Por Walter C. Medina*
Málaga crecía, y aunque siempre había ofrecido mucho más que sol y playa, la promoción de otros atractivos no menos importantes era todavía una deuda pendiente. De esencia conservadora, la agenda cultural se había mantenido fiel a la tradición, dando prioridad a la exhibición de las artes representativas del sentir andaluz.
Sin embargo algo estaba cambiando en la tierra del flamenco, las bulerías y el cante jondo; un fresco impulso de apertura posicionaba a la ciudad de Pablo Picasso entre las favoritas por conquistar el título de “Capital Europea de la Cultura 2016”. Este aire renovador convocaba la atención de públicos diversos que llegaban a la capital de la Costa del Sol para disfrutar de la cada vez más próspera oferta cultural. La ampliación de las secciones del joven Festival de Cine Español fue uno de los síntomas de este florecer.

Cuando el 29 de mayo de 1998 la proyección del film Una Pareja Perfecta, de Frances Betriú, daba por inaugurada la primera de sus ediciones, el Festival de Cine Español de Málaga era -tal como su rótulo indica- “de cine español”. No incluía aún el segmento que, unos años más tarde -en la edición correspondiente al año 2004-, iba a fungir de ventana para las producciones de talentosos directores y directoras de América Latina. “Territorio Latinoamericano” fue, a partir de entonces, la denominación que se le otorgó a la sección que se transformó en un espacio clave de este certamen.
La nueva sección había quedado formalmente estrenada, aunque pasarían dos años más para que se abriera de forma definitiva al público, y para que Madeinusa (2006), de la directora peruana Claudia Llosa, se alzara con la primera Biznaga de Plata a la Mejor Película.
Para el año 2009 la ciudad había experimentado una extraordinaria transformación; la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento liderado por Don Francisco de la Torre, habían invertido millones de euros en la puesta en valor de Málaga. En el ámbito privado, mientras tanto, se concretaba la recuperación de espacios abandonados, que se transformaron en salas de teatro, centros de arte y museos.
Aquella semana del 17 al 25 de abril de 2009 -en la que transcurrió la edición número 12 del festival- las calles estaban abarrotadas de gente que iba y venía de una sala a otra, que ingresaba a las muestras del CAC (Centro de Arte Contemporáneo), o al Thyssen, o a la Sala Gades, o al Teatro Echegaray, o al Cine Albéniz, o al Museo Picasso; o que -desde alguno de los bares de la coqueta calle Larios- miraba pasar las fanfarrias, a puro Dixieland, promocionando el Festival de Jazz.

El Área de Cultura había apostado por una renovada cartelera de propuestas culturales que incluía el Festival de Verano Terral, una serie de conciertos de grandes figuras internacionales que comenzó en el escenario natural de la Playa de la Araña, pero que, unas ediciones más tarde, continuó en el Teatro Cervantes. Entre el Festival de Jazz y el Terral pasaron por la ciudad artistas como Joe Cocker, Patti Smith, Elvis Costello, Eddie Cochran, Jerry Lee Lewis, Tito Jackson, Macy Gray, Michel Camilo, Lila Downs, Maceo Parker y Richard Bona, entre otras celebridades que por primera vez se dejaban ver por tierras andaluzas.
Esto sin mencionar el Festival de Teatro, las intervenciones callejeras de compañías y troupes llegadas de toda Europa, o las muestras del Centro de Arte Contemporáneo que exhibió durante dos semanas una serie de retratos en blanco y negro del fotógrafo neoyorquino Robert Mapplethorpe.
Durante aquel período no hubo concierto, muestra, exposición, festival, ni evento en el que
no me hubiera presentado en calidad de Periodista de la sección Arte y Cultura del primer portal de noticias de la ciudad, el ya extinto YMalaga.com, la agencia PuntoPress y, en ocasiones, también io-Fusion TV, el canal cultural que por aquellos años dirigía María Goretti, comunicadora gallega con muchos años de experiencia en Australia.
El histórico Teatro Cervantes guardaba para mí un sitio privilegiado en uno de los palcos bajos del ala izquierda, desde donde la visión del escenario era inmejorable. No estaba solo, claro está. El mismo palco estaba asignado también a diario Sur y a La Opinión. La ceremonia de apertura de la 12ª edición del Festival de Málaga tuvo lugar en ese mismo teatro el viernes 17 de abril. Fue el debut de Carmelo Romero en la dirección del certamen. Durante la tarde, a pocas horas de la gala inaugural, tuve el honor de conversar con el enorme actor Juan Diego, que aquella noche recibiría el Premio Málaga de manos de Antonio Banderas.
Tras la proyección de la ópera prima de David Plane, La vergüenza (2009), el 12 Festival de Cine Español de Málaga quedó formalmente inaugurado.

