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lunes, 20 abril 2026
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Rocco y sus hermanos: No hay milagro en Milán

Por Francisco Nieto, corresponsal en España

Luchino Visconti es, sin duda, uno de los más grandes cineastas italianos de todos los tiempos y estuvo a la vanguardia del movimiento neorrealista que arrasó el país desde mediados de la década de 1940 durante aproximadamente una década. Su ópera prima, Obsesión (1943), se considera la primera película neorrealista. Si bien es más conocido por El Gatopardo (1963) y Muerte en Venecia (1971), su mayor logro es, sin duda, Rocco y sus hermanos. Estrenada en 1960, es un drama familiar épico con una duración de más de tres horas. Comentar que para su estreno la censura local obligó al director Visconti a cortar algunas secuencias (incluidas escenas de la violación de Nadia); posteriormente, la película se acortó aún más para su distribución internacional. El director de fotografía Giuseppe Rotunno preparó una versión completa restaurada, que se reestrenó en 1991.

Así, este jueves se reestrena en salas argentinas y en copia restaurada este clásico incontestable. La trama nos presenta a Rosaria y sus cuatro hijos (Simone, Rocco, Ciro y Luca) quienes abandonan su tierra natal, Lucania (la actual Basilicata), para emigrar a Milán en busca de trabajo y oportunidades que les permitan mejorar sus condiciones de vida. Allí encuentran a Vincenzo, el hermano mayor, que trabaja de albañil pero que está relacionado con el mundo del boxeo.

La película de Luchino Visconti se podría llegar a considerar como una ópera neorrealista de muy larga duración: cuenta con numerosos personajes memorables, es francamente emotiva y además disfruta de una elegante fotografía y una impresionante banda sonora (la partitura firmada por Nino Rota para esta película fue aparentemente la que le consiguió el trabajo en El Padrino, ya que a Coppola le encantó). Tiene la capacidad de sumergirte de inmediato en su realidad cotidiana y posee una atmósfera distintiva, propia de otra época.

La narrativa se divide en varios actos donde la vida en Milán se observa a través de la mirada distinta de cada uno de los hermanos protagonistas. Estos refuerzan desde su enfoque aún más la identidad operística de la película, ya que suceden muchas cosas en diferentes lugares al mismo tiempo. Como resultado, el drama se vuelve mucho más intenso y los acontecimientos cruciales que sacuden a la familia dejan una huella más profunda y duradera. Al estructurar la historia en múltiples capítulos, cada uno sobre un hermano, el director crea un mosaico de relaciones donde las emociones bullen en un segundo plano y la vida del hermano no titular continúa. Cada historia y circunstancia se entrelazan: existe la sensación de que nadie puede escapar de su identidad, pero existe un deseo innato de ser su propia persona, para bien o para mal.

La película también narra la transformación de un país cuya rápida industrialización de posguerra ha creado una brecha evidente entre el sur rural y el norte, más rico. Personas como los Parondi, que llegan del sur en busca de trabajo y una vida mejor, tienen que ganarse el derecho a integrarse en el norte. La tensión que surge de esta división, y que se percibe fácilmente en la película, existe incluso en la Italia moderna. La genialidad del cineasta reside en plasmar cada personaje en un lienzo más amplio. Somos tan conscientes de la intimidad de las relaciones familiares como de las fuerzas económicas y políticas, más importantes y ajenas, que amenazan con consumir a toda la familia.

Trabajando con el director de fotografía Giuseppe Rotunno, una de las voces más vitales en la historia de la profesión, el ojo de Visconti nunca pierde su lugar: la pobreza ruinosa del paisaje urbano, el encanto del cuerpo de una mujer, la emoción de una pelea, todo ello capturado exquisitamente en su fotografía en blanco y negro. También lo es el paisaje infinitamente cautivador del rostro humano, aislado de su entorno en un primerísimo plano y un enfoque preciso. Cuando Visconti corta a estos primeros planos, nada más en el mundo parece importar.

En cuanto al elenco actoral se refiere, comentar que algunos actores fueron doblados al italiano, pero el conjunto de las interpretaciones son magníficas. Alain Delon luce aquí joven e increíblemente guapo, y rebosa de pura calidad interpretativa. Renato Salvatori está magnífico como el hermano celoso cuya ira lo va destruyendo poco a poco. Annie Girardot es inolvidable como la bella prostituta que parece incapaz de cambiar su vida. Y Katina Paxinou se convierte en una auténtica madre italiana que lucha por mantener unida a su numerosa familia.

Rocco y sus hermanos nos lleva a lugares que pocos directores habrían intentado, al menos a principios de los años 60, para una historia sobre la familia. En particular, una profunda ruptura entre Simone y Rocco a mitad de la película revela profundas inquietudes sobre la masculinidad y la dignidad. En definitiva, la obra de Visconti es impactante y, a pesar de su duración, inesperadamente entretenida.

Título: Rocco y sus hermanos.
Título original: Rocco e i suoi fratelli (tcc Rocco et ses frères).
Dirección: Luchino Visconti.
Intérpretes: Alain Delon, Annie Girardot, Renato Salvatori, Katina Paxinou, Roger Hanin, Paolo Stoppa y Claudia Cardinale.
Género: Crimen, Drama, Deportes.
Calificación: SAM 13 con reservas.
Duración: 179 minutos.
Origen: Italia/ Francia.
Año de realización: 1960.
Distribuidora: Mirada Distribución.
Fecha de reestreno: 03/04/2025.

Puntaje: 9 (nueve)

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