Por Francisco Nieto, corresponsal en España
Parece mentira pero ya han pasado la friolera de dos décadas desde que se estrenó en cines el último largometraje de Wallace y Gromit, intitulado para la ocasión La batalla de los vegetales. La experiencia había dejado malos recuerdos en Nick Park, debido a la presión de DreamWorks para adaptar la serie al público estadounidense, aunque ello no le impidió ganar el Oscar a la mejor película de animación en 2006, por delante de joyas como El cadáver de la novia de Tim Burton o El increíble castillo vagabundo de Hayao Miyazaki.
Si bien es cierto que con posterioridad se han ido estrenado algún mediometraje (Wallace y Gromit: Un asunto de pan o muerte, 2008) y varios cortos de la pareja también lo es que nos de una alegría inmensa que Netflix haya estrenado la rutilante Wallace y Gromit: La venganza se sirve con plumas. Y encima estamos de un film animado que incluso ha llegado a ser finalista en la pasada edición de los Oscars de Hollywood, aunque acabara cediendo ante la magnífica cinta letona Flow, señal de que la calidad del producto final de la factoría no ha disminuido un ápice con el paso de los años. En esta ocasión su estreno fue bastante limitado en Estados Unidos y tuvo su puesta de largo en la cadena de televisión inglesa BBC One antes de su estreno mundial en la plataforma anteriormente citada.
En una era saturada de contenidos audiovisuales que luchan por captar nuestra atención a cualquier precio, es reconfortante volver a la comodidad básica de la animación con plastilina, que Aardman ha producido de forma fiable durante décadas. La animación stop-motion posee una cualidad táctil, casi corpórea, que la animación digital o con IA no podrá reemplazar nunca, o eso preferimos pensar, y en la película que nos ocupa, somos testigos de algunos de los logros más finos y meticulosos de Nick Park y compañía, capturados fotograma a fotograma ante la cámara. Y como siempre todo ello acompañado de un guion hilarante, donde la comedia física y el humor irónico se funden de forma tan armoniosa como eficaz.
La película se abre mostrando cómo los inventos de Wallace automatizan su despertar. Dicha dependencia extrema de la maquinaria automática emite la misma sensación de ridículo que las tareas de fábrica en los tiempos modernos. Bastante escéptico ante esta situación, Gromit no estará más entusiasmado que de costumbre con el último armatoste ideado por Wallace: un gnomo creado gracias al concurso de la inteligencia artificial.
Una invención que rápidamente se vuelve muy popular en el barrio pero que no tardará mucho en tener un mal uso. Cuando la cosa se desmadre, el tecnófilo y el tecnoescéptico deberán unir sus fuerzas si es que no quieren que la cosa acabe como el Rosario de la Aurora, y todo desembocará en una escena de acción trepidante que a más de uno le sonará a la última entrega (primera parte) de la saga Misión: imposible.
Esta película funciona milimétricamente como una fusión equilibrada de lo antiguo y lo nuevo. Los protagonistas repiten sus roles habituales, pero en esta ocasión en una era más moderna. Afortunadamente, el futuro en el mundo de Wallace y Gromit no está controlado por megacorporaciones y por drones (algo que generalmente es sinónimo de “interpretación moderna” en el lenguaje cinematográfico), ya que el meollo enrevesado tan solo tiene lugar en su pintoresco pueblo inglés. Pero sí que parece que se nos quiere transmitir un mensaje a modo de moraleja: en el pasado la tecnología sirvió principalmente como una herramienta o como mero MacGuffin, pero esta vez el dúo se enfrenta sutilmente a la dependencia de la técnica y nos plantea en qué medida puede llegar a ser deseable que perdamos el control ante la comodidad de que ella nos haga la vida demasiado fácil. La pregunta central ya no es si la luna es de queso, sino cuál debería ser el papel de la tecnología en nuestras vidas.
En cuanto a las voces, refiriéndonos a la versión original, vale la pena hacer notar que este es el debut en una película de la saga de Ben Whitehead como Wallace. Whitehead ya ha ganado la experiencia necesaria como Wallace en los videojuegos, pero ahora puede proclamar con orgullo que es realmente Wallace. El actor original, Peter Sallis, conocido desde los cortometrajes originales, se retiró después de La batalla de los vegetales. La guinda del pastel en cuanto a voces se refiere la pone la participación dando vida a una intrépida periodista de la conocida actriz Diane Morgan, protagonista de la descacharrante serie de Netflix La vida según Philomena Cunk.
En definitiva, nos hallamos ante un regreso triunfal del bien conocido inventor británico excéntrico, su perro y ese pingüino malvado llamado Feathers McGraw. Y ojo con el villano estrella de la función: el gnomo inteligente más aterrador que se pudo ver en la campiña británica. Un auténtico descubrimiento robaescenas.
Título: Wallace y Gromit: La venganza se sirve con plumas. Título original: Wallace & Gromit: Vengeance Most Fowl. Dirección: Merlin Crossingham y Nick Park. Voces originales: Ben Whitehead, Peter Kay, Lauren Patel, Reece Shearsmith, Diane Morgan, Muzz Khan, Adjoa Andoh y Lenny Henry. Género: Animación stop-motion, Comedia, Aventura. Calificación: Apta para todo público. Duración: 78 minutos. Origen: Reino Unido. Año de realización: 2024. Plataforma: Netflix. Fecha de estreno: 03/01/2025.
Puntaje: 8 (ocho)