Por Diego Martínez Pisacco

Tras la apariencia de un thriller político, el nuevo filme del brasileño Fernando Meirelles esconde un poderoso romanticismo y una gran historia de amor. Ralph Fiennes y Rachel Weisz, fantásticos.

Todos sabemos, aunque mas no sea de manera inconsciente, que la clave para que una historia nos involucre emocionalmente depende exclusivamente del grado de identificación o empatía que generan los personajes que la animan. Si los actores no logran darle vida o credibilidad a los roles que le tocaron en suerte ?como sucede muy a menudo por falencias propias o compartidas con el autor y/o director- es muy probable que la primera sensación que acose al espectador sea de indiferencia. El sarcasmo quizás sea la segunda.


Es por eso que me complace recomendar una película como El jardinero fiel, además de una trama de actualidad donde confluyen los más desgarradores problemas de la humanidad (las enfermedades, la pobreza, el hambre) con los tejes y manejes políticos de organizaciones vinculadas a la farmacología, existe una profunda comprensión de la psicología de los personajes y un insoslayable compromiso actoral por parte de Ralph Fiennes (inolvidable e insustituible como el suave, muy caballero diplomático inglés Justin Quayle) y la cada vez más sorprendente Rachel Weisz (que además de belleza -este año es la imagen publicitaria de Revlon-, luce todo su talento para darle el tono justo a su apasionada activista de izquierda Tessa).

Fernando Meirelles, el consagrado realizador brasileño de Ciudad de Dios, los dirige con pulso maestro logrando que el relato parezca un thriller corporativo clásico en la superficie cuando en realidad lo que esconde es la maravillosa declaración de amor de un hombre por una mujer (y viceversa) contada con tanta delicadeza e intimidad como para estrujar el corazón del cristiano más duro (que, para ser sincero, vendría a ser yo). El equilibrio del que hace gala Meirelles para que este material no se le vaya de las manos habla a las claras de la sapiencia de un artista en plena madurez creativa.

La séptima adaptación al cine de una novela del escritor y ex miembro del Servicio Secreto Británico John le Carré -entre ellasEl espía que vino del frío, La chica del tambor, La casa Rusia y El sastre de Panamá- es seguramente la más redonda de todas. A pesar de que el guión no es perfecto -siempre quedan algunos hilos sueltos en este tipo de género- y de cierto maniqueísmo indudable que separa con demasiado entusiasmo a santos de pecadores, cinematográficamente no hay nada para reprochar pues cada rubro está potenciado al máximo con especial destaque para la saturada, bellísima, fotografía del uruguayo César Charlone.

El uso de la cámara en mano en varios pasajes le da una inmediatez casi documental a la imagen amén de una sensibilidad prodigiosa, casi palpable, en los momentos íntimos que comparte la pareja protagónica (el primer encuentro en casa de ella o la escena de la bañera son paradigmáticas en tal sentido).

Justin Quayle trabaja en Nairobi (Kenia) como integrante de la Alta Comisión Británica. Es un hombre muy reservado, educado y cortés hasta la exageración, muy poco ambicioso como político (su trabajo parece más un legado de familia que una auténtica pasión). Lo único que conmueve a este singular hombre es su esposa Tessa, quien demuestra un carácter en las antípodas al de su esposo, y su afición por la jardinería.

Cuando Tessa y su amigo personal Arnold (Hubert Koundé) parten hacia el norte del país africano Justin jamás podría imaginarse que esa sería la última vez que vería viva a su esposa. El film va y viene en el tiempo, mostrando dos líneas de acción paralelas en las cuales Justin decide investigar quiénes y porqué mataron a su mujer y extensos flashbacks que narran con intensidad dramática la lucha de Tessa por revelarle al mundo, con más determinación que sensatez, cómo una empresa farmacológica multinacional se une a los intereses espurios de siniestros individuos que, con los contactos políticos indispensables, llevan a cabo una campaña de vacunación en inocentes e ignorantes lugareños con una droga en etapa experimental que no hace más que llevarlos a la muerte.

Es verdad que El jardinero fiel no peca de novedosa ni en estructura ni en temática pero también es verdad que lo hace con alto nivel técnico y con la suficiente verosimilitud argumental para que esos detalles negativos queden en segundo plano. El romanticismo desesperado por el amor perdido del que hace gala un Justin culposo es el poderoso motor de una película sin desperdicio y que, más allá de la presencia de Ralph Fiennes, tanto recuerda a otra epopeya sentimental: El paciente inglés.

El jardinero fiel: Mucho más que un thriller político 1Título: El jardinero fiel
Título original: The constant gardener
Dirección: Fernando Meirelles
Intérpretes: Ralph Fiennes, Rachel Weisz, Danny Huston, Bill Nighy, Pete Postlewhaite, Gerard McSorley
Calificación: No disponible
Género: Basado en novela, Drama, Romance, Thriller
Duración: 129 minutos
Origen: Alemania, Inglaterra
Año de realización: 2005
Distribuidora: UIP
Fecha de estreno: 10/11/2005

Puntaje 8 (ocho)

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