ARGENTINA EN TERRITORIO
Desde lo profesional mi interés estaba puesto en las películas argentinas que habrían de proyectarse en la sección Territorio Latinoamericano. Durante la rueda de prensa en la que se presentó el cartel oficial, había tomado nota de títulos y directores: Cordero de Dios (Lucía Cedrón), Un novio para mi mujer (Juan Taratuto), Motivos para no enamorarse (Mariano Mucci), La extranjera (Fernando Díaz) y Gallero (Sergio Martín Mazza).
Como solía hacerlo, me impuse como tarea el visionado de las películas y el encuentro con la delegación de cineastas, productores, actores y actrices argentinos que ya habían arribado a la ciudad, y se hospedaban en un importante hotel céntrico.
Fue después de la proyección de Motivos para no enamorarse que entrevisté a su director, Mariano Mucci. El sitio elegido fue un bar de tapas de la Plaza Jerónimo Cuervo, bajo un sol que achicharraba. Celeste Cid, co-protagonista junto a Jorge Marrale, estaba en la ciudad; esa misma noche iba a dialogar con ella durante una de las tradicionales fiestas que organizaba el festival en la discoteca El Liceo.

Tanto a Mariano Mucci como a Celeste Cid les pregunté sobre las expectativas que había despertado en el público aquella película que explora el vínculo entre dos personas de edades diferentes que intentan blindar sus corazones frente a la frustración amorosa. Algo habría advertido Mucci entre el público presente en el cine Albéniz; algo de todo aquel murmullo auspicioso que se dio a la salida parecía indicar que la película había sido muy bien recibida.
De los pormenores del rodaje saltamos a la buena salud que -por entonces- gozaba el cine nacional, de las subvenciones del INCAA, de la incorporación a la industria de jóvenes y talentosos directores, etc, etc. Estaba conforme con la película que acababa de presentar en Málaga; y así me lo hizo saber. Pero también estaba conforme con otra que, según pude apreciar, tenía la intención de obsequiarme en formato CD “Es El Boquete”, me dijo antes de que nos despidiésemos, extrayendo de entre sus pertenencias una copia de la película. Le agradecí con un apretón de manos, no sin antes asegurarle que la vería ni bien pudiese.
Volví a ingresar al cine; sin saberlo iba a ser María Laura Gargarella, guionista de Motivos para no enamorarse, quien se sentase a mi izquierda durante la proyección de Gallero, de Sergio Martín Mazza, película que narra la historia de un hombre solitario que entrena aves en zonas rurales, y cuyo destino cambia al conocer a una mujer mayor en un pueblo alejado.

Al día siguiente fue el turno de Cordero de Dios, película en la que Lucía Cedrón recrea aquella Argentina de 2001 sumergida en la crisis socio-económica. Arturo (Jorge Marrale), un veterinario de 77 años, es secuestrado, y será su nieta Guillermina (Leonora Balcarce) quien deberá negociar el rescate junto a su madre que regresa de su exilio en Francia, reabriendo heridas y secretos guardados desde la última dictadura militar.
Esa misma noche, a pocas horas de la proyección del film de Cedrón -y durante un agasajo al cine argentino que se celebró en la tradicional bodega El Pimpi del Casco Viejo de la ciudad-, el entonces Gerente General de INCAA, Rómulo Puyol, me presentó a Juan Minujín, quien en Cordero de Dios personifica a Paco. Me atreví a decirle que estaba casi seguro de que la película se llevaría el premio mayor. Y así fue. Aquel año Cordero de Dios se alzó con la Biznaga de Plata a la Mejor Película.

A partir de aquella edición, el cine argentino comenzó a tener una fuerte presencia en esta sección del festival. El peso de las co-producciones y el crecimiento del cine latinoamericano, hizo que la organización incluyera títulos de la región directamente en su Competencia Oficial.
El premio mayor que otorga “Territorio Latinoamericano”, la Biznaga de Plata, volvió a caer en manos argentinas recién en 2016 por Mi amiga del parque, dirigida por Ana Katz.
*Walter C. Medina es periodista y crítico cinematográfico; ha trabajado en diversos medios gráficos y radiales argentinos y españoles (Rock & Pop Beach, Inrockuptibles, La Capital, Cinépata, Nueva Tribuna, YMálaga, NovoComunicación, PuntoPress, entre otros), ha cubierto festivales internacionales de cine (Málaga, Huelva, San Sebastián, Valladolid, Mar del Plata, Bafici) y ha dictado clases en los Institutos Superiores de Periodismo TEA y ETER de Mar del Plata.
