El estreno comercial de Risa y la cabina del viento se presenta como una de las más gratas sorpresas que la cartelera de cine nos ha deparado en lo que va del año. Con dirección de Juan Cabral y guion de Pablo Minces junto al propio Cabral, está protagonizada por Diego Peretti, Cazzu, Elena Romero, Joaquín Furriel, Silvina Sabater y Gustavo Garzón. El film, de carácter dramático y fantástico, narra reveladores acontecimientos en la vida de una niña que descubre una cabina telefónica que le permite comunicarse con los muertos, desencadenando una trama marcada por el duelo, el descubrimiento y la redención.
Risa y la cabina del viento se inscribe en un universo que remite al imaginario de Alejandro Agresti, donde lo íntimo se funde con lo poético y lo cotidiano se transforma en materia de extrañamiento. Desde su puesta en escena, y a lo largo de los primeros minutos transcurridos, el uso de primeros planos intensifica la cercanía emocional, mientras la composición fotográfica sostiene una atmósfera que cautiva a partir de los pequeños detalles, construyendo una textura visual donde nada parece superfluo.

A lo descrito se suma un punto de contacto clave: la niñez y la mirada ingenua como filtro narrativo. En este caso, la realidad no se organiza desde una lógica adulta o plenamente racional, sino desde una sensibilidad que interpreta el mundo a partir de una fragilidad emocional en permanente transición. Esa perspectiva convierte toda posible rutina en algo inestable, donde lo inexplicable puede coexistir con lo evidente sin generar conflicto.
A medida que el relato avanza, destaca el uso del paisaje como extensión del estado mental de los personajes. En Risa…, la desolada geografía austral no se limita a enmarcar la ficción, sino que participa activamente en su sentido emocional. El espacio se convierte en una forma de narración silenciosa, donde el vacío, el abandono, el frío y la distancia comunican tanto como los personajes. Similar gravitación a la del paisaje posee la música, enteramente compuesta por Diego Tuñón y Babasónicos.
Con claridad, Cabral -que en su haber cuenta con la dirección del largometraje Two/One– construye personajes atravesados por la pérdida de rumbo o la incompletitud, y lo hace desplazando su material hacia una forma surrealista y sensorial. Hay un componente mágico en el aire, una sensibilidad expandida que vuelve significativo aquello que, en otro registro, podría pasar desapercibido: la sensibilidad en derredor hace que el ruido del viento sobre una arboleda o sobre el tendido eléctrico pueda adquirir un carácter sobrenatural, como si el mundo estuviera siempre a punto de revelar otra capa de sentido, distinta a la que los ojos suelen registrar.
La historia transcurre en diversos planos, pero encuentra su eje en la mencionada mirada fascinada que organiza la percepción de lo real desde la intuición y el asombro. Allí, la misteriosa ‘cabina del viento’ se presenta como una figura central: una especie de milagrosa salvación que ayuda a sanar todo lo roto, funcionando a la vez como dispositivo simbólico y como punto de contacto con una dimensión que desborda lo cotidiano, una posible misión atravesada por un contacto con el más allá. En ese sentido, el film elabora un verosímil delicado de sostener, apoyándose en gestos, miradas y silencios que funcionan como verdaderos núcleos narrativos.

Los contrastes del paisaje —entre un entorno magnificente y una decadencia próxima— operan como espejo de unos personajes abatidos, acosados por cuentas pendientes, pérdidas recientes y la necesidad de elaborar ausencias; en igual medida, buscan perdón y sostén afectivo. Sabiamente, Cabral propone una reflexión más amplia sobre la mortalidad y sobre aquello que verdaderamente nos pertenece en esta vida, donde los ciclos de la existencia humana y animal se entrelazan sin jerarquías, como parte de un mismo flujo vital que la puesta en escena pretende hacer visible en los enternecedores y preponderantes Kuhro y Chuletas.
El éxito de Risa y la cabina del viento no sería posible sin las destacadas interpretaciones individuales que, al unirse, logran una conexión genuina y conmovedora entre los personajes. El trabajo colectivo de todos los involucrados (en especial, la revelación debutante Elena Romero y un fabuloso Diego Peretti, quien añade a su trayectoria otro protagónico para el recuerdo) enriquece la propuesta y eleva el relato, aportando la humanidad necesaria para que la historia cobre vida de manera tan profunda y significativa.
Título: Risa y la cabina del viento.
Título original: Idem.
Dirección: Juan Cabral.
Intérpretes: Elena Romero, Diego Peretti, Cazzu, Joaquín Furriel, Gustavo Garzón, Silvina Sabater, Fabián Casas, Manuel Da Silva y Graciela Borges.
Género: Drama fantástico, Realismo mágico.
Calificación: AM 13 años.
Duración: 94 minutos.
Origen: Argentina.
Año de realización: 2025.
Distribuidora: Digicine.
Fecha de estreno: 16/04/2026.
Puntaje: 8 (ocho)
