normas se negocian y la confianza se convierte en un bien escaso. Desde el desamparo de un hombre que pierde su lugar en el mundo laboral hasta el entramado de intereses que amenaza con absorberlo, la película construye un retrato de supervivencia subyugante, en el que cada decisión tiene un costo irreparable. La tensión entre las ambiciones particulares y las reglas que deberían regularlas termina por revelar un paisaje reconocible, donde la conveniencia suele imponerse de manera devastadora.

Título: La casa.
Título original: Idem.
Dirección: Gustavo Triviño.
Intérpretes: Diego Peretti, César Troncoso, Fabián Arenillas, Guillermo Arengo, Mariano Argento, Gastón Cochiarale, Mario Alarcón, Verónica Intile, Malena Sánchez, David Masajnik, Joaquín Berthold y Marta Lubos.
Género: Drama, Suspenso, Thriller psicológico.
Calificación: AM 13 años.
Duración: 98 minutos.
Origen: Argentina.
Año de realización: 2025.
Distribuidora: Moving Pics.
Fecha de estreno: 08/10/2026.

Puntaje: 10 (diez)

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