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lunes, 16 marzo 2026
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Romería: Un viaje al tabú del SIDA

Por Vicente I. Sánchez, corresponsal de Nueva Tribuna España

Decía el filósofo George Steiner que aquello que no nombramos no existe, en una lúcida reflexión sobre la importancia que tienen tanto el pensamiento como el lenguaje en nuestro desarrollo vital. Y son muchas las ocasiones en las que nuestros pensamientos y comportamientos evitan precisamente nombrar ciertas realidades.

En torno a este concepto gira Romería, el cierre de un tríptico sobre la memoria familiar que Carla Simón comenzó con Verano 1993 (2017) y continuó con Alcarràs (2022). Aquí, la búsqueda de la verdad se convierte en el gran objetivo de Marina, una joven que acaba de cumplir la mayoría de edad y viaja a Vigo para conocer a la familia de su padre biológico, fallecido de SIDA —al igual que su madre— cuando ella era todavía muy pequeña. Un viaje emocional y sensorial en el que Simón vuelve a reflexionar sobre su pasado y sobre las memorias heridas que dejó aquella cruel enfermedad que se llevó a sus padres demasiado pronto.

Es importante recordar que, a finales de los 80, el SIDA se vivía con vergüenza y en silencio en muchas familias, más aún cuando lo padecían personas devastadas por la heroína. “No es que tu padre no quisiera ir a verte” —le repite en varias ocasiones una familiar—, “sino que la heroína lo tenía tan destruido que le impedía hacer nada”. Por eso cobra tanto peso la búsqueda de Marina: no solo quiere saber quiénes fueron sus padres, sino también por qué la sociedad —y su propia familia— prefirieron ocultar su historia. En este sentido, resulta decisivo el momento en que los abuelos de Marina reconocen finalmente que su hijo no murió de hepatitis C, sino de SIDA. Es uno de los instantes más hermosos y potentes de la película: la enfermedad por fin toma nombre, y al nombrarla, existe.

A través de los encuentros con tíos, tías y abuelos, la protagonista intenta reconstruir el relato de sus padres, pero todos cargan con la vergüenza de los conflictos con las drogas, una herida que la propia presencia de Marina reabre. Carla Simón camina sobre una delgada línea entre realidad y ficción: aunque ese viaje fue real y ella lo emprendió en primera persona, en Romería decide transformar muchos de aquellos recuerdos en un ejercicio de metaficción. No es casual que la protagonista repita insistentemente en el filme que quiere ser directora de cine. Es un recordatorio de que lo que vemos no es una autobiografía literal, del mismo modo que tampoco lo eran Verano 1993 ni Alcarràs.

Entre lo real y lo imaginado, entre lo soñado y lo vivido, la película se mueve en múltiples planos pero siempre con una poética serena, llena de luz y ternura. La narración alterna entre las imágenes que graba la propia Marina (una magnífica Llúcia Garcia) con su cámara de vídeo, y las que filma Carla Simón, jugando a entretejer la historia de la protagonista con la de sus padres. Un dispositivo narrativo sugerente que, apoyado en el diario que escribió la madre de la directora, busca entender qué ocurrió en aquellos tiempos tan felices como crueles.

En este sentido, el reparto es uno de los grandes motores de la película, combinando intérpretes no profesionales, como la sorprendente Llúcia Garcia y Mitch, con otros de dilatada trayectoria como Tristán Ulloa y Céline Tyll. Sin embargo, es Llúcia quien brilla con luz propia: actriz revelación que construye un personaje lleno de matices y que, en el tramo final, llega incluso a fundirse con la figura de su madre en un gesto poético en el que su rostro parece transformarse en otro, semejante pero distinto, igual y a la vez irrepetible.

Romería, presentada en la sección oficial de Cannes, se confirma como una obra sólida, hija de una directora cargada de creatividad y audacia. Sin embargo, resulta una lástima que en su segunda mitad la cinta se aventure hacia un giro excesivo —esa escalada a lo alto de un edificio— que hace tambalear parte de lo construido y la desvía hacia un rumbo menos logrado. Aun así, Romería se mantiene casi siempre intensa, emocionante y poderosa, y sobre todo supone un valioso estímulo para una cineasta que, ahora sí, parece lista para mirar más allá de la historia de su familia. La herida se cierra. La herida, por fin, cicatriza.

Título: Romería.
Título original: Idem.
Dirección: Carla Simón.
Intérpretes: Llúcia García, Mitch Martín, Tristán Ulloa, Celine Tyll, León Romagosa, Hans Romagosa, Marina Troncoso, José Ángel Egido, Miryam Gallego, Sara Casasnovas y Toño Casais.
Género: Drama, Romance.
Calificación: AM 16 años.
Duración: 114 minutos.
Origen: España/ Alemania.
Año de realización: 2025.
Distribuidora: Zeta Films.
Fecha de estreno: 12/02/2026.

Puntaje: 8 (ocho)

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