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lunes, 14 septiembre 2026
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Esa cosa con alas: El duelo como una criatura salvaje

Por Mónica Grau Seto, corresponsal en España

Esa cosa con alas llega a las salas argentinas tras su presencia en diferentes festivales internacionales durante el 2025, incluyendo su estreno mundial en Sundance, la sección oficial del Festival de Cine de Sitges —donde su protagonista, el actor británico Benedict Cumberbatch, recogió el premio honorífico Màquina del Temps— y el BFI London Film Festival.

Se trata del arriesgado debut en la ficción de Dylan Southern como guionista y director, quien se aleja de sus proyectos anteriores vinculados a documentales de bandas musicales para adentrarse en el duelo por la pérdida de un ser querido. El germen del proyecto surgió cuando Southern recibió como regalo la novela Grief Is the Thing with Feathers (El duelo es esa cosa con alas), de Max Porter. Esa lectura le produjo una profunda conexión emocional que lo trasladó a su propia adolescencia, cuando fallecieron dos amigos con muy poco tiempo de diferencia y no supo gestionar aquel dolor. El libro de Porter le mostró una representación del duelo alejada del sentimentalismo convencional: caótica, incómoda, cruel y, a ratos, sorprendentemente irónica.

Decidido a adaptar la obra, contactó al propio autor para escribir juntos el guion. El origen de la historia forma una cadena terapéutica que se extiende a través del tiempo, ya que la novela de Porter también nació de una herida personal —la muerte de su padre cuando él tenía seis años—. A su vez, el referente de Porter para el libro fueron los poemas de Cuervo (1970), escritos por Ted Hughes tras el suicidio de su esposa, Sylvia Plath, convirtiendo al ave en una presencia burlona y salvaje frente al sufrimiento humano. Como curiosidad, para el título de la novela, Porter se inspiró en el poema de Emily Dickinson de 1861, La esperanza es esa cosa con plumas. De este modo, Southern, Porter y Hughes comparten una misma conversación íntima: todos conocieron la pérdida de cerca y transformaron ese dolor en arte.

Dylan Southern adapta esta obra inclasificable que mezcla poesía, prosa, fantasía y drama psicológico; un ejercicio complejo de trasladar al cine, pero cuyo espíritu híbrido logra mantener con solvencia. La película se estructura como una obra de teatro intimista dividida en tres movimientos y tres voces: la del padre, la de los dos hijos y la del cuervo, para mostrarnos el dolor de un hombre viudo tras la muerte repentina de su esposa. El padre, un ilustrador solitario del que nunca sabremos el nombre, ve cómo su realidad comienza a resquebrajarse cuando los dibujos del ave cobran vida como una entidad antropomórfica de su tamaño que invade su hogar y su mente.

Estamos ante un drama existencial e íntimo que puede confundir a espectadores que busquen una película de terror tradicional. Aquí el miedo no surge de una amenaza externa, sino de la propia mente humana, el trauma, la soledad, la falta de comunicación en el hogar y la creación de muros emocionales generacionales. La narración avanza entre pasado y presente, reflejando cómo funciona realmente el duelo: un proceso desordenado, no lineal y lleno de retrocesos.

El cuervo es el duelo en sí convertido en algo corpóreo que agrede, empuja e insulta al padre para obligarlo a reaccionar, llorar y volver a cuidar a sus hijos. Un gran acierto de la producción es no abusar de lo digital. En tiempos dominados por el CGI, la película opta por una presencia física y tangible basada en el diseño de la escultora Nicola Hicks. Con la voz de David Thewlis y la interpretación física de Eric Lampaert, esta criatura antropomórfica resulta profundamente realista en el rodaje. Este personaje actúa como catalizador emocional —una especie de Mary Poppins siniestra— que va evolucionando y no desaparece hasta que deja de ser necesario.

Además, la película rompe con ciertos modelos tradicionales de masculinidad al presentar a un hombre respetado profesionalmente y fuerte en apariencia, pero incapaz de reconocer que necesita ayuda. Mientras se refugia en la soledad de su trabajo, ignora cómo la pérdida afecta a sus hijos pequeños, quienes no necesitan un padre invulnerable sino un referente humano con quien compartir las emociones. Ellos representan la tercera voz de la historia, la más impactante desde su mirada inocente, interpretados con una dolorosa naturalidad por los gemelos debutantes Richard y Henry Boxall (de tan solo 7 años). Los pequeños perciben la depresión paterna y la ausencia emocional pasando horas jugando solos; los momentos cotidianos, como la lectura antes de dormir o los juegos con la ropa de su madre, son los más conmovedores.

Sin duda, el gran acierto del casting es Benedict Cumberbatch. Alejándose de las franquicias multimillonarias de Doctor Strange o Sherlock Holmes, el actor británico apuesta por un proyecto íntimo y arriesgado. Su interpretación sostiene la película: Cumberbatch construye a un hombre normal y corriente, devastado, que intenta sobrevivir día a día con el corazón roto. Al ser el protagonista ilustrador, Southern convierte este detalle en uno de los elementos visuales más interesantes. Apoyado en los perturbadores trazos de la artista Lucy Sullivan, los bocetos rápidos y oscuros aparecen constantemente en pantalla como una extensión de una mente disociada y en crisis. A esto se suma la banda sonora de Zebedee C. Budworth y un diseño sonoro que amplifica la sensación de inquietud y depresión, delatando los orígenes profesionales del director en el videoclip.

Sin embargo, la película también muestra algunas debilidades. No todo puede recaer en Benedict; el ritmo pausado, a veces demasiado onírico —como la escena en la nieve—, y la insistencia en determinados estados emocionales terminan generando cierta sensación de estancamiento. El metraje se resiente en algunos tramos al reiterar conceptos que ya habían quedado claros para el espectador.

Esa cosa con alas no es una película fácil ni busca serlo. Su temática es incómoda y dolorosa porque hablar de pérdidas y vulnerabilidad esquiva lo comercial, pero se corona gracias a una interpretación descomunal para hablarnos de una experiencia universal que, tarde o temprano, a todos nos tocará vivir.

Título: Esa cosa con alas.
Título original: The Thing with Feathers.
Dirección: Dylan Southern.
Intérpretes: Benedict Cumberbatch, David Thewlis, Richard Boxall, Henry Boxall, Sam Spruell, Vinette Robinson y Eric Lampaert.
Género: Basado en novela, Drama psicológico, Fantasía surrealista.
Calificación: AM 13 años.
Duración: 104 minutos.
Origen: Reino Unido.
Año de realización: 2025.
Distribuidora: Impacto Cine.
Fecha de estreno: 03/09/2026.

Puntaje: 6 (seis)

 

 

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