La Muerte de un Comediante, ópera prima de Diego Peretti junto a Javier Beltramino, fue concebida bajo un modelo de producción sin precedentes. La película se financió a través de un mecanismo inédito para el cine nacional: aportes de socios productores, sin subsidios estatales ni pautas publicitarias, impulsado por la Comunidad Orsai -liderada por Hernán Casciari-. A ello se suma otro rasgo distintivo: su rodaje en dos países —Argentina y Bélgica- le otorga un carácter singular y atractivo.
El guion, escrito a dúo entre Peretti y Cristian Chiri Basilis, coloca el foco de atención en Juan Debré, un intérprete que dedicó su vida a encarnar a un superhéroe en una popular —aunque aparentemente mediocre— serie televisiva… hasta hastiarse de aquello que le otorgara fama mundial. Cuando recibe el diagnóstico de una enfermedad terminal, la desconexión de la realidad se vuelve inmediata: la música de percusión en incremento contrasta con un cuerpo en completa quietud, asimilando el peso que conlleva la peor de las noticias.

De allí, sin escalas, a Bruselas, la capital mundial del cómic. En la tierra de su ídolo de la infancia —un antiguo personaje de cómic, olvidado pero mítico—, se abre paso un universo visual construido alrededor de una figura inspirada en “Las Aventuras de Tintín” y su perro Milou, creación del pionero dibujante Hergé. No es una referencia casual: se trata del personaje de historieta más famoso del siglo XX al otro lado del Atlántico. Lo que comienza como una huida íntima desemboca en la historia de un hombre que debe decidir si, finalmente, será el héroe que siempre fingió ser. En una urbe que le es completamente ajena, ‘El Escorpión’ es apenas un turista más. ¿O no?
Mientras los conflictos sociales y políticos en el Viejo Continente ganan terreno en la narración—los ideales de libertad y revolución, los derechos de los inmigrantes, las protestas en las calles—, Debré queda atrapado en una realidad paralela que lo obliga a enfrentarse a sí mismo. Un mundo gráfico, atravesado por conspiraciones políticas e injusticias económicas y sociales, termina de cobrar forma. A paso firme, el film cobra un tono y una estética que sorprenderá a incautos.
El relato recurre, de modo permanente, a las virtudes que ofrece la voz en off. El tono grave de ciertas sentencias anuncia frases aleccionadoras, algo rimbombantes y de cariz existencial, guían al protagonista por los pasadizos del crimen. Entre el miedo y la nada, habita el ser: la intuición no se equivoca y algo urgente parece reclamar resolución en el presente. Debré, en su propio laberinto, formula respuestas breves, casi esquemáticas.
Un libro cuasi sagrado ilumina su camino, conformando una suerte de inmersión de magnas verdades e ideas que lo impulsen a superar la adversidad, combatir villanos y buscar el bien común. En estado de gracia, abundan las coincidencias y una cómplice de peripecias (Malena Villa), camino a una reveladora transformación psíquica y física.
Peretti aporta el rostro y el gesto preciso, emulando a Bombín —‘el de la cara de nada’— y sigue al pie de la letra un sabio principio: actuar sin afectación. Los primeros planos, el uso de una la cámara subjetiva y la insistencia en el artificio visual muestran las cualidades de una dupla de directores sumamente inspirada, al tiempo que nos permiten contemplar, con claridad, a un personaje -literalmente- extensión de su disfraz.
La Muerte de un Comediante es una rara avis dentro del cine argentino. Un trabajo de vocación autoral y espíritu europeo, que avanza con ritmo aplacado y diálogos pausados, sosteniendo una concepción fílmica que jamás olvida el propósito interior de su protagonista. Ficción dentro de la ficción dentro de la ficción, lleva a cabo homenajes visibles a la Nouvelle Vague y al cine de autor francés de los años ’70: una sensibilidad metalingüística atraviesa la puesta, recordándonos que la muerte persigue toda la vida y que del nacimiento nada sabemos.

Un descomunal Peretti —habitualmente asociado a personajes cercanos al humor más desopilante, de masivo entretenimiento— encara aquí un desafío mayúsculo. En una sobresaliente interpretación, traduce en su gestualidad corporal el costado trágico, apesadumbrado, interiormente quebrado de Debré. Amargo, solitario, lacónico y contenido, dueño de una serena tristeza, su personaje evoca el reverso más oscuro que, en más de una ocasión en la gran pantalla, supo personificar un estandarte mundial de la comedia: Peter Sellers.
En absoluto el presente ejercicio se trata de una comedia de intenciones comerciales. La Muerte de un Comediante derrama nostalgia en cada fotograma y buen gusto cinéfilo, para configurar su reconfortante singularidad. Entre sombras humeantes, luces de neón, señales del destino y pizcas de humor velado, interpela al espectador desde su dimensión más íntima.
Título: La muerte de un comediante.
Dirección: Diego Peretti y Javier Beltramino
Intérpretes: Diego Peretti, Malena Villa, Eric Jean Bier, Heinz K. Krattiger, Chuck Hargrove, Marioska Fabián Nuñez, Carl-Philipp Wengler, Andrés Guillín y Agustín Matías Kim.
Género: Drama.
Calificación: AM 13 años.
Duración: 106 minutos.
Origen: Argentina/ Bélgica.
Año de realización: 2025.
Distribuidora: Moving Pics.
Fecha de estreno: 20/11/2025.
Puntaje: 8 (ocho)